Foto: Francisco José Sánchez Montalbán

Teresa Gómez es poeta, Licenciada en Filología Hispánica y Psicopedagogía. La espalda de la violinista es un poemario publicado en marzo de 2018 en la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara y en la misma editorial publica en 2022 Plaza de abastos. Ambos libros, cada uno en el año de su publicación, resultaron finalistas del Premio de la Crítica de Andalucía. En este mes de marzo, la editorial Bartlevy ha publicado Los tulipanes son demasiado rojos.

 

 

Javier Gilabert: ¿Por qué Los tulipanes son demasiado rojos y por qué ahora? Al leer el título, es inevitable acordarse de aquel desgarrador poema de Sylvia Plath en el que los tulipanes la lastimaban con su intensidad. ¿Existe en tu libro un eco o un diálogo consciente con ese universo, o el título germina de una raíz distinta?

Teresa Gómez: Claro, por supuesto, el título es un verso del impresionante poema que mencionas, “Tulipanes”. El desasosiego que le produjo a Sylvia Plath el color intenso de los tulipanes en un momento en que ella anhelaba armonía y equilibrio me llevó a reflexionar sobre la angustia a la que nos conduce la hiperestimulación de la sociedad actual: redes, pantallas, éxito, productividad. A pesar de la belleza o el cariño con el que los estímulos nos sean ofrecidos pueden llegar a saturarnos cuando son excesivos y atentan contra toda posibilidad de sosiego.

 

Me asombra y me emociona la capacidad que tiene el lenguaje poético para derrumbar los límites de la razón

En el poema «Ha llegado a su destino» contrapones la frialdad aséptica del GPS con la memoria física, la de unas «manos que despliegan un mapa gigantesco». ¿Es la poesía tu mapa particular para orientarte a través de un pasado y una ciudad que, como confiesas en los versos, a veces ya no reconoces?

La poesía, sin duda, me ha servido de brújula muchas veces. No solo la poesía que escribo, sino, sobre todo, la poesía que leo. Me asombra y me emociona la capacidad que tiene el lenguaje poético para derrumbar los límites de la razón y la posibilidad que nos ofrece de crear realidades nuevas o al menos nombrarlas de otra forma que nos permitan poblar los territorios de la emoción y la empatía.

 

Quería explorar la impotencia que genera un sistema que encuentra siempre la manera de apropiarse cualquier batalla en beneficio propio

En el poema “Homeostasis», utilizas un término biológico que define el equilibrio interno. Hablas de sombras que «nutren el miedo» como una savia perfectamente programada. ¿Qué papel juega esta mirada analítica a la hora de diseccionar el desamparo y buscar «palabras transparentes»? 

Quería explorar la impotencia que genera un sistema que encuentra siempre la manera de apropiarse cualquier batalla en beneficio propio. Un mercado que asume cualquier consigna para hacerla suya, desvirtuarla y comercializarla. Montañas de información capaces de sepultar la realidad bajo una montaña de palabras opacas, privadas de su sentido en las que ya es imposible creer «hasta que tus oídos se entregan al zumbido del enjambre». Nos dicen que los muertos en Gaza superan los 70.000. No, la palabra no es “muertos”, es “asesinados” y las palabras son importantes, “palabras transparentes”.

 

He tratado de transmitir las contradicciones que me genera el pulso irresoluble entre la pasión y el sosiego

En claro contraste con esa intimidad herida, en «Travesía» partes de una cita de Elena Martín Vivaldi para abordar el drama migratorio marítimo y la «indiferencia que los poderosos lanzan desde sus torreones». ¿Cómo logras equilibrar en el poemario la voz introspectiva con la denuncia social más descarnada?

He tratado de transmitir las contradicciones que me genera el pulso irresoluble entre la pasión y el sosiego. La tensión entre la responsabilidad con mi mundo, la necesidad de comprometerme en la defensa de mis valores y el anhelo de silencio, de aislamiento, de serenidad, de paz. Diría que este es un pulso que libra permanentemente el ser humano, no es más que la dialéctica de la existencia. Aquí podríamos volver al poema de Sylvia Plath «mira que blanco está todo, qué quieto…» el equilibrio, el silencio, frente a la estridencia del mundo exterior: «los tulipanes son, ante todo, demasiado rojos, me hieren».

