Por Yordan Arroyo.

Durante más de un año decidí guardar silencio. No acudí a las redes sociales. No busqué titulares. No emprendí campañas personales, ataques ni insultos, más bien tuve que soportar amenazas, graves acusaciones y campañas temerarias de cancelación, incluso de una profesora universitaria allegada al Tiflos (mi gabinete de abogados en España le hizo llegar un burofax, para alertarle, por última vez, que si no se detiene, se iniciaran acciones judiciales en su contra de inmediato, porque ya basta de estas personas impostadas que se esconden y fingen ser personas buenas y profesionales), y acoso, mediante cuentas reales y falsas, que distinguen a los principales actores, pues hacen uso de ellas incluso para elogiarse y aumentar los “likes” en sus publicaciones.

Siempre mantuve la cabeza fría. Nunca reaccioné. Tiempo después, de manera casi obligatoria, por incurrir en delito, tras la inclusión de campañas temerarias, a instituciones y correos institucionales, por petición por los órganos respectivos de la Universidad de Salamanca, interpuse una denuncia en sedes judiciales españolas, por manifestarse, como un hecho jurídico, la presencia de crimen organizado. Sí, existe crimen organizado entre ciertos grupos literarios y culturales, invitados por doquier a festivales, y ese asunto es muy preocupante.

En abril de 2025, invité, de manera enfática, a los lectores a comprar los libros La temperatura exacta del miedo y Cama de hospital vista desde abajo, para que pudieran constatar que allí no existe “reescritura”, como lo aseguran ciertas personas, mediante “lobby” para engañar-persuadir al público y a los lectores en general, sino un proceso premeditado de engaño que conduce a la probabilidad de delito de estafa, no a uno ni dos ni tres concursos, a más: Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio, 2020; Premio Internacional Vicente Rodríguez-Nietzsche, 2020; VII Premio Internacional de Poesía Jovellanos, entre otros documentados en mi investigación. ¡Ya dejen de mentir: cansan!

La autora recurrió incluso al borrado de huellas, dinámica que, según agentes jurídicos, es usual en agentes profesionales en delitos de estafa. Algunas personas han comprado los libros y han forjado su propio criterio, lejos de chantajes y manipulaciones de terceros. Eso me parece excelente, porque esto impide que escuchen el canto seductor de las sirenas y puedan entrenar el espíritu de la criticidad.

La responsable principal de los daños delictivos aquí narrados, cuenta con varios cómplices en el mundo literario iberoamericano, y hoy, todos los que se escudan en el hashtag #Fadirnoestásola y en la vergonzosa campaña de #metoo, también están siendo cómplices, quizás por falta de información (dejo el peso de la duda).

El día 20 de diciembre de 2020, Delgado Acosta publicó unos poemas en la revista mexicana Círculo de Poesía, entre ellos, un texto que tituló “Hospital de recién nacidos”, que aparece en La temperatura exacta del miedo bajo el título “El mapa de las puertas”, totalmente igual. Ella, luego de ganar el premio Tiflos y de manera simultánea el Premio UNA Palabra, escribió a revistas a solicitar que borraran sus poemas para que no se enteraran de lo que había hecho: ¿no era que estaba incurriendo en reescritura? ¿entonces cómo está el asunto? ¿Van a seguir mintiendo y victimizándose sin escrúpulos?

Entre la lista de medios literarios que cedieron aparece la revista mexicana Círculo de Poesía, quienes borraron la publicación, pero dejaron huella en Instagram. Siempre se ha dicho que no existe crimen perfecto y es así, mi investigación lo ha confirmado. Por eso, cuando hice el primer anuncio, invitando a los lectores a consultar los libros, hicieron una publicación de apoyo a la autora, sugiriendo que no existía infracción alguna.

Posteriormente, en 2024, en la misma revista Círculo de Poesía, la autora publicó una entrevista en donde llama “reescritura” al engaño y a la estafa. Esto era algo planificado que debía hacer, por supuesto, pero no sin cómplices. De esa entrevista se han valido muchas personas para hacer “lobby”, engañar y confundir al público, entre ellos, solo por dar un nombre, Lauren Mendinueta, poeta y gestora cultural colombiana residente en Portugal. Todo estaba debidamente planificado para burlarse de los lectores. ¡No permito este tipo de bajezas! Pueden ustedes mismos constatarlo. No cuesta absolutamente nada hacerlo, verificarlo.

