Almas libres y joviales
María Belmonte
Acantilado
Barcelona, 2026
297 páginas
Por Ricardo Martínez Llorca / @rimllorca
No es nada sencillo organizar el mundo. De hecho, tal vez no merezca la pena intentarlo, porque cualquier fórmula lo hace menos interesante. Y organizar el mundo significa, en buena medida, catalogar a los seres que habitan en él, sobre todo a los humanos. No es una buena idea, porque lo que resulta atractivo tiene que ver con las pasiones y los catálogos son fórmulas demasiado intelectuales. Nuestra altura moral tiene que ver también con la zona de sombra que arrojamos y, en algunos casos, hasta con la doble vida. La pasión, la sombra, el doble, todo ello puede ser una obra de arte, si uno añade al guiso la imaginación. A veces uno tiene la impresión de que todo esto tiene que ver con la capacidad de fingir que tiene el contador de historias, ese que sabe crear aventuras de cualquier gesto, incluidos el de la propia aventura, ese que sabe de la importancia de transmitir riesgo hasta cuando habla de situaciones fáciles, ese que sabe que lo interesante de los otros está en lo que tienen que ocultar. De lo contrario, todos seríamos planos, aparentes, iguales. De ahí el valor que tiene rescatar a quien se ha mostrado tan diferente, libre y jovial, como reza el título de este magnético libro que ha escrito María Belmonte (Bilbao, 1953).
Nos vamos a enfrentar a cuatro perfiles más bien largos, pero no tanto como para considerar que estamos frente a biografías. Nietzsche, George Sand, Edward Lear y Gary Snyder no tienen, en un primer vistazo, demasiado en común. Pero de lo que se trata, lo que ocupa a Belmonte, es un sistema de valores, un renegar sin coger las armas. A riesgo de utilizar una expresión cursi, nