Entrevista a Sofía Balbuena
Sofía Balbuena aparece entre los senderos de los Jardines de la Papelera como si ella misma hubiese salido de una de sus páginas recién escritas. En este rincón del parque de Arganzuela, uno de sus escenarios favoritos de Madrid, nos sentamos a conversar sobre Personaje secundario (Páginas de Espuma). Galardonado con el IX Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve, el libro se desmarca de los arcos heroicos para retratar, desde el detalle mínimo y una textura incómodamente real, los malestares, el agotamiento y las contradicciones de nuestro tiempo.

Foto de Isabel Wagemann
1. En varios cuentos las voces narrativas parecen observarse desde fuera, como si hubieran aprendido a mirarse con una conciencia ajena, casi disciplinaria. ¿Cómo trabajas el punto de vista de los personajes?
Creo que hay algo medio que instintivo en el asunto y realmente mentiría si dijera que trabajo el punto de vista de los personajes. Hay ciertas restricciones técnicas que me pongo a mí misma, y a partir de esos límites, concretos, rígidos y precisos, es que puedo pensar y armar.
En este libro en particular pensaba más bien en las posibilidades y los límites de la tercera persona, a ver qué podía yo como escritora hacer desde ahí. Creo que es cierto que hay algo o mucho de hipervigilancia en mis personajes, pero creo que eso es un sentido de época, algo que como generación compartimos.
2. Cada palabra significa en el cuento y se mantiene la voz y el acento argentino para no neutralizar la lengua. ¿Te interesa trabajar sobre la descolonización del lenguaje?
Intento escribir usando la menor cantidad de palabras posibles. En el sentido de que he sido educada, como escritora, para no ocupar lugar de más y creo que, en general, es una buena norma. No todos los personajes hablan en argentino, ni siquiera la conciencia que organiza el texto sostiene el argentino en todos los cuentos. De hecho, intenté generar variaciones a lo largo de los relatos respecto de las formas del habla y los usos de nuestras lenguas.
Yo no sé muy bien qué significa descolonizar el lenguaje y no me llevo bien con esas categorías que no son mías, que yo no uso. Más bien te diría que yo creo que la lengua es mi herramienta y mi herramienta es el resultado de una cadena más larga que mi vida en Argentina. Soy migrante, tengo y tuve amigos y amores por todos los sitios; mi lengua es el resultado de esas interacciones, de esas formas de afecto en el tiempo. No escribo según un diccionario, un libro, ni siquiera según una referencia geográfica –sea Argentina o España–, sino que más bien escribo con la lengua como resultado del movimiento.
3. ¿Cuestionas la idea moderna de identidad a través de la estructura del cuento?
No sé. Tampoco sé muy bien qué significa la identidad en nuestro tiempo o la identidad a secas. No estaba pensando en esos términos mientras escribía tampoco. Creo más bien que lo que sí intentaba era asir algo de nuestro tiempo, una experiencia compartida, una forma de estar en el mundo en la que pensé que podíamos reconocernos. Lo intenté a través de cosas chiquitas, de mirar en el detalle más que en lo macro. De ahí mi resistencia a algunos conceptos. No sé si lo logré, pero eso sí era parte de la búsqueda.
4. Tus personajes no aparecen idealizados ni convertidos en símbolos de resistencia “correcta”. Incluso a veces resultan contradictorios o incómodos. ¿Era importante para ti escapar de una representación moralizante y apostar por una mayor complejidad estética?
Es importante para mí escapar del gesto triunfal, del viaje del héroe. En general del arco narrativo de la hazaña. El ejercicio era justamente intentar otras formas de contar, recortes en el tiempo, escenas puntillosas, pero escapar del efecto, del drama y, también, del tema, la lección o el aprendizaje.

5. Hay una sensación muy fuerte de desgaste emocional ligado a la productividad, al deseo de encajar o de ser legible para otros. ¿Te interesaba relacionar ese agotamiento con formas contemporáneas más afectivas y simbólicas?
Me interesaba pensar qué significa hoy ser mujer y estar en el mundo desde varias historias, múltiples ópticas. Y me interesaba sobre todo captar cierta textura de lo real y tratar de impregnarla en cada cuento. Creo que el agotamiento, la pareja, el amor o su falta son temas comunes a casi todas las formas de ser y pues se imponían como partes de los relatos como se imponen en la vida.
6. ¿Cómo has trabajado la estructura del libro?
Pensando. Caminando todos los días al menos una hora pensando obsesivamente en cuál era la mejor forma de armar este libro, con qué variaciones de trama, en qué orden. Intenté ir subiendo el volumen a la tensión y al humor, por partes iguales.
7. La literatura sirve para descolonizar no solo cómo hablamos, sino también cómo sentimos y cómo nos relacionamos, ¿cuál es el lugar simbólico desde el que has decidido escribir?
Creo que el lugar desde el que escribo tiene poco de simbólico. Escribo porque puedo. Puedo porque tengo resueltas las condiciones materiales que me permiten escribir. Si algo, escribo sobre todo desde la posibilidad material concreta de escribir.
8. A menudo a las escritoras se nos exige justificar nuestra literatura, mientras que otros autores parecen acceder directamente a la categoría de “lo universal”. ¿Sientes que todavía existe ese doble esfuerzo de tener que demostrar primero legitimidad y después calidad literaria?
Por supuesto que entiendo que vivimos en un mundo machista y patriarcal y que a menudo a las escritoras se nos pone en la posición de tener que hablar de, por ejemplo, nuestras vidas o nuestras opiniones generales sobre cuestiones macro en lugar de hacernos preguntas respecto de nuestro trabajo de forma más concreta. Tampoco tengo tan en claro que a los escritores varones no les pase eso.
Si te puedo decir que mi pequeña revolución cuando me encuentro en estos bretes es intentar no responder a la consigna como se me plantea, sino que darle una vuelta. Decir lo que yo quiero decir y no lo que la pregunta me quiere hacer contestar. Mi esfuerzo siempre está en los libros, todos los esfuerzos.
9. Tus cuentos están recorridos por malestares muy contemporáneos, pero también por preguntas mucho más amplias sobre el deseo, la soledad, el miedo o la imposibilidad de comprendernos del todo. ¿Para ti escribir tiene que ver también con esa necesidad humana, más allá de cualquier etiqueta, de desentrañar el asombro de estar vivos y habitar el mundo?
Para mí escribir es estar sola, entretenida con las cosas que a mí me resultan importantes. En el hábito de escribir es donde aparecen las obsesiones y creo que si no escribiera me conocería menos.
10. ¿Tienes algún referente literario, autor, autora, o incluso una obra literaria o un párrafo que te inspirara para continuar el camino de la escritura?
Tengo muchas, pero Chris Kraus es de mis favoritas.
Y así terminamos la entrevista, con dos estupendas escritoras en mente, Sofía Balbuena y Chris Kraus.
Sofía Balbuena nació en Salto, Argentina, en 1984. Es escritora y trabaja como profesora de escritura creativa. Es autora de los libros de ensayo Doce pasos hacia mí, Borracha menor y Gente sin paz (con Sabina Urraca y Daniel Saldaña París) y la novela Sutura. Es licenciada en Ciencia Política (UBA), Máster en Creación Literaria (UPF), Máster en Literatura Comparada (UAB) y MFA en Escritura Creativa de la Universidad de Iowa, para lo cual recibió la Iowa Arts Fellowship. Vive en Madrid.