Por ejemplo, basta con revisar la reciente respuesta de Fabiola Acosta a Samuel Simanca, a quien le han borrado sus comentarios de varias publicaciones, por querer mostrar la otra versión de los hechos. Acosta, madre de la principal responsable de este tema, está confundiendo a las personas en las redes sociales, y las está conduciendo a un pantano sin salida, el cual falta al honor de la verdad, indispensable no solo para cualquier poeta, sino para la poesía en general (pero claro, cuántos millones recibe esta persona del Estado colombiano. Revisen ese dato, les invito).

Además, Fabiola Acosta está manchando el feminismo, lo cual es sumamente lamentable, porque este asunto representa un absoluto irrespeto contra las mujeres en general, tras poner por encima los caprichos de su hija, incomparables por las luchas por la igualdad, por ser visibles, que han tenido, a lo largo de la historia, millones de mujeres: la mitad de la humanidad. Por si fuera poco, mete a la figura de Dios, para intentar persuadir con cierto buenismo moral, lo cual es todavía más repugnante y da constancia de hasta dónde son capaces de llegar este tipo de personas y sus cofradías:

Para quienes dedicamos horas, meses y años enteros a escribir, leer y reescribir con total entrega y honestidad, entre ello, hacer estudio de obras de varias mujeres honestas, este tipo de mensajes, y los hechos que se ocultan detrás, son una absoluta falta de respeto, tan grande como mentirle no solo a un país entero, sino a varios. Es intolerable, máxime cuando han convertido esto en supuesta misoginia y envidias. ¡Por favor! ¡Un poco de decencia y altura! ¡No manchen así el feminismo, por favor! ¡Más respeto por las mujeres que han luchado, durante años, por una mejor sociedad y por hacer visible violencia (real, no impostada), contra ellas!

No estamos frente a opiniones ni riñas personas, sino ante pruebas, documentos fácticos:

(“El mapa de las puertas” (título que se repite en Cama de hospital vista desde abajo, con otro poema que induce a engaño, bajo el título “En las Orillas de las puertas”, en La temperatura exacta del miedo)

Hace más de un año elegí el camino más difícil: el de los hechos, las pruebas, el trabajo jurídico y el respeto a la literatura y a las bases del certamen, que le incumbe a la ONCE, una fundación para personas no videntes, comunidad que ha sido también afectada, directa o indirectamente, por burlarse sus fondos públicos, a través de una acción deshonesta, irrespetuosa y que lejos de cualquier tipo de ética esperable de una persona allegada a la cultura y a las letras, implica consecuencias que deberían marcar un precedente en el mundo de las letras y los concursos literarios.

Es recomendable que en los certámenes literarios, de ahora en adelante, como me lo dijo un amigo, poeta y referente cultural de Colombia, consideren cambiar sus normas y agreguen multas económicas fuertes, bajo declaración jurada, contra quienes incumplan las normas y recurran a acciones premeditadas de engaño y estafa.

La investigación que impulsé no se construyó sobre opiniones, rumores o diferencias personales. Reducir mi trabajo a eso solo demuestra lo que se esconde detrás de sus adulares y seguidores, pero principalmente de sus actores, quienes lo mínimo que podrían hacer tras el retiro del 34 premio Tiflos de poesía, además de seguir escribiendo (y si quieren reescribiendo, sin ánimo de engañar a varios jurados, a varios certámenes, a muchos lectores, de diferentes países), ahora con honestidad, es pedir disculpas públicas, corregir y buscar dar un buen ejemplo a la sociedad en general, para que esto no vuelva a ocurrir. ¿Es tan grande el ego como para no poder asumir y aceptar un error? Entiendan, la ética está por encima de cualquier medalla y pose artificial en redes sociales. Sin ética no hay escritura: hay delincuencia.

Las oportunidades de corrección en un estado democrático, que pone la educación por delante, siempre están. Depende de los actores, si tienen la humildad de disculparse y aceptar los errores, no de los demás, quienes únicamente observan, reciben, interpretan y leen. No han existido disculpas ni deseos mínimos de hacerlo como un gesto humano de humildad, todo lo contrario.

