Horacio Otheguy Riveira.

En 2024, festejé con entusiasmo la feliz innovación de Pablo Remón con Tío Vania de Antón Chejov, Vania 1 y 2, ahora, el autor-director imprime firme carácter escénico a otra pieza admirable, esta vez, surgida de su propia narrativa con palpitaciones chejovianas: hábitat de nostalgia, pena, vida y muerte para que al final un insospechado solo de guitarra abandona toda penuria y se desliza por el patio de butacas en un arrullo íntimo, cadencioso, emocionante.

Juega bazas habituales en prolijas disquisiciones solitarias, con personajes que llegan (¿de otro mundo?) para contarnos su historia, generalmente cargada de emociones y/o de absurdas planicies surgidas de alguna vida cotidiana. Mas en esta Verborrea (nombre de un grupo de música punk) sus personajes tienen un vigoroso encanto. A mi entender, comunican empáticamente de tal modo con la masa anónima del público, que crean una preciosa atmósfera de contadores de historias al calor de una rara amistad, con el carromato familiar -de un ya lejano pasado- que vomita tierra, vestigios de un tiempo perdido.

De perder y ganar, de disfrutar y sufrir, de solidaridad y soledad va esta función que, con apariencia contracultural -como el propio grupo musical- desarrolla casi dos horas de un conmovedor teatro armado con la sapiencia de algunos clásicos con las manos tendidas de poetas limpios estridencias.

 

Intérpretes fabulosos

 

Javier Cámara, Israel Elejalde y Marta Nieto ya estuvieron en aquel dueto del autor ruso, y ahora les acompaña Emilio Tomé: un cuarteto que enaltece la armonía plena de las palabras en monólogos articulados con humor, melancolía, y destreza de una profunda madurez autoral.

Desde la primera escena, sencillamente nos embarcamos en la voz y manera de Javier Cámara en un discurso vitalista, brindando una suerte de coreografía en cada movimiento. Fluye su retrato de familia con padre franquista en un pueblo donde se le rinde pleitesía hasta fiarle las mejores chuletas… un ogro, un pobre hombre, y una fantasía de Rusia con la División Azul, brava temporada de mucho palique, pero ninguna verdad, pues nunca salió de España. Un tipo difícil que participa, dialoga con su hijo mayor, incluso ya muerto.

Desgarro, humor de finas ironías o pulidos sarcasmos que registran un pasado y una transición marginal, indagando poéticamente en los perfiles de seres a un lado de la historia…

Javier Cámara, Israel Elejalde, Emilio Tomé, Marta Nieto, Pablo Renom: comprometidos a fondo en el devenir de sus personajes.

 

 

 

 

 

 

Texto y dirección Pablo Remón

Espacio sonoro Sandra Vicente

Intérpretes:  Javier Cámara, Israel Elejalde, Marta Nieto y Emilio Tomé

Ayudante de dirección Juan Ollero

Escenografía: Mónica Boromello

Equipo producción Buxman Producciones Jordi Buxó, Pablo Ramos Escola y Lucía Naharro

Iluminación: David Picazo

Diseño de vestuario: Ana López Cóbos y Sara Sánchez de la Morena

Una producción de Nave 10 Matadero y Buxman Producciones, con el apoyo de Crea SGR