Me he fumado la vida / Libro de huellas
Ángel Guinda
Editorial Visor / Renacimiento
ÁNGEL GUINDA: EL POETA Y EL PENSADOR
Por Íñigo Linaje
Lo escribió antes de morir: “Me voy para quedarme”. Y el tiempo le ha dado la razón. Tal vez porque, como dijo en uno de sus aforismos, trabajó su obra con la paciencia y la lentitud de un artesano en unos tiempos gobernados por lo contrario. La figura de Ángel Guinda (Zaragoza, 1948 – Madrid, 2022) sigue vivísima cuatro años después de su desaparición gracias, entre otras cosas, a la publicación en 2025 de Vida ávida, que recogía su poesía completa escrita entre 1970 y 2022, y a la aparición simultánea de la biografía Las claves de lo oscuro, de Benito J. Fernández, ambos publicados por Olifante.
Ahora, justo un año después de los anteriores, ven la luz otros dos títulos que recogen lo esencial de su lírica y de su obra en prosa. Por un lado, la editorial Visor acaba de publicar Me he fumado la vida, una antología al cuidado de Luis García Gaspar, y, por otro, Renacimiento ha sacado Libro de huellas, que contiene sus aforismos reunidos en edición de Manuel Neila. Magníficamente decorado desde su portada por un autorretrato de Edvard Munch, el genio expresionista noruego, Me he fumado la vida recoge una buena muestra de la producción poética de Guinda. Una selección de poemas realizada por García Gaspar que, además, firma un prólogo enjundioso que ofrece en unas pocas páginas todas las claves de su escritura: desde su obsesión inicial por el paso del tiempo y la muerte hasta su compromiso cívico como persona y como creador.
Cargando toda la vida con el peso de la muerte de su madre en el parto y con un sinfín de excesos (especialmente en su juventud zaragozana, hasta que se autoexilió en Madrid a finales de los 80), Guinda se convirtió tempranamente en un singular poeta maldito cuyo malditismo nada tenía de literario y sí mucho de real. (“Nadie tiene otra patria que su soledad. /Nadie llega a nadie si no es para marcharse” escribió en el poema La diferencia). Pesimista lúcido y hombre rabiosamente vital, inició su andadura en los setenta con una lírica de marcado carácter existencial -intimista y subversiva a la vez- que iría derivando con los años hacia una poesía meditativa y más contenida no ajena al compromiso social. De ello dan fe títulos como (Rigor vitae) y Poemas para los demás, ampliamente representados en la antología. La simbiosis perfecta entre ambas tendencias la alcanzará en Espectral en 2011, que fue finalista del Premio Nacional de Poesía.
La obra poética de Guinda, como bien señala Manuel Neila, tiene su correlato en sus libros de aforismos. Publicó tres a lo largo de su vida, que han sido recopilados ahora en Libro de huellas. En su conjunto, la obra no es otra cosa que una selección de pensamientos y proverbios que quedaron al margen de su producción poética. Así, el poeta y el pensador conviven en ellos de forma armónica, y si muchos de sus versos -sacados de contexto- pueden leerse como aforismos, los que reúne aquí podrían incrustarse a la perfección en muchos de sus versos. Vemos bastantes ejemplos a lo largo del texto: “El exceso de equilibrio me desequilibra”. “El olvido es el recuerdo crónico de uno mismo”. O: “Hay un dolor mayor que morir: ver morir”.
Como dice Neila en el prólogo del libro, que en su tramo final contiene una serie de cartas enviadas por Guinda al ensayista, la vida del autor es la materia de la que están hechos tanto sus pensamientos como sus versos. Influenciado por Antonio Porchia, René Char o los moralistas franceses del XVII, la vida y la muerte, el amor y el desamor, el paso del tiempo y la propia creación poética serán temas recurrentes a lo largo de la recopilación. Un libro que, junto a la antología Me he fumado la vida, pone de actualidad otra vez a una de las voces más distinguidas y auténticas que ha dado la poesía española en los últimos 50 años.

