Por Concha Fernández. Universidad de Sevilla
Pese a que a Pedro Álvarez Ossorio le avala una muy larga trayectoria teatral, como creador, director, y actor, Nido de Cristal es la Ópera prima de Mutábile Teatro, que se estrena con la obra homónima de Esther Garboni, adaptada por Álvarez Ossorio, que cumple a la perfección con la declaración programática de la compañía: dar voz y vida teatral a obras creadas por dramaturgas andaluzas, proyectando en escena la complejidad de los conflictos de la mujer, con una perspectiva intimista capaz de romper barreras imposibles.
Dos mujeres, dos generaciones, el peso de un pasado y el enclaustramiento de esas dos mujeres, perfectamente transmitidos en una escenografía cerrada y geométrica, a la vez que frágil. El hermetismo se va rompiendo, tal vez por la presión del peso del pasado, y van surgiendo rendijas que, poco a poco, sin precipitación pero con pistas claras, van derrumbando las paredes hasta que no queda nada del ostracismo escénico inicial. Y esas fisuras se van abriendo por culpa de instrumentos externos, bien traídos y bien medidos por el director: una visita administrativa con motivo de un testamento, diversas y reiteradas llamadas telefónicas que se cuelan desde el pasado, y una carta festiva y amistosa que lo desencadenará todo se ven desde el comienzo como claras amenazas del mundo exterior.
Las actrices transmiten con eficacia y naturalidad una tensión dramática que nos mantiene atentos durante 80 minutos, especialmente Ángeles Ortiz, víctima y verdugo en igual medida, que, día a día, sigue construyendo una vida falsa para su hermana. Una puesta en escena acertada, jugando con los tiempos escénicos, haciendo convivir monólogos de distinga carga emocional en el mismo espacio y tiempo, con repetición de diálogos, una y otra vez, para mostrarnos una vida circular sin avances.
Y todo ello con la huella poética del texto de Garboni, que ensalza sin estridencias el valor de la amistad en la vecina Milagros, y que deja espacio a la ternura en escenas como la del collar o en la leve pero incontenible caricia de Aurora a su hermana mientras finge arrullar a un bebé.
Tal vez se echa en falta un mayor dramatismo formal en la escena final, que, no obstante, nos arranca el aplauso emocionado.
Y Mutábile Teatro no ha hecho más que empezar. Estaremos atentos.
Dirección y Adaptación: Pedro Álvarez-Ossorio
Ayudante de dirección: José Chaves
Escenografía y vestuario: Mar Aguilar y Lola Montiel
Espacio Sonoro: Santi Martinez
Iluminación: Carmen Costagali y Maria Costagali
Fotografía: Rafa Núñez




