Por Eduardo Suárez Fernández-Miranda /

Han pasado 182 años desde que se representó por primera vez Don Juan Tenorio, un texto teatral que se ha convertido en generador de mitos. José de Zorrilla creó una obra que ha trascendido dos siglos para convertirse en uno de los dramas románticos más populares. Quién no ha recitado en alguna ocasión unos versos que mezclan temas de capa y espada, religiosos y morales. Su protagonista ha llegado a nuestros días con el mismo descaro, las mismas dudas y el profundo arrepentimiento del hombre contemporáneo. 

Entre los días 28 de octubre y 7 de noviembre, Sevilla regresa al siglo XVI. Estamos “por los años 1545, últimos del Emperador Carlos V”. El escenario elegido para esta representación es uno de los espacios más destacados de la monumentalidad religiosa de Sevilla, una joya del Barroco: La Iglesia de San Luis de los Franceses. Lugar en el que el Teatro Clásico de Sevilla, compañía dirigida por Juan Motilla, junto al bagaje y experiencia de muchos profesionales de las artes escénicas, ofrece una adaptación de Don Juan Tenorio en un intento de acercar el teatro clásico al público actual. Su premisa es el respeto al texto y al espíritu con el que José Zorrilla dotó a sus personajes. 

Para su director, Don Juan Tenorio es “una obra asequible y entroncada a la tradición, que sigue viva gracias, entre muchos factores, a la universalidad de su protagonista, al poder de atracción de un personaje imperecedero, vigente, que parece recobrar fuerza en la actualidad”. 

La acción se sitúa en un espacio temporal muy concreto, de Carnavales al Día de los Difuntos. Temas como el amor, la muerte, la amoralidad, la búsqueda de redención… son asuntos que van más allá del tiempo y del lugar donde se representen. Los versos que creó Zorrilla han dejado una profunda huella en la literatura universal. La trascendencia de la redención de Don Juan cobra especial relieve a la vista de su lucha interna y su eventual arrepentimiento. 

Don Juan Tenorio personaje icónico, pero también terriblemente humano.