Foto: Jaime Gamino

Raúl Pizarro nace en Jerez de la Frontera (Cádiz), en 1973, y allí vive. Cursó estudios de Magisterio y de Pedagogía. Hizo teatro infantil, pasacalles y cuentacuentos. Ahora ejerce de maestro en un Centro de Educación Permanente de Personas Adultas.

Ha publicado los poemarios, Tiempo adverso (Sevilla, Ayuntamiento, 2006 -Premio de Poesía Antonio Machado-) Caída hacia la luz. Notas de un diario (Madrid, Ed.Rialp 2008, Col. Adonais –Premio Florentino Pérez Embid de la Academia Sevillana de Buenas Letras) Lo único que importa (Ed. Siltola-Sevilla 2012) Estar aquí (Jerez, 2016 Ed. Canto y Cuento). En la Editorial Renacimiento apareció ¿Y ahora qué? (Sevilla, 2022). Ha colaborado en diversas antologías y revistas de literatura. Su último libro publicado, la razón de que esté hoy con nosotros, es Con el silencio a cuestas (Renacimiento, 2026).

 

 

Escribo y voy por donde la vida me lleva

Javier Gilabert: Raúl, sé bienvenido a Culturamas. Es una alegría enorme conversar contigo. Regresas a las librerías de la mano de la editorial Renacimiento con Con el silencio a cuestas (2026). Tras tu anterior entrega, ¿Y ahora qué? (2022), ¿qué tipo de refugio o de respuesta viene a ofrecer este nuevo poemario en tu trayectoria?

Raúl Pizarro: No respondo en éste al libro anterior, que preguntaba. No busco nada. Escribo y voy por donde la vida me lleva. Que ya nos va respondiendo ésta a casi todas nuestras dudas sin apenas darnos cuenta. Este poemario está escrito entre dos ruidos familiares, lo comencé al poco del fallecimiento de una tía muy querida y lo concluí meses después del fallecimiento de mi padre. La última visión de ellos fue hallarlos muertos, tirados en el suelo. Eso me llenó de ruidos interiores. Los psicólogos llaman a unas fases que suceden tras una pérdida, el duelo. Escribir este libro me sirvió para comprender el dolor, para seguir sin visitar una consulta.

 

Para aquella persona que decida adentrarse por primera vez en tu obra a través de las páginas de Con el silencio a cuestas, ¿qué advertencias previas o claves de lectura le sugerirías para que comparta contigo el viaje?

No lo sé. A un lector habitual de poesía no es necesario indicarle nada, no me considero nadie para ello. A un no lector de poesía tampoco tengo claro que decirle. La poesía, el arte no requiere ser explicado continuamente. No debemos escribir versos tan crípticos tan alejados de la realidad vivida y hablada que requieran de una justificación posterior o de una explicación previa. Es lo que es y nos pellizca, nos llega, nos emociona, nos abruma, nos entretiene…y todo lo que queramos añadir, o no. ¿Se puede explicar que es el silencio? Claro, desde la propia obra que lo dice, sin añadidos, ni ropajes innecesarios.

 

El dolor es un preciso cirujano que nos deja lleno de cicatrices después de curarnos

En «Cristales rotos», el silencio deja de ser una categoría abstracta para convertirse en algo físico que cae al suelo, estalla y nos deja «las paredes del alma renegridas». A ti que tanto te interesa el concepto de la «encarnadura» —esa necesidad de que la poesía roce lo corpóreo, la piel y la materia viva de lo real—, ¿por qué vías consigues que la ausencia y el dolor dejen una huella tan palpable sobre el papel?

El dolor es un preciso cirujano que nos deja lleno de cicatrices después de curarnos.  Entiendo la «encarnadura», en su acepción de tomar carne una idea. De coger una simple emoción, un pensamiento, una experiencia vital con las palabras y a su vez trascenderlo e imbricarlo en la vida; y que sea ya tanto o más que la vida, de la que tomó lo suyo y que además transmita algo. Eso es para mí la creación poética: intención, emoción y entrega.

 

 

No creo que la poesía nos salve, nos redima ni nos condene

En «Interiores» describes la implacable y cómoda rutina doméstica —los recibos, las listas de la compra, las idas y venidas— y dejas caer una confesión bellísima: «Para evitar más daño, escribo versos». ¿Es la poesía un refugio contra el desgaste cotidiano o, más bien, la vía para mantener a salvo «este amor de cada día»?

La poesía o lo es todo o no es nada para quien la escribe. No creo que la poesía nos salve, nos redima ni nos condene, es refugio pero intemperie a la vez. Es una forma de estar y mirar el mundo, como otra cualquiera, que te hace estar atento a los detalles y conocer. Una forma de caminar por la vida.

