
Ricardo Álamo.- Desde hace ya algún tiempo, Javier Salvago se ha consolidado como un auténtico escritor todoterreno. A su amplia y sólida trayectoria como poeta —en la que ha alcanzado notables cotas de calidad— se suman su labor como aforista, cuentista, memorialista, guionista, articulista y novelista. En casi todos estos géneros, su producción no ha dejado de crecer en los últimos años, con resultados francamente óptimos.
Todos los males juntos es su tercera novela, si descontamos otras dos publicadas con seudónimo y prácticamente desconocidas tanto dentro como fuera del ámbito literario. En esta obra, Salvago narra las inverosímiles peripecias de Tomás Cenizo, un hombre que hace honor a su apellido: no es gafe, pero sí alguien que parece atraer hacia sí todo tipo de desgracias.
Una de ellas es su propia muerte, a los cincuenta y tantos años. Es sepultado en un humilde panteón familiar, pero en un plis plas su alma viaja al más allá, donde se encuentra con otras almas, entre ellas la de su madre, que al verlo y reconocerlo le advierte de inmediato que debe regresar a su cuerpo, pues en realidad no está muerto. Y, en efecto, así ocurre: vuelve a la vida y descubre que lo que ha sufrido es una catalepsia.
A partir de ese momento, su existencia se convierte en una sucesión de episodios tan inesperados como desconcertantes, de un tono exuberantemente tragicómico, que transforman su vida en un auténtico sinvivir. Además, su regreso del más allá trae consigo el alma errante de un espíritu vengativo llamado Armando Guerra, conocido como El Frutero, apodo que alude a su particular afición por los placeres carnales de pago.
El Frutero arrastra una biografía turbia: fue alcalde de su pueblo en vida y ahora, en su tránsito de retorno a la tierra, desea saldar las cuentas pendientes con quienes lo traicionaron, denunciaron, encarcelaron y finalmente lo llevaron a la muerte. Para ello, no duda en servirse del cuerpo y la voluntad de Tomás Cenizo, que aunque al principio se resiste, termina sometido a su influjo, incapaz de oponerse al dominio de quien lo manipula a su antojo.
Salvago dibuja así un escenario en el que apenas nada escapa a una mirada profundamente desengañada de la condición humana, donde la maldad, la depravación, la vileza, el abuso, el egoísmo, la ruindad moral y todo tipo de tropelías campan a sus anchas en múltiples situaciones. En palabras —tan avaras como descarnadas— del propio Frutero, que acaban contaminando la voz de Tomás Cenizo: «Todos queremos ser más que los demás…».
Con aire de folletín contemporáneo, esta novela corta incide en una visión cruda, áspera y sin concesiones de la realidad, alejada de cualquier buenismo o humanitarismo ingenuo que pretenda redimir por completo la condición humana de sus peores defectos: el crimen, la barbarie, el cinismo, la mentira o la infamia, entre otros.
Con una prosa fluida, sin alharacas retóricas, diálogos breves y directos, y un ritmo narrativo ágil, Salvago consigue que el lector avance con avidez por sus páginas, impaciente por descubrir el desenlace de esta sátira de humor negro y ácida ironía sobre la sociedad contemporánea, en la que —como recordó Susan Sontag— quien tiene el poder decide qué es visible.
Javier Salvago, Todos los males juntos. Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2026.


