Por Sergio Vargas /
La tarde del viernes se fue apagando sobre la ciudad alta de Las Palmas y la peña hizo lo que mejor sabe hacer en verano: acudir a un concierto de los que huelen a playa. Mientras los últimos bañistas abandonaban las Canteras, el recinto de siete palmas comenzaba a poblarse “al golpito”, con esa celebración pausada de quienes acuden a un concierto sin prisa, como si la música también necesitara esperar a que los cuerpos terminen de tostarse al sol. Antes, Guachito Club había calentado el ambiente desde el escenario con una propuesta de aromas urbanos argentinos que sirvió de antesala para una noche donde el reggae volvería a reclamar su espacio.
Unas cuatro mil personas aguardaban frente al escenario principal. No era un público en busca de novedades, sino de memoria, un público variopinto, pureteo del bueno y algún adolescente traído por sus papis que valoraban la felicidad que produce el reggae desde su primer compás. Porque UB40 featuring Ali Campbell pertenece a esa categoría de bandas que no producen únicamente canciones: venden el recuerdo de una época en la que la radio sonaba distinta y el reggae británico era capaz de conquistar las listas de éxitos más top sin renunciar a su identidad.
Existía, además, una cuestión en el aire. El estado de salud de Ali Campbell había provocado cancelaciones en los últimos años y la pregunta revoloteaba en el ambiente antes incluso de que apareciera sobre las tablas caminando como un cowboy con un atuendo vaquero. La respuesta llegó apenas arrancó One in Ten. Bastaron unos compases para comprobar que la voz conserva ese timbre cálido marca de la casa, reconocible al instante, capaz de transportar al público varias décadas atrás con una naturalidad sorprendente y convincente.
Con Cherry Oh Baby, adaptación del clásico de Eric Donaldson, desaparecieron las dudas. El concierto encontró rápidamente su velocidad de crucero y recordó una de las grandes virtudes de UB40: haber convertido versiones de clásicos jamaicanos y del soul norteamericano en auténticos himnos populares. Ahí brillaron especialmente la sutileza de Homely Girl, original de The Chi-Lites, y la elegancia contagiosa de The Way You Do the Things You Do, de The Temptations, sin olvidar composiciones propias como If It Happens Again, que mantuvieron vivo el equilibrio entre nostalgia y composiciones propias.
Musicalmente, la banda ofreció una lección de máquina bien engrasada. La sección de vientos fue el eje central del espectáculo. El saxofón encontró espacios para el lucimiento en piezas como Stick by Me, Come Back Darling o Groovin’, demostrando que, más allá del carisma del vocalista, la banda sigue funcionando como un Ferrari.
Campbell administró inteligentemente sus esfuerzos y así pudo coger resuello . Hubo momentos en los que cedióprotagonismo a sus músicos para recuperar fuerzas, pero lejos de romper el ritmo del concierto, esos respiros reforzaron la corazonada de estar ante una formación sólida, donde cada integrante entiende perfectamente su rol. Antes del breve descanso llegó una de las interpretaciones más emotivas de la noche con Many Rivers to Cross, el inmortal tema de Jimmy Cliff, ejecutado con sobriedad y sentimiento.
La traca final estaba reservada para las canciones que forman parte de nuestro musical. Tras las presentaciones de la banda y una nueva introducción instrumental, sonó Here I Am (Come and Take Me) antes de que Campbell volviera a colgarse su inconfundible guitarra roja para atacar Red Red Wine con todo el pabellón en pie. Fue entonces cuando el recinto se llenó de teléfonos móviles como libélulas revoloteando entorno al escenario, intentando capturar un instante que, en realidad, pertenece desde hace décadas al imaginario de varias generaciones.
Apenas hubo tiempo para recuperar el aliento. Kingston Town confirmó que algunas canciones desafían el paso del tiempo con una elegancia casi descarada. El cierre llegó con Can’t Help Falling in Love, el clásico inmortalizado por Elvis Presley, interpretado con una voz que acusaba el desgaste lógico de casi noventa minutos de actuación, pero también con la honestidad de quien sabe que ya no necesita demostrar nada.
UB40 featuring Ali Campbell no pretende reinventarse. Tampoco lo necesita. Su propuesta consiste en algo mucho más difícil: mantener viva una colección de canciones que siguen encontrando refugio en la memoria emocional del público. Y mientras el océano seguía respirando como si estuviera cerca del recinto y Las Palmas terminaba de entregarse a la noche, quedó la sensación de que algunas músicas no envejecen; simplemente aprenden a convivir con el paso del tiempo. Y todos tan felices.