 

Teniendo en cuenta esa variedad de registros, desde lo íntimo a lo colectivo, ¿qué pistas o claves te gustaría dar a los posibles lectores sobre lo que van a encontrar? ¿Qué papel desempeña la estructura o la disposición de los poemas en este volumen editado por Bartleby?

Me gustaría contestarte con palabras que Alejandro Pedregosa usó en su introducción el día de la presentación en Granada junto a Juan Pinilla (aun a riesgo de parecer falta de modestia porque es muy halagador): «El poemario transita por todas las dimensiones del ser humano: la íntima, la colectiva, la artística, la sufriente, la rebelde… es un libro en continuo ascenso, y ese ascenso parte de una base solidísima –equipaje contra el frío–, donde la lengua emerge como espacio de construcción del yo, pero también y sobre todo del nosotras. Es la lengua creada y re-creada junto a Lorca, Ángeles Mora, las mujeres expulsadas del Canon, los desheredados del Padre Manjón… la pequeña (gran) revolución de este libro se inicia en el idioma, en las palabras.»

En cuanto a Bartlevy, aprovecho este momento para hablar de lo feliz que me siento por ser acogida en esta editorial que cuida los detalles con tanta delicadeza. Todo el proceso de construcción del libro ha sido un placer. Acordar cada uno de los aspectos con Pepo Paz ha sido una experiencia de creatividad enriquecedora que ha culminado en amistad.

 

Un poema conmueve cuando consigue interpelarnos de alguna manera

Volviendo a la intensidad que sugiere el título, ¿qué efecto íntimo o emocional esperas que este poemario provoque en quienes se adentren en él?

Dado que considero que un poema conmueve cuando consigue interpelarnos de alguna manera, me gustaría que mis lectores se sintieran interpelados.

Me conformaría con tambalear mínimamente algunas certezas, incluso propias, y azuzar la necesidad del pensamiento que, como dijo Hannah Arendt, ya es, en sí mismo, una forma eficaz de resistencia. En concreto en la segunda y tercera parte donde desarrollo una mirada crítica a la sociedad que hemos conformado entre todos. Una sociedad hiperconsumista, dominada por la prisa y el ruido, donde vemos con impotencia cómo pequeños grupos de poder son capaces de poner al servicio de sus ambiciones a grandes masas que a cambio solo obtendrán sufrimiento y explotación; el destino del planeta en manos de unos gobernantes descerebrados que nos conducen al abismo…

Pero tengo que decirte, Javier, que, a pesar de lo que pueda parecer, mantengo firmemente la esperanza en la capacidad del ser humano para rechazar la violencia y rebelarse contra la insensatez. Me gustaría utilizar el poder de la poesía para sacudir, para hacer estallar la indiferencia, sobre todo para persuadir de que no podemos ceder al pesimismo y la desesperanza pues pienso con Margaret Atwood que «El arte tiene la capacidad de cambiar a las personas, y las personas tienen la capacidad de cambiar el mundo.» 

 

Te pongo en el clásico aprieto de “Primera Impresión”: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de Los tulipanes son demasiado rojos, ¿cuáles serían y por qué?

Quizá me quedaría con “Equipaje contra el frío” porque es un reconocimiento del poder que tiene la infancia y lo que vivimos en ella para la posterior construcción de la personalidad y cómo volver a ella y a todo lo que representa, puede ser un refugio muy confortable cuando las cosas se ponen mal.

“El ruido de lo efímero” porque es una toma de conciencia del tiempo que ha dedicado el ser humano, ofuscado por conseguir aquello que creía que le haría feliz, perdiendo en el camino lo verdaderamente importante. Me gusta también porque me ha permitido rendir homenaje en su último verso a un poema tan conmovedor como es “los justos” de Borges.

Y, finalmente, “Detonación IV”; pertenece a un grupo de seis poemas muy duros inspirados por el terror y la incertidumbre en que nos han sumido la invasión de Ucrania o el genocidio de Gaza, como punta del iceberg de otros más de 110 conflictos armados activos en el planeta. Pero en “Detonación IV” ya al borde de la desolación, me propuse mirar no sólo a esos hombres y mujeres que estaban sembrando el terror sino también a tantos, muchos más, que estaban sembrando la esperanza.

