Toy Story 5 se estrena el 19 de junio con una trama que nadie esperaba de una saga sobre juguetes parlantes: la tableta digital como antagonista. Bonnie, la niña que heredó a Woody y sus amigos en la cuarta entrega, recibe una tableta llamada Lilypad que la absorbe por completo. Los juguetes quedan arrumbados. Jessie lidera la rebelión. Pixar ha construido una película familiar cuyo mensaje central es «apaga la pantalla y ve a jugar».
Producida por Pixar, la paradoja es evidente. Tanto que Pete Docter, director creativo de Pixar, la reconoce sin rodeos: una empresa tecnológica hace una película contra las pantallas. Pero esta paradoja tiene un fin y un argumento sólido.
Los últimos informes de protección a la infancia de todo el mundo llevan documentando que el uso desmedido de pantallas duplica el riesgo de sufrir cuadros depresivos severos entre los jóvenes. Pixar, lejos de inventar un problema, ha puesto sobre la mesa uno de los debates que más señales de alarma genera entre pediatras y psicólogos.
La dimensión cultural y social de este fenómeno también ha sido abordada por Qué! en su sección de cultura, donde el estreno de Toy Story 5 ha reavivado el debate sobre el impacto de las pantallas en la infancia.
Pixar contra las pantallas: la ironía que tiene todo el sentido
El mensaje de Toy Story 5, según explica Lindsey Collins, productora de la película, es directo: «apágalo y ve a jugar por tu cuenta» . Jessie, que en entregas anteriores era un personaje de apoyo, ocupa ahora el centro de la trama precisamente porque es quien más sufre la nueva realidad: sus días de juego con Bonnie han terminado desde que llegó la Lilypad.
La decisión de apartar a Woody, protagonista indiscutible de las cuatro entregas anteriores, también tiene una explicación. Y es que el pobre Woody, que lleva 25 años de protagonismo ha dado paso a un cambio en la trama general de la saga: la nueva película ya no habla del juguete que teme ser abandonado, sino que habla del juguete que ya ha sido abandonado.
Cuatro horas al día: el dato que da contexto a la ficción
Mientras Pixar desarrollaba la trama de la Lilypad, los informes de protección a la infancia han ido reflejando la realidad que la película refleja ahora. Los jóvenes consumen cada vez más horas de pantalla. En concreto, en España, la media de los adolescentes es superior a cuatro horas diarias de pantalla.
Unos datos que, según diferentes investigaciones, están asociados con la ansiedad digital, aislamiento y, en los casos más graves, sintomatología depresiva. Cuando el móvil o la tableta son el único recurso de ocio disponible, el dispositivo deja de ser una herramienta y se convierte en el único entorno social del adolescente. Los algoritmos, diseñados para retener la atención de mentes en maduración, hacen el resto.
El impacto de las pantallas en los jóvenes
Los informes de protección a la infancia identifican tres patrones de riesgo que el consumo descontrolado de pantallas genera entre los adolescentes:
- Consumo sin supervisión superior a 4 horas diarias: ansiedad digital y aislamiento progresivo del entorno físico
- Ausencia de ocio alternativo: el dispositivo como único refugio, con riesgo de sintomatología depresiva documentada
- Uso nocturno sin filtros: alteración del ritmo circadiano, insomnio crónico y deterioro del rendimiento escolar
Este tercer punto tiene, además, una consecuencia que cierra un círculo difícil de romper: el fracaso escolar aumenta la exclusión social, la exclusión social intensifica el refugio en las pantallas y las pantallas perpetúan el insomnio que deteriora el rendimiento. Es, por tanto, una dinámica que se retroalimenta.
Por qué Toy Story 5 llega en el momento exacto
Toy Story 4 recaudó más de 1.000 millones de dólares en todo el mundo y ganó el Oscar a mejor película de animación. Las previsiones para Toy Story 5 apuntan a superar los 150 millones de euros en su primer fin de semana mundial. Son cifras que garantizan que el mensaje de la película (apaga la pantalla, ve a jugar) llegará a millones de familias en todo el mundo en el momento en que ese debate está más vivo que nunca.
Puede que Pixar no resuelva el problema. Una película no puede hacer eso. Pero ha puesto nombre a la tableta, le ha dado una cara animada a la Lilypad y ha construido una historia donde los juguetes (el juego libre, la imaginación sin algoritmo) son quienes luchan por recuperar a una niña que ya no los mira.
Que esta historia llegue a los cines en un momento en el que numerosos países debaten cómo gestionar el uso de pantallas entre menores convierte a Toy Story 5 en algo más que una secuela. También la transforma en una reflexión sobre la relación de las nuevas generaciones con la tecnología, el juego y la vida cotidiana.


