Redacción.

Septiembre se hace largo, la voluntad se arrastra como la luz cansada del verano y cuesta detenerse, mirar despacio entre los muebles, las ventanas, la inquietud. Hojeo libros y periódicos viejos, billetes de metro en la mesilla de noche, pero nada ancla. Pienso que al otro lado del mundo estas sensaciones les pasan en marzo (el sol no es igual para todos), la melancolía del sur no coincide con la floración del norte y viceversa. Salvo por alfileteo de las gotas sobre la tela del paraguas es completo el silencio, escribía Laura Wittner hace dos décadas para hablar del inicio del otoño. Veo en el poema un indicio de pausa, de moneda que deja de rodar y cojo otro libro, miro el índice y me paro en la palabra Insomnio: Soy yo la que no duerme / no sé / dónde poner los brazos / ni cómo respirar. Es de, la también poeta argentina, Claudia Prado. Me da la sensación de haber encontrado un foco de atención, de mirada compartida. Supongo que va de eso la poesía, de compartir incertezas, desasosiegos y contradicciones. Jorge Leonidas Escudero tiene unos versos que dicen: Ya sé ya sé ya sé, nadie puede hacer nada, / el asunto es de cada uno. Y con esa sencillez, el poeta buscador de oro estaba describiendo a todos sus lectores.

Y si me paro a pensar, en esta inconsistencia de final de verano, veo que de eso trata la poesía, de los cambios de estación, de luz, de minutos extra de día o de noche mientras mantenemos la misma rutina. No cambia a los lectores, les ayuda a encontrarse. Con ese chasquido que en la tarde va quedando como idea de mundo, como decía Daniel Durand, el cuarto poeta argentino que cito esta tarde de nubes bajas e iluminación LED.

Si me preguntas lector, a dónde quiero llegar, te responderé con versos de otra poeta argentina, Gabriela Saccone: Como este largo sendero hacia la nada, / como este largo, largo sendero, / busco eso que vuelva las cosas a su lugar.

No soy un experto en poesía argentina, he leído bien a Gelman, Borges, Girondo, Ana Becciu, pero no tenía conocimiento de poetas de mi edad o no muchos mayores que yo, los he ido leyendo con calma a través de una joven editorial valenciana, La Coz, que en siete años ha generado un catálogo de cinco libros, cada uno de uno de los autores citados.

Es, me diréis, una excentricidad, como puede serlo la caída de las hojas en una parte del mundo mientras Perséfone regresa en la otra, pues no creo que dé mucho dinero ni encuentre muchos lectores. Pero es bello y generoso que alguien dedique sus horas a acercarnos con pausa lo mejor de la poesía argentina contemporánea. El editor, Ignacio Docavo, es un gran lector, además de poeta y aforista.

Dirige, sin prisa, lo que podemos llamar una editorial independiente, dedica muy poco tiempo a la promoción, pero me consta que sí que gasta tiempo haciendo pedidos al otro lado del charco, leyendo obras completas, antologías, buscando voces que puedan asomar en la península. Loable y esperanzador.

Referencias de los libros:

Saccone, G. Medio cumpleaños, 2019.

Wittner, L. Te diré de lo que estábamos hablando, 2022.

Prado, C. Nada brilla en los rincones, 2024.

Durand, D. La manía de rodar, 2025.

Leonidas Escudero, J. Con los callosos pies en la tierra, 2026.