Nico Quinteros

Cesc Gay, el conocido director catalán, escribió y dirigió Los vecinos de arriba, una obra de teatro que, tras su éxito, decidió llevar a la gran pantalla bajo el título de Sentimental, estrenada en 2020.

¿De qué va esta historia? Una pareja que lleva muchos años junta, interpretada por el gran Javier Cámara —para mí, uno de los tres mejores actores españoles— y la argentina Griselda Siciliani, recibe una noche a sus vecinos de arriba por iniciativa de ella. Se trata de una pareja desconocida y bastante ruidosa, a la que alguna vez habían prometido invitar a casa. Una promesa que el personaje de Cámara no tiene ninguna intención de cumplir, hasta que su mujer decide tomar la iniciativa y organizar la velada por sorpresa.

Hasta la fecha, la película de Cesc Gay ha dado lugar a siete remakes: la versión italiana, la suiza, la francesa, la rusa, la checa, la coreana y, hace apenas unos meses, la norteamericana: The Invite.

Basta con ver ambas películas para darse cuenta de que comparten numerosos diálogos y situaciones, algo lógico teniendo en cuenta que estamos ante una nueva versión de la misma historia. Sin embargo, sus tonos son muy distintos.

Sentimental es una película con una fuerte carga dramática que, pese a partir de una premisa y una puesta en escena propias de la comedia, no busca tanto la carcajada como la incomodidad. Hay momentos divertidos, sobre todo gracias al cinismo y la amargura del personaje de Javier Cámara, pero el humor nace, en gran medida, de las situaciones incómodas que se generan entre los protagonistas. También contribuye a ello Alberto San Juan, que interpreta a un bombero semental y tremendamente carismático.

En The Invite, ese mismo personaje es Edward Norton, un actor que me gusta, aunque su elección para el papel me resulta algo extraña. Es un personaje con un aire un poco inquietante y turbio, y no me termina de cerrar del todo.

La nueva versión está protagonizada por Seth Rogen y Olivia Wilde, quien también se pone detrás de las cámaras. Si Javier Cámara componía un personaje más amargo, Rogen (naturalmente por sus características) lo lleva mucho más hacia el terreno del chiste. Sin duda, es el más gracioso de los cuatro protagonistas, aunque Wilde también está muy bien.

Precisamente, creo que este cambio de tono termina jugando en contra de la película. The Invite pierde buena parte de la tensión que hacía funcionar a Sentimental y, por momentos, se me hace demasiado larga. Desde un principio me cuesta implicarme en lo que sucede, como si la película hubiera perdido de vista aquello que hacía interesante la situación de partida. A esto se suma un uso de la música que, en algunos momentos, me resulta excesivo y acaba saturándome.

Donde The Invite sí sale claramente ganando es en la puesta de cámara. Tiene una presencia mucho más marcada y cinematográfica que en la original, con encuadres interesantes y recursos visuales como el uso de los espejos, que funcionan como metáfora de la proyección que los personajes hacen de sí mismos. En términos visuales, me resulta bastante más estimulante que Sentimental, cuya puesta en escena es mucho más clásica y teatral.

No es casualidad: Cesc Gay apuesta por una forma de filmar prácticamente invisible, en la que la cámara no reclama protagonismo y deja que toda la atención recaiga sobre los diálogos y los conflictos de los personajes. Olivia Wilde, en cambio, parece más interesada en explorar las posibilidades visuales de la historia. También apuesta por un montaje bastante más frenético, que acompaña la neurosis de los protagonistas y les imprime un ritmo distinto.

Otra diferencia importante está en el desarrollo de los vecinos. The Invite les dedica más tiempo y nos permite conocer mejor sus miserias, así como los problemas de convivencia que se esconden detrás de una pareja que vive de orgía en orgía. Además, la película incorpora escenas en las que la situación pasa de las insinuaciones a la acción, con un intercambio de parejas que Sentimental nunca llega a mostrar. Para mí, ahí se encuentra uno de los momentos más divertidos de The Invite, con un Seth Rogen que se luce especialmente.

En definitiva, The Invite acaba encontrando su propio camino y, cuando se aleja de la película original, gana en interés. Sin embargo, Sentimental me sigue gustando bastante más. Puede que sea menos vistosa y más teatral, pero su capacidad para sostener la tensión y encontrar humor en la incomodidad me resulta mucho más efectiva. Al final, ambas parten de la misma situación, pero persiguen cosas distintas: mientras Cesc Gay parece interesado en explorar las grietas de una relación a través de una cena incómoda, Olivia Wilde apuesta por llevar esa misma premisa hacia una comedia más desinhibida, física y visualmente expresiva.