Redacción.- HUMANISTAS, la revista digital que reúne materiales en torno a la tradición occidental, acaba de publicar una recopilación de argumentos y testimonios en defensa de los estudios clásicos que promete remover conciencias. Se puede visitar en este enlace,

En ella encontramos tanto detalladas exposiciones acerca del valor de los mismos para la vida de cualquier persona, caso de los profesores de secundaria en activo Jesús Cotta y Myriam Perea Espinosa, como reflexiones de alcance más biográfico, en relación a las propias decisiones vitales, caso de María José Martín Velasco, Santiago Campo, Fátima Azahara García Bamzaham o Athenea Yedra Jiménez.

Además, se incluyen valiosas aportaciones tanto de eminentes latinistas, como la de los traductores Luis Frayle Delgado y Felipe Martínez García, o la lúcida alianza de análisis y existencia de Tomás Sánchez Rubio.

El reportaje se completa con una recorrido fotográfico de la impronta clásica en la estatuaria de la ciudad de Sevilla, a cargo de José Luis Trullo.

Recogemos a continuación algunos extractos de esta recopilación, que en palabras de sus responsables «rompe una lanza a favor de la pervivencia en nuestros días del legado de la tradición griega y latina, así como de la utilidad social y personal de su cultivo y difusi

«Siempre he considerado el latín como la base de una formación humanista completa, en primer lugar porque es necesario para acceder a la cultura grecolatina, que es la raíz y base de nuestra cultura occidental. Por otra parte porque la lengua latina por su raíz indoeuropea y su estructura y sintaxis se constituye en formadora de la mente humana que capacita para el pensamiento, sobre todo para el pensamiento filosófico; en una palabra la considero un elemento necesario para una formación auténtica y completa del hombre». (Luis Frayle Delgado)

«Personalmente, considero un error apoyarse en un desprecio del valor pragmático de las cosas para defender los estudios clásicos. Precisamente la sabiduría grecorromana es un tesoro que nunca dejará de dar réditos para la humanidad entera. Ahora mismo, en estos tiempos en que el cientifismo aplicado a las disciplinas humanísticas merece el descrédito y puede decirse que en el historicismo sólo hay miseria, las voces de los clásicos hablando del hombre por el hombre nos pueden devolver el entusiasmo por el estudio de las causas de las cosas centrándolo en la naturaleza del ser humano». (Felipe Martínez García)

«A pesar del creciente utilitarismo o “practicidad” mal entendida de la que nuestras sociedades hacen alarde, no imagino un futuro, ni cercano ni lejano, sin la enseñanza de la cultura clásica. A pesar del paso del tiempo, los clásicos nos siguen diciendo cosas nuevas, causando nuevas sensaciones, nos emocionan, nos hacen reflexionar y nos ofrecen una multiforme vía de conocimiento, de ese conocimiento que al fin y al cabo es el que nos hace hombres y mujeres libres». (Tomás Sánchez Rubio)

«Tengo la impresión de que cuanto más conozcamos los occidentales el mundo grecorromano del que venimos, más se reconciliará con el cristianismo del que lleva casi tres siglos alejándose, porque la civilización grecorromana es en muchos aspectos una prefiguración precristiana que, cuando hizo suyo el cristianismo con entusiasmo, ha dado lugar a la Cristiandad, que es donde han surgido las catedrales y las universidades y el despegue de las ciencias y los Derechos Humanos y la democracia». (Jesús Cotta Lobato)

«El contacto con el Latín y el Griego antiguo no se limita a la adquisición de estructuras lingüísticas distintas, sino que implica un entrenamiento profundo del pensamiento. Traducir, analizar y reconstruir textos antiguos obliga al alumnado a detenerse, a justificar cada decisión interpretativa y a desarrollar una atención rigurosa hacia el lenguaje. En una época marcada por la inmediatez, estas disciplinas introducen una pedagogía de la lentitud, donde pensar bien importa más que responder rápido.
Además, hay algo que suele pasar desapercibido, y es cómo estas lenguas cambian la forma en la que entiendes la tuya propia. No se trata únicamente de aprender sistemas gramaticales complejos, sino de descubrir que las lenguas son construcciones históricas y culturales. Este descubrimiento suele generar un desplazamiento importante: el alumnado empieza a comprender su propia lengua y, por extensión, su propio pensamiento. Esa toma de conciencia es profundamente personal, porque afecta a la manera en que uno se sitúa frente al conocimiento y frente a la palabra» (Myriam Perea Espinosa)