Por Alberto García-Teresa.

Una labor de zurcido con las palabras es lo que lleva a cabo Iria Fariñas (Madrid, 1996) sobre las páginas de este original poemario. La disposición del texto en cada una de las hojas en muchos de sus poemas, espaciándolas, en columnas, nos remite a ese camino bordado que interfiere en una tela. A ese concepto también nos lleva la intención hiriente de una práctica poética que pretende dejar agujeros de sentido para que los completen el lector y la lectora. A su vez, existe un hilo unificador que ata los textos: la búsqueda y la constatación de la fragilidad del mundo.

Así, asumiendo la poesía como un proceso de revelación, Fariñas conforma sus poemas mediante una base expresionista, por la que las alusiones al cuerpo son constantes. Pero se trata de un cuerpo en tensión, tal y como pretende que quien lee esté. Los versos surgen desde una voz violentada, que tantea el nombrar su identidad. Destaca, entonces, la gran plasticidad y el salto imaginativo que realiza la poeta en las imágenes.

En esencia, Atravesar una gota con una aguja constituye un trabajo de búsqueda, como ya he adelantado, anclado en un «yo» movido por el desconcierto existencial.  Su léxico, recurrentemente, se ubica dentro del campo semántico del agujero y de lo roto. La ocasional dicción fragmentada del libro, igualmente, consolida esa idea. A través de ello, la autora nos traslada su concepción de la realidad como algo abierto, sin clausura, cambiante en tanto que su contenido nunca permanecerá estable. Es por ello que alude constantemente a la transformación, al cambio de estado (tanto del agua como de otros elementos) hasta el punto de que escribe: «incluso atenté contra el arraigo». Exalta, de este modo, «lo que siempre está / a punto de acabar / y no / lo hace». Precisamente, Fariñas trata de recoger esa tensión, ese temblor, entre lo imprevisible, lo esperable y lo que no llega a acontecer; es decir, entre la inminencia y la posibilidad, dado que «somos todas las posibilidades de cualquiera». Atravesar una gota con una aguja, por tanto, plantea una exaltación de la incertidumbre como estímulo, en definitiva, un rechazo a lo estable como estado que aprisiona la vitalidad.

Por último, cabe remarcar que estos textos fueron activados por la propia autora (polifacética en su pulsión creadora) en la premiada performance gota espejo bisagra. Su lectura en papel, entonces, no deja de consistir en un pequeño alféizar desde el cual asomarnos a una propuesta creativa más amplia.

Atravesar una gota con una aguja
Iria Fariñas
102 páginas
Urdimbre, 2025