 

En «Retórica» mencionas ese «roto en el verso por donde se escapó el silencio» para no volver, recordándonos que al final «todo es retórica tras soltar el pincel para limpiarlo». ¿Hasta qué punto el poema acaba siendo el testimonio de una derrota inevitable?

Este poema condensa la felicidad del proceso de escritura en un momento vital doloroso, de forma minimalista. Y muy pudorosamente, como casi todos los poemas del libro. Es una reflexión  del vivir en el instante del silencio, que no es vacío, es plenitud. Y que no necesita explicarse porque se pierde lo importante y se queda en retórica. Como cuando se explica una pintura o una comida.

 

Mi poesía los momentos más descarnados los toma de ese sentir y vivir el flamenco

Quienes te conocen de cerca saben de tu profunda pasión por el buen cante flamenco. En este arte de tu tierra, el silencio, el tercio cortado y la pausa son tan desgarradores y necesarios como el propio quejío. En un poemario titulado precisamente Con el silencio a cuestas, ¿en qué aspectos dialoga tu escritura con el sentido del compás y de la contención que define al flamenco?

Bueno, yo no me considero aficionado sino que estoy inmerso en una ciudad en la que el flamenco sale a borbotones de las casas, por las plazas y las calles, para lo bueno y para lo malo. Creo que mi poesía los momentos más descarnados los toma de ese sentir y vivir el flamenco, como algo masticable, como una soleá o una seguiriya. Y que lo más contenido quizás beba de la literatura oriental, que me es tan querida.

 

Pregunta obligada de la sección. Si tuvieras que elegir únicamente tres poemas de este libro para presentar tu poética ante un lector desconocido, ¿cuáles escogerías y por qué motivos?

Los tres que estamos comentando, de la parte de Cristales Rotos, aunque se alejan del núcleo del libro que creo que son los poemas que están en la sección titulada Gramática de la reconciliación. Los dos últimos poemas y el que abre el libro son los que escribí más tardíamente.

 

A mí sólo me importan la luz y el cariño

Este es tu segundo libro consecutivo con el sello sevillano Renacimiento. ¿Qué complicidad o sintonía has encontrado en esta editorial para seguir confiándoles tus versos?

Renacimiento es una gran editorial con un catálogo a sus espaldas envidiable y una historia deslumbrante. Los editores Abelardo y Marie Christine son conversadores estupendos, cordiales y entusiastas, con un anecdotario que daría para muchos libros. Les estoy agradecido por su confianza en mí. La relación, como supongo que la de todos los autores con sus editores, es la habitual, con muchas luces y algunas sombras. Pero a mí solo me importan la luz y el cariño.

 

Asumo que doy poemas porque se me dan

Mirando hacia tus primeros pasos, como aquel Tiempo adverso o Caída hacia la luz, ¿de qué forma ha ido madurando tu relación con el poema a lo largo de estas dos décadas?

Con una mayor conciencia del proceso creador y de los resultados. La edad no nos perdona. No creo que haya mucha diferencia en lo esencial entre aquel y este que soy, pero la vida no nos da tregua mientras estamos aquí. Las personas estamos situadas y fechadas, la poesía también. Caída hacia la luz es el libro en el que reconozco lo que hago como lo que soy, con mayor o menor fortuna, pero donde asumo lo que hay en mí: la necesidad de esperar y crear. Un manzano da manzanas, una encina bellotas, yo asumo que doy poemas porque se me dan.

 

Lo mío es contagiar, el entusiasmo por enseñar

Has sido maestro y director en colegios de Infantil y Primaria, y actualmente trabajas en la Educación Permanente de Adultos. ¿En qué medida cambia la recepción de la palabra poética entre niños y adultos?

Los niños tienen perfectamente asumida la representación simbólica del mundo y su vida es el juego, como elemento constituyente y creador. Algo que es propio de la poesía, símbolo, juego y recreación. Los adultos vamos perdiendo esa capacidad, esa alegría, ese asombro. El poeta tiene algo de niño grande y algo de adulto chico. En la clase son lenguajes diferentes para comunicarse, dependiendo de la edad. En el niño todo se está haciendo y los adultos  debemos tener esta consciencia tras perderla, tener esta apertura a lo nuevo, al misterio. Mi trabajo en muchas ocasiones, en educación permanente, es despertar lo que está dormido y antes solo era zarandear y posicionar a los chicos ante lo que es nuevo. De todas formas lo mío es contagiar, el entusiasmo por enseñar.

 

Existe a menudo en el mercado editorial una obsesión por las cifras de ventas, los algoritmos y la sobreexposición pública, dinámicas de las que pareces huir buscando una poesía más íntima y recogida. Sin embargo, en la presentación en Jerez de Con el silencio a cuestas lograste reunir a más de 250 personas. ¿De qué modo convive este rotundo éxito de afecto con tu visión del poema como un acto estrictamente confidencial?

Lo de que fuera tanta gente a una presentación de un libro de poesía en una ciudad de provincias es circunstancial, familias, amigos y alumnos. No es lo normal. Lo publicité mucho. Además intenté una representación teatral y performativa más que una presentación al uso de un libro con presentador y  lectura, en el magnífico teatro de La Gotera y con muy buenos amigos acompañándome (el maestro Agustín García Lazaro, el poeta Manuel Luis y el músico Oscar Clavijo). Además conté con mucho apoyo con la organización de la Librería Luna Nueva y la editorial y el apoyo de los compañeros.

 

Has puesto en marcha, junto con un grupo de amigos y poetas, la Asociación Cultural Pie de Página. ¿Qué vacíos culturales aspira a llenar este colectivo hoy en día y qué actividades tenéis entre manos para agitar la vida literaria de vuestro entorno?

La asociación la montamos  en 2013, en torno a unos talleres de escritura que organizaba José Mateos, un grupo de amigos, entre los que estábamos Pedro Sevilla, Pilar Pardo, Begoña García y otros pocos. Pero no tuvo prácticamente ninguna actividad colectiva. Pepe siempre ha hecho lo suyo, con Canto y Cuento, y mucho más, que es extenso de contar. Hace dos años, por noviembre de 2023, otros amigos que no estaban en la constitución primera (Francisco J. Márquez, Manuel Pacheco, Sergio Moreno) junto con José Mateos, charlando, soñando y tomando una copa decidimos reactivarla, repartirnos el trabajo que supone cumplir los objetivos de una asociación cultural con los fines bastante claros: crear un espacio emocional de referencia para la promoción de la literatura y la cultura, una plataforma social de calidad que impulse lo literario y lo cultural con especial atención a escritores poco reconocidos, emergentes, o noveles. Que la poesía le de aire y abrazos a las personas, vamos. En esas estamos y hasta que el cuerpo y las circunstancias nos dejen. 

 

Vives y creas en Jerez de la Frontera, una tierra con una innegable solera literaria. ¿Qué diagnóstico harías de la escena poética jerezana actual? ¿Existe una verdadera red de complicidades entre las distintas generaciones de creadores de la ciudad?

Jerez es una ciudad como otra cualquiera, bien situada entre Sevilla y Cádiz. No es un centro cultural o literario, como Madrid o Barcelona pero somos muy afortunados y siempre ha habido figuras y actividades destacadas que han marcado un camino. En los 80 fueron Francisco Bejarano con Felipe Benítez Reyes, y otros, las revistas Fin de Siglo, Contemporáneos, la colección la Poesía más Joven, por ejemplo. Siempre hubo y habrá grupos, tendencias, generaciones. Nosotros somos amigos, supongo que nos hizo amigos la poesía y esta nos separará.

 

Para finalizar, y como es tradición en la sección, ¿de qué autor o autora te gustaría conocer su “Primera impresión” en estas mismas páginas?

Otro no sé. A Carmen Fernández Rey le acabamos de publicar en Pie de Página un libro excepcional. El poeta, compañero y amigo Francisco J. Marquez acaba de recoger el Premio Gerardo Diego. Victor del Moral ha publicado un ensayo que me gustaría que me explicará. El libro que más me ha maravillado este año lo ha escrito Inmaculada Moreno. Y ¿tu, Javier, cuando te entrevistarás a ti mismo o nos dejarás que te entrevistamos aquí para sonsacarte [risas]?.

 

 

 

 

***

Tres poemas de Con el silencio a cuestas

 

 

 

CRISTALES ROTOS

 

CUANDO el silencio llega

                                           y cae al suelo

se convierte en palabras que vuelan.

                                                          O en incendio.

 

Cuando el silencio llega

nos deja las paredes del alma renegridas

 

y los cristales rotos.

 

 

 

 

INTERIORES

 

SUCEDEN implacables, día tras día,

los cómodos disgustos, las listas de la compra,

celebraciones, ritos y pesares domésticos.

Los recibos del banco, el dolor compartido,

los «voy», «vengo», «me llevas», «te recojo»,

la fiel monotonía de techos y paredes.

 

Para evitar más daño, escribo versos.

 

Soy capaz

de cualquier cosa

por este amor de cada día.

 

 

 

 

RETÓRICA

 

HAY un roto en el verso

por donde se escapó

 

el silencio.

 

Y ya

no vuelve, no vuelve:

solo quedan palabras.

 

También todo es retórica

tras soltar el pincel

para limpiarlo.