Cristina Osuna
Hay libros que sentimos que conocemos incluso antes de haberlos leído. Sabemos su título, reconocemos alguno de sus personajes y hemos escuchado hablar tanto de ellos que terminan formando parte de nuestra cultura, aunque nunca hayamos llegado a abrir sus páginas. Cien años de soledad es uno de esos libros.
Gabriel García Márquez publicó la novela en Buenos Aires el 30 de mayo de 1967. La primera edición, de 8.000 ejemplares, se agotó rápidamente y lo que vino después fue una historia de éxito que todavía continúa. La novela ha llegado a más de cuarenta lenguas y se han editado alrededor de 40 millones de ejemplares. Quince años después de su publicación, en 1982, García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura.

Pero durante mucho tiempo hubo algo que parecía bastante más complicado que convertirla en un clásico: llevarla a la pantalla.
Interés no faltó. Hubo productores y actores que quisieron hacerse con los derechos para adaptarla al cine. Uno de los episodios más conocidos fue el protagonizado por Anthony Quinn, quien llegó a hablar públicamente de una oferta de un millón de dólares por los derechos. El propio García Márquez contó después su versión de aquella historia y explicó que, en realidad, ya había recibido ofertas mayores.
El dinero, por tanto, no era el problema.
Lo que le preocupaba era otra cosa: la imaginación del lector.
Cuando leemos una novela podemos decidir cómo son sus personajes. Cada lector puede imaginar a Úrsula Iguarán, al coronel Aureliano Buendía o a José Arcadio Buendía de una manera diferente. También puede construir su propia imagen de la casa familiar y, por supuesto, de Macondo. Una película obliga a tomar muchas de esas decisiones por el espectador.

García Márquez lo explicó de una forma muy sencilla en 1982, en un artículo publicado en El País a raíz de la polémica con Anthony Quinn. Su rechazo a llevar Cien años de soledad al cine tenía que ver con mantener esa relación directa con sus lectores y permitirles imaginar a los personajes sin tener que ponerles «la cara prestada de un actor».
Y, visto desde hoy, hay algo especialmente curioso en aquella historia. El propio texto de García Márquez hablaba de que Cien años de soledad podía funcionar como una serie de televisión de muchas horas. La novela necesitaba espacio. No era una historia que pudiera resumirse fácilmente en dos horas.

Cien Años de Soledad S1. (L to R) Nicole Montenegro as Rebeca in Cien Años de Soledad. Cr. Mauro González /Netflix © 2024 | Behind the scenes shot of two traveling fur traffickers making their way through La Guajira, a desert off the Colombian coast, before their arrival to Macondo with Rebeca Montiel.
Ahora sabemos por qué.
(continúa en la parte II)