 

He encontrado lectores y lectoras que me han contado que mis poemas les hablan de su propia vida

Venimos de La espalda de la violinista (2018) y Plaza de abastos (2022), ambos finalistas del Premio de la Crítica de Andalucía en sus respectivos años. ¿Ha cambiado tu forma de enfrentarte al folio en blanco o de pulir el verso tras el respaldo unánime a estas dos obras anteriores?

Bueno, no sé si yo reconozco un respaldo tan unánime como el que tú, generosamente, me concedes. Pero lo que es verdad y es suficiente para mí, es que he encontrado lectores y lectoras que me han contado que mis poemas les hablan de su propia vida, o que han sentido que mi dolor o mi esperanza son los mismos que ellos sienten. A eso me refería cuando hablaba antes de sentirse interpelado, es el placer de encontrar que no estás solo como ser humano, que tus miedos, tus esperanzas y tus miserias son compartidas. Ese es el anhelo con el que siempre me he enfrentado al folio en blanco, que por cierto es el mismo anhelo con el que, como lectora, abro cada libro de poesía.

 

Soy todo lo que he vivido

Hablar contigo es acercarse a la historia reciente de la poesía granadina y a la génesis de “La otra sentimentalidad». Viendo la crudeza y el simbolismo de estos tulipanes, ¿en qué medida veremos en el libro —o no— a la Teresa Gómez de aquellos años fundacionales?

En mi caso, creo que el hecho de aparecer como un miembro de “La otra sentimentalidad” junto a poetas tan impresionantes como Javier Egea, Luís García Montero, Álvaro Salvador o Ángeles Mora, me ha dado una visibilidad que quizá no habría tenido de otra manera, dada sobre todo mi escasa producción poética. O al contrario, quién sabe.

Sin duda soy todo lo que he vivido, las personas a las que he querido y a las que no he querido, los lugares donde he vivido y a los que he viajado, los libros que me han emocionado e incluso, los que me han aburrido… en este sentido Los tulipanes son demasiado rojos, probablemente no existiría o no lo haría de esta manera si no hubiera existido antes Plaza de abastos o La espalda de la violinista.

 

He sentido la necesidad de reflexionar sobre esta sociedad sin ternura que invita al odio

¿Supone este poemario un punto de inflexión en tu dilatada producción como poeta?

Yo diría que cada poemario supone un punto de inflexión en la poética de cada poeta. Quizá en este libro, como nunca antes, he sentido la necesidad de reflexionar sobre esta sociedad sin ternura que invita al odio, y me pregunto por qué la gente inteligente y solidaria que es mucha, la mayoría, no reacciona para impedir la catástrofe. El reto es reflejar esta mirada al horror sin renunciar a la belleza —consciente de que belleza también es un término relativo—, porque entiendo que de otra manera no sería poesía, podría ser un artículo periodístico, un ensayo, un diario… pero no sería poesía.

 

Alterno periodos de mucha actividad social con otros en los que necesito aislarme

¿Y a partir de ahora, qué? El poema dice que huyes de Babel «anhelando sosiego», pero ¿en qué proyectos poéticos o literarios andas inmersa actualmente?

En realidad, mi vida es un poco así. Alterno periodos de mucha actividad social con otros en los que necesito aislarme, alejarme del ruido y refugiarme en el silencio, cuanto más cerca del mar, mejor. Son periodos en los que podría decir con Francisca Aguirre «…Un mar, creedme, necesito un mar».

En cuanto a mi próximo proyecto, por ahora solo puedo decirte que tendrá mucho que ver con la música.

 

Por último, como lectora, ¿de quién te gustaría conocer su “Primera impresión”?