Convertir en víctima y “pobrecita” a una persona, hombre, mujer o de cualquier identidad de género, que comete un delito, sea cual sea, es un asunto impropio de una sociedad humanista y a la vez crítica. Cualquier infracción que incurra en la línea del delito tiene consecuencias, que a veces conducen a multas y cárcel, y estas deben tenerse presentes desde el momento en el que se decide cometerlos, creyendo que detrás hay agentes pasivos que nunca se darán cuenta. Estas acciones son malintencionadas y no deben normalizarse.

Emprender campañas de apoyo a un delito y convertirlo en supuestos de hostigamiento, envidias y maromas retóricas ridículas y populistas hunde a cualquier ciudadanía en un averno propio de una religión secular y sectaria, en donde quien comete delitos recibe culto a su imagen.

En la anterior publicación, por ejemplo, cuando aparecen personas informando sobre la realidad de los hechos, borran los comentarios de inmediato, para que la tergiversación del relato sea más fuerte y el público no pueda conocer la otra parte, como consta en la siguiente cadena, por mostrar solo un ejemplo:

La investigación que sirvió como viga para el retiro del 34 premio Tiflos de poesía se sustentó en documentación rigurosa, análisis detallado (literario y jurídico), contraste de hechos y asesoramiento legal, todo ello presentado ante la institución competente para que actuara con absoluta independencia, no ante un público de Facebook. Eso fue exactamente lo que ocurrió: lo demás es chisme, “lobby” y secuelas de una mafia.

Hay un hecho claro, sólido y verdadero: tras su propio proceso de información, deliberación y valoración jurídica, la ONCE, institución convocante de los Premios Tiflos y referente en España desde hace décadas, adoptó, el día 20 de julio de 2026, una decisión institucional: retirar oficialmente el premio, por razones fundamentadas y que atentan contra el perfil profesional y ético que representa y busca proyectar tal entidad.

Esa resolución no es una opinión mía ni de quienes han mostrado indignación antes los hechos de este retiro. No es una campaña personal. No es el resultado de una presión pública contra una persona que hoy se quiere convertir en santa patrona de las letras (con una biografía abultada de manera adrede, en donde un mismo libro se expone como varios libros, lo cual también es parte del problema: querer correr tanto, para complacer a las masas y proyectar un holograma en las redes sociales), es el resultado de hechos comprobados y que son de interés público internacional, para poner en alerta, a las comunidades letradas, que hay personas incurriendo en acciones impropias y deshonestas. No hay persecución. No hay acoso. No hay misoginia. Hay delito.

No queda espacio para la discusión, para las mentiras y para las campañas de tergiversación y construcción de un relato espurio, tras petición de ayuda a una cadena de personas en medios digitales, quienes están cumpliendo la misión de polarizar los hechos y con ello, dañar a la cultura, tras pretender normalizar y legitimar acciones injustificables. Seamos claros: la retirada del 34 Premio Tiflos de Poesía es la decisión de una institución que entendió que existían motivos legales y normativos suficientes para actuar conforme a sus propias bases y a los principios que rigen uno de los certámenes literarios más prestigiosos del ámbito hispánico, financiado con fondos públicos: 10 000 euros, lo cual no es poco dinero.

Por tales razones, considero un error intentar convertir este asunto en una cuestión de amistades y devolución de favores, para lo cual existen las mafias. Las amistades son respetables. Las instituciones también. Pero cuando una institución, después de un procedimiento documentado y con intervención jurídica, adopta una decisión de esta trascendencia, el debate no puede nunca ser subjetivo ni personal, pasa a ser una cuestión de integridad institucional.

Carmen Nozal, destacable gestora cultural y poeta española-mexicana, por ejemplo, arremente contra el jurado, pero entre el jurado se encuentra una persona que ella misma le ha dedicado el número de una revista y que la incluye en casi todas sus actividades. A estos extremos sectarios conduce intentar defender lo indefendible. Fue María Ángeles Pérez López quien defendió, principalmente, que le dieran el 34 premio Tiflos de poesía a Fadir Delgado Acosta, entonces por qué la incluye en sus alegatos cibernéticos. ¿Qué pretende?

La literatura no puede sostenerse sobre afinidades personales. Solo puede sostenerse sobre la confianza de que las reglas son iguales para todas las personas y de que, cuando existen evidencias suficientes, las instituciones tienen el deber de actuar, por incómodo que resulte.

No albergo resentimiento hacia nadie ni deseo prolongar una polémica ni cualquier tipo de chisme chabacano que ya no me pertenecen. Personalmente, no podría sentir envidia ni mucho menos respeto mínimo por ninguna persona, sea quien sea, deshonesta, que incurre en delitos graves como lo es el engaño y por consiguiente la estafa, seguido de campañas nocivas de mentiras y cofradías. El plagio y el autoplagio también son delitos repugnantes para quien firma estas páginas, según lo estipula la ley, pero en este contexto quizás menores a la estafa.

Mi obligación terminó el día en que presenté las pruebas ante la Fundación Once y ante los respectivos cuerpos jurídicos. La responsabilidad posterior correspondió exclusivamente a quienes tenían la autoridad legal, jurídica e institucional para decidir: ya lo hicieron. Por respeto a esa institución, que mucho lo merece, a sus jurados (al menos a quienes han actuado con honestidad y profesionalmente), a sus servicios jurídicos y al prestigio de un premio que durante décadas ha representado un referente de la literatura en lengua española, no pienso detenerme más, al menos por escrito en este asunto.

Ya son varias las llamadas y los mensajes durante los últimos días, en donde me advierten de graves acusaciones alrededor del retiro del 34 premio Tiflos, como es el caso de señalar hostigamientos, persecuciones e injurias y el inicio de una campaña de #metoo. Esas acciones las asume un juzgado, si es que existen, y para ello deben ponerse las debidas sanciones judiciales. Es lo primero que se debe hacer, en caso de que así sea. Decir y ventilar, en las redes sociales, que existe hostigamiento, persecución, misoginia e injurias, sin ningún documento legal, solo caricaturiza un hecho serio, la retirada oficial de un premio que se dio en 2021 y que involucra dinero público.

Debo recordarles que el día 24 de julio de 2026, hice un anuncio público respecto a la retirada del premio y me aparté. No mostré mi investigación, que revela observaciones graves no solo en el ámbito textual, y en caso de hacerlo, porque así me lo han pedido autoridades académicas de respeto, lo haré, al menos por ahora, a través de un medio audiovisual, preferiblemente, por ser de mayor acceso a un público de masas, en donde crece una campaña de victimización y tergiversación de hechos, o mediante entrevistas. Lo que tenía que decir por escrito ya lo dije, con educación, y se puede consultar en los medios correspondientes.

Quien desee cuestionar esta resolución es libre de hacerlo, por supuesto. Pero deberá hacerlo frente a la decisión de la institución que la adoptó, no frente a quien únicamente ejerció el derecho —y, añadiría, el deber ético— de poner en conocimiento unos hechos mediante pruebas y por los cauces legales establecidos. Seguir tales campañas en redes sociales constata varias cuestiones, entre ellas, deseo de exhibicionismo, populismo digital e intenciones deshonestas de intentar convertir en hostigador a quien habla con la verdad.

El 34 premio Tiflos de poesía se retiró y punto y no se retiró por asuntos menores ni que merezcan ser caricaturizados, al menos si se tiene respeto mínimo por las letras. Ninguna institución retira un premio, cuatro-cinco años después, por caprichos y cizañas. Es cuestión de sentido común. Hubo todo un equipo, entre ellos personal jurídico, que examinaron con detalles las pruebas y los hechos, y actuaron de manera sumamente profesional, de allí la demora: más de un año.

Al final, cada escritor, editor, lector y gestor cultural tendrá que elegir qué desea defender: la integridad de los certámenes literarios, el respeto a las instituciones, a la cultura y a las leyes que busque luchar contra la corrupción y la igualdad de todas las personas ante las bases, o la idea de que las relaciones personales, los favores y cofradías mafiosas, las invitaciones a festivales, publicaciones, banquetes, vinos y adulaciones correspondidas pueden prevalecer sobre las normas que sostienen la credibilidad de la literatura. Yo ya he elegido e insisto, no volveré a pronunciarme por escrito, ante las masas, sobre este asunto. Ya lo dicho, dicho está, porque ante un acontecimiento como el presente, no hay más que agregar, al menos por ahora, lo aclaro…