Horacio Otheguy Riveira.
Una aventura conmovedora, a tal punto que en los circuitos de arte escénico del gran país del Norte, circula la frase: Corazón de Atayde, un emblema que tiene que ver con la cuarta y quinta generación -desde 1888- de hermanos que se han volcado en la producción de un circo que abarca tradición de género y contemporáneo con un altísimo nivel de exigencia. Prietas las filas, debutan en Madrid el 9 de octubre hasta el domingo 18, comienzo de una larga gira internacional y nacional.
Un gran esfuerzo económico para que los hermanos Alfredo, Maritza, Andrés y Javier Atayde -con dirección de Artús Chávez y Alfredo Atayde) presenten una selección de artistas internacionales (Ucrania, Rusia, Estados Unidos, Cuba, y lógicamente México), junto a una orquesta en vivo dirigida por el Maestro Carlos Alberto Ramírez con excelentes músicos españoles encabezados por el eximio violinista Raúl Márquez.
El arte circense cambia con el tiempo, la emoción permanece más allá del tiempo y el espacio, entre múltiples atracciones que forjan asombro, destreza, sensibilidad para crear donde ya parecía imposible.
El 26 de agosto de 1888, en Mazatlán, comenzó una historia que convertiría el apellido Atayde en uno de los grandes referentes del circo mexicano. Aurelio Atayde Guízar, acompañado por su familia, dio origen a una tradición que ha atravesado generaciones y que continúa evolucionando hasta nuestros días.
Aquí y ahora desfilan artistas portadores de prodigios en variadas acrobacias, pruebas de riesgo en las alturas, un payaso estelar, bailarinas en un constante diálogo de sus esbeltos cuerpos con las proezas de creadores como un clown funambulista o una pareja de patinadores sobre una pequeña pista. De todo, mientras la gran orquesta les acompaña con diversas composiciones, más y más exigentes, desde Nino Rota a compases de jazz y clásicos.






