Víctor Roque González

Vaya por delante que no estaba planeado incluir dos películas seguidas con un «under» en el título (pues ya veréis la undécima…).
Vampiros y hombres lobo. Un clásico de Halloween.
Esta fiesta de disfraces del director Len Wiseman —que bebe infinitamente del éxito de su contemporánea Matrix (¡si es que hasta la BSO contiene reminiscencias al late motiv de los agentes!)— exige al espectador una suspensión de la incredulidad mayúscula, bien es cierto, pero si abrazáis la irresistible idea de vampiros liándose a leches y pistolas-metralletas contra licántropos, seréis recompensados.
Porque a Underworld hay que quererla, y os daré motivos: para empezar, se ve increíblemente bien hoy en día: si un coche se siniestra no hay CGI detrás, sino puros efectos prácticos; tiene al menos una de las mejores transformaciones en hombre lobo del género; hay violencia y hay sangre, de nuevo, no digital, lo que confiere a la atmósfera cierta crudeza realista apoyada por una acertada fotografía; siempre parece estar al borde del ridículo con un montaje que contiene trazas de los aún recientes 90, pero sabe dónde está la fina línea, y jamás la cruza, así que te crees la película (estamos hablando de una guerra de vampiros y licántropos en la actualidad, algo así como ver un dragón en un rascacielos).
Y lo más importante: es endiabladamente entretenida.
Tristemente, una vez más, tendréis que hacer uso del ingenio para poder disfrutarla.

