Sergio Manuel Moreno Domínguez (Jerez de la Frontera, 1982) es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla (2007) y Máster en Humanidades y Artes por la UOC (2021), actualmente compagina el arte, la poesía y la docencia, siendo, a su vez, colaborador asiduo en diferentes publicaciones periódicas como el diario La voz del Sur y la revista poética EnVerso, de la cual ha sido director. Como artista plástico, destaca por haber representado a España en las Bienales Europeas de Arte Joven de Sköpje (Macedonia 2009) y Tesalónica (Grecia 2011), ambas en la modalidad de escultura. Ha sido galardonado, entre otros, con el LXIX Premio Internacional de Poesía Alcaraván (Arcos de la Frontera, 2022), el XVIII Premio Internacional de Poesía José María Valverde (Barcelona, 2014), el Premio Cercedillas de Microrrelato (Madrid, 2016) y el Premio Jerez de Relato Breve (Jerez, 2009). Entre sus publicaciones, ocupa un lugar especial el poemario 30 tweets de amor y una publicación desesperada publicado por Editorial Renacimiento (Sevilla, 2017). También la sombra crece (Elenvés Editorias) es su último libro publicado y le ha valido el XXXVIII Premio de Poesía Joaquín Lobato-Ciudad de Vélez-Málaga.
Javier Gilabert: ¿Por qué También la sombra crece y por qué ahora?
Sergio M. Moreno: Caprichos del destino, milagros inesperados. Podríamos estar hablando sobre otro libro que tengo previsto publicar con Renacimiento, pero la vida se ha adelantado poniendo en mi camino un premio literario con una edición increíble.
Ha sido un libro terapéutico
¿Cómo y cuándo surge la idea de este libro?
Llegó con la enfermedad y el dolor, luego se fue destilando con paciencia a través de un lento proceso de recuperación. Se puede decir que, en cierto modo, ha sido un libro terapéutico, capaz de llegar allá donde los fármacos no alcanzaban.
Los premios suponen un reconocimiento al esfuerzo creativo
Además, la obra llega avalada por el premio Joaquín Lobato. ¿Qué supone este reconocimiento para ti en el momento vital y creativo en el que te encuentras?
Se trata de un premio por el que siento un especial cariño; trabajé una temporada como profesor en La Axarquía y conocía de primera mano la obra plástica y poética del creador veleño que le da nombre. Así mismo, confieso que la edición de Elenvés me parece exquisita y es todo un honor compartir colección con poetas admirados como Tomás Hernández Molina o José María Higuera.
Por otro lado, admito que todos los premios suponen un reconocimiento al esfuerzo creativo, así como un aliciente para seguir escribiendo, aunque tampoco me obsesiona ganar, por lo que perder también me sirve para reclamar más de mí mismo y de aquello que hago.
¿Cómo ha sido el proceso de escritura? ¿Ha cambiado tu forma de trabajar o de pulir el verso con respecto a tus proyectos anteriores para lograr esa atmósfera?
Considero que cuando un poeta va ganando cierta madurez su voz acaba por alzarse sobre los procesos y las formas. Sí es verdad que cada poema va reclamando su cuerpo y su música, pero hay un todo común en el poemario que lo obliga a uno a respetar el tono del conjunto. El dolor, la aceptación y la resiliencia son las bases de esta obra y han servido en todo momento como nexo de unión entre todos los poemas que la forman. En cierto modo son ellos, y no yo, quienes mantienen el tono del libro y logran la atmósfera que este transmite.
¿Qué papel desempeña la estructura o la disposición de los poemas en este volumen?
Son poemas que pueden funcionar a la perfección de forma independiente, pero que ganan si se leen siguiendo el recorrido narrativo de la historia. Se trata de una especie de diario de a bordo que describe el viaje que conduce a un enfermo desde las sombras de su dolor a la luz de la esperanza.
¿Fue algo deliberado o más intuitivo a la hora de organizar el libro?
Son poemas que pueden funcionar a la perfección de forma independiente, pero que ganan si se leen siguiendo el recorrido narrativo de la historia. Se trata de una especie de diario de a bordo que describe el viaje que conduce a un enfermo desde las sombras de su dolor a la luz de la esperanza.
Fue el dolor quien me obligo a buscar alternativas
Como licenciado en Bellas Artes y artista plástico, la luz y el claroscuro son tus herramientas de trabajo. El título También la sombra crece es tremendamente visual. ¿Sientes que «pintaste» el concepto del poemario antes de escribirlo o fue el propio verso el que te fue dictando esa oscuridad?
Sí es cierto que la mirada del artista tiene tanto de don como de castigo y que las imágenes aparecen en mi cabeza y reclaman ser mostradas. No
obstante, no creo que el verso dictase la oscuridad ni que “pintase” el poemario, más bien creo que fue el dolor quien me obligo a buscar alternativas, a poner luz sobre lo oscuro que él pintaba sobre el lienzo, a intentar frenar el avance de sus sombras.
Son los propios poemas los que reclaman un tiempo, un espacio y una música
¿En qué medida veremos en este nuevo libro —o no— al Sergio M. Moreno de tus anteriores etapas creativas?
Como te digo, aunque el tiempo va cambiando a su paso el paisaje, cada vez más de mi voz se impone sobre las formas y los procesos. Siempre he creído que son los propios poemas los que reclaman un tiempo, un espacio y una música concretos. No es lo mismo cantar al amor y la alegría que a la muerte y al dolor, pero, para bien o para mal, el cantante sigue siendo el mismo.
Te pongo en un aprieto, un clásico ya de esta sección: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas del libro, ¿cuáles serían y por qué?
No me supone ningún aprieto, me quedaría con los tres que han elegido mis amigos Raúl Pizarro y Francisco Márquez, en cuyo criterio confío religiosamente: “Camino”, “Blanco sobre blanco” y “Encuentro”.
Dependiendo de aquello de lo que huyamos, encontraremos nuestro refugio en la luz o en la sombra
Eres de Jerez de la Frontera, una tierra donde la luz suele ser protagonista absoluta y, a menudo, deslumbrante. Como creador andaluz, ¿qué respuestas o qué refugio encuentras poéticamente en «la sombra» que no te da esa luz tan identitaria de tu geografía?
Dependiendo de aquello de lo que huyamos, encontraremos nuestro refugio en la luz o en la sombra. El sol que nos protege del frío puede quemarnos la piel y la sombra que nos refresca hacer que la humedad nos cale hasta los huesos. Cómo digo en uno de los poemas del libro, ambas se presentan como polos opuestos, pero son una misma cosa «dispuesta a la belleza y al veneno».
En el poema “Blanco sobre blanco” hablas de ese silencio «que nos colma los ojos» frente al gesto mudo y protector de un padre. ¿Es la poesía para ti un intento de alcanzar la elocuencia de lo que no necesita palabras, de arrojar luz sobre las sombras de la memoria familiar?
Decía Ramón Gaya que «el creador no aspira a la palabra, es decir, al arte, a la obra, sino al silencio; claro que a un silencio vivo, a un silencio de vida, no de muerte». La poesía no pretende hablar sin palabras, como sí hace la pintura, se alimenta de palabras, pero sí nos sirve para compartir la elocuencia de esos silencios en los que la vida palpita.
Puede que la melancolía sea una forma de resistencia
En otro poema, «Apología del ruido», celebras la llegada del otoño y la lluvia. En una sociedad obsesionada con la hiperproductividad y el verano eterno, ¿es la melancolía literaria una forma de resistencia contemporánea?
Se trata de un poema que dedico a la memoria de mi amigo Antonio Apresa y surgió en una conversación con José Mateos. Hablamos del lugar que ocupa el silencio en el imaginario poético actual y de lo poco que cantamos al ruido. No al ruido de las ciudades, de los motores de los coches y los bares, sino a ese otro que nos permite evadirnos del silencio sombrío que propicia la tristeza. Puede que la melancolía sea una forma de resistencia, pero es necesario aprender a consumirla con moderación para evitar que el frío de su silencio nos devore.
La poesía nos permite renunciar a ese alter ego que paseamos por el mundo
«Qué mentiroso soy cuando me hablo», asumes en el poema “La ronda de noche”, confesando que a veces lo oscuro está «a este lado del alféizar». ¿Sirve la poesía para desenmascarar esa sombra interior que crece en nosotros, o es precisamente el artificio que nos permite soportarla?
Ambas cosas. Cada uno de nosotros arrastra sus propias sombras, hay quien las deja ver abiertamente, otros las ocultamos detrás de una sonrisa. Por suerte, la poesía nos permite renunciar a ese alter ego que paseamos por el mundo, confesar nuestros pecados, desvelar la verdad… y es precisamente ese ejercicio de confesión el que nos salva.
En tus versos citas explícitamente a Bécquer y Salinas. ¿Cómo conviven esos referentes clásicos con la necesidad de encontrar una voz propia que responda a las contradicciones de este siglo XXI?
No podemos afrontar el futuro con seguridad sin hundir nuestras raíces en el pasado.
Considero imprescindible luchar por hacer cultura
Has estado al frente de proyectos como la revista EnVerso y ahora colaboras activamente con la asociación Pie de Página. Tras el desgaste que a veces supone la gestión cultural más institucional, ¿qué te aporta el activismo poético desde los colectivos ciudadanos y de base?
Considero imprescindible luchar por hacer cultura. He pasado toda mi juventud y gran parte de mi edad adulta quejándome por vivir en ciudades pequeñas en las que la cultura se ningunea y tergiversa, donde no hay oportunidades para los artistas y las voces emergentes. He luchado por levantar proyectos en los que nadie creía o que no han sido valorados todo lo que merecieran. El desgaste es inevitable cuando quienes están por encima tuya no saben reconocen tu esfuerzo y tu entrega o cuando te utilizan como una herramienta más para su propio enriquecimiento económico o su vanagloria personal.
En tu poema «Camino» hablas de un equilibrio entre dos mundos: el asfalto y el campo, el pan y la sangre. ¿Es la labor de asociaciones como Pie de Página ese puente necesario para que la cultura no se quede en su torre de marfil y ponga por fin «una pierna en cada mundo»?
Es un poema que habla sobre la vida y la muerte y prefiero que Pie de Página se quede por muchos años en este mundo nuestro de los vivos. Por otro lado, no creo en la cultura que vive en torres de marfil ni en esa otra del estereotipo y el cliché. En Jerez hemos vivido recientemente la candidatura a la Capitalidad Europea de la Cultura y hemos podido descubrir el talón de Aquiles de los grandes proyectos culturales actuales: creer que el referente es aquel que mueve más dinero, no el que mueve más cultura. Asociaciones como Pie de Página son necesarias no para poner un pie en cada mundo, sino más bien para poner los dos pies en la tierra y centrar el foco allí donde realmente late nuestra cultura.
Pensando en tu doble vertiente creativa (plástica y literaria), ¿te has planteado alguna vez, o tienes en mente, que También la sombra crece trascienda las páginas y se convierta en una exposición, en un diálogo físico entre el lienzo y tus versos?
Con otros libros sí, con este no. Para mí sería una exposición dolorosa, en la que cada cuadro vendría a devolverme toda la suciedad y la sangre que tanto me costó limpiar con versos.
Tu formación docente te mantiene en contacto diario con las nuevas generaciones. En las páginas de este libro podemos ver a los niños ir de la escuela mientras el yo lírico añora el silencio del otoño. ¿Cómo afecta ese contraste entre el «ruido» frenético de las aulas y tu necesidad de retiro creativo a la hora de conformar tu voz poética?
Como profesor sabes bien que sin su ruido nuestro silencio perdería su sentido.
¿Supone esta obra un punto de inflexión en tu trayectoria como autor? ¿Hacia dónde se encamina tu brújula a partir de ahora?
Aunque todas las obras son puntos de inflexión, mi brújula continúa mirando al mismo norte: mi familia, mis perros, mi trabajo, el calor del hogar, la belleza de lo cotidiano… Puede sonar redundante, pero no soy (ni quiero ser) más que un tipo sencillo que habla de forma sencilla sobre cosas sencillas.
Por último, como lector, ¿de quién te gustaría conocer su “Primera impresión”?
De mi querido Raúl Pizarro, que me cuentan que últimamente anda Con el silencio a cuestas.
***
Tres poemas de También la sombra crece
CAMINO
DONDE el pueblo termina
la tierra recupera lo que es suyo.
Como un Moisés moderno
el asfalto divide
en dos el campo;
A un lado girasoles
radiantes como estrellas,
al otro, trigo seco y amapolas
con el color del pan y de la sangre.
Y en medio de los dos, en equilibrio,
nosotros,
con una pierna puesta
en cada mundo.
BLANCO SOBRE BLANCO
JUNTO a la cama,
sin saber que decir,
posa mi padre
su mano en mi cabeza.
Con un gesto le sobra
para hacerme saber
todo aquello que calla.
Bendito sea el silencio
que nos colma los ojos.
Quién supiese escribir
de esa manera.
ENCUENTRO
Para Silvia
HE BUSCADO al amor
en todas partes,
en los breves romances de verano,
en la febril pasión adolescente,
en los versos de Bécquer y Salinas,
en el cine italiano de posguerra.
No esperaba encontrarlo, lo confieso,
en el baño de un cuarto de hospital
limpiándome la sangre de las llagas,
compartiendo el dolor de mis heridas.