Hay muchas y muchos creadores a los que valdría la pena conocer. Sin embargo, hay un hombre polifacético que cambia del registro académico e investigador al de creador sin pestañear; que transita por los territorios del cante con la misma naturalidad que por los de la filosofía: Cantaor, periodista, actor, escritor e hijo predilecto de Granada… Juan Pinilla, tan querido como respetado. Lo admiro tanto por su versatilidad como por su personalidad solidaria, generosa y comprometida y estoy segura de que será un placer leer lo que dará de sí vuestra conversación.

 

***

Tres poemas de Los tulipanes son demasiado rojos

 

 

EQUIPAJE CONTRA EL FRÍO

                                                       A mis padres.

                                                      Recordando mi infancia en la Toscana.

 

A veces, indiscreta, me visita Tristeza.

Se adentra, sin permiso, en los espacios

donde habita la ausencia

socavando la herida.

Huyo entonces, de vuelta,

hacia aquel patio enorme de mi infancia,

a la sombra segura de la morera negra

que protege la acequia.

Allí mi madre llena los cántaros de agua.

 

Si viene de improviso Soledad,

la oscuridad despunta

y amenaza la culpa

con arrasarlo todo,

alumbran las luciérnagas

con sus frágiles luces

mis recuerdos

y la esperanza enciende mi horizonte.

 

Si me visita Miedo

erizando mi piel y mi destino,

asalto las paratas buscando palo dulce

en los huertos de atrás, bajo los lilos,

o trenzo las espigas que maduran

y brotan en mi pelo.

 

 

EL RUIDO DE LO EFÍMERO

                                                  Todo mi ser enmudece y está a la escucha

                                                   FRIEDRICH HÖLDERLIN

 

Con más empeño que el avaro de Molière

voy a atesorar la riqueza y la posesión de mi tiempo y mi silencio.

 

Porque nadie calculó el vértigo que se apoderaría de nosotros

tras vender el tiempo.

Nadie tasó la penuria que acarrearía

ponernos en el cuello rubíes y diamantes

para que pudieran reconocernos

como hijos predilectos del consumo intrascendente.

Nadie computó la amargura con que viviríamos, fugitivos,

la vida de otros.

 

Partiré un tomate con sal y aceite, pues,

buscaré moras en la zarza para el postre,

y si quieres, caminaré a tu lado un instante.

Pero no llevaré Dom Pérignon Rosé

si cada sorbo me ha de costar un solo minuto.

 

Tiempo es todo lo que llevaré,

tiempo de lluvia, de tormentas, de luz, de primavera,

tiempo para escapar de la pesadumbre,

para cortar las flores del romero,

para oler la hierba, o el café recién molido

y escuchar a las golondrinas

que reclaman tiranas el alimento desde sus nidos,

o a Eva Cassidy rasgando los acordes de Autumn leaves.

 

A cambio de la tierra mojada que deja la tormenta,

renunciaré al nombre de Calvin Klein y de Chanel,

cuyo aroma me ha costado un tiempo tan precioso

de mirar el mar escudriñando el horizonte

a la espera del regalo de una pirueta que los defines me ofrecerían

en su ruta hacia el Norte,

un tiempo indispensable para mirar las nubes disipándose sigilosamente,

ver las hojas danzar sobre el estanque

cuando el viento las arranca de su rama,

o asombrarme ante la irritante laboriosidad infatigable de las hormigas.

Tiempo para mirar a mi alrededor con estupor.

Tiempo para unirme a los justos que han de salvar al mundo.

 

 

DETONACIÓN

IV

 

Allí, tras la fortaleza,

donde los verdugos se abrazan ensangrentados,

donde la perversión colorea sus mejillas y sus decisiones

con la misma determinación

con la que una avalancha de nieve desciende la montaña

o un león hambriento atrapa una gacela,

hay también un hombre implorando justicia.

Es el hombre que quemó los estandartes que nos separan,

el que duerme a sus hijos con historias en su lengua materna

y no reza a los dioses violentos.

 

Allí, tras la fortaleza,

donde los explotadores celebran sus aquelarres,

donde la codicia y el oro adornan sus cuerpos

con la misma luz

con la que una explosión ilumina la noche de terror

o un volcán derrama su lava hasta los sembrados,

hay también una mujer implorando justicia.

Es la mujer que cuida a los pájaros,

se abraza a los árboles

y se niega a parir enemigos para la guerra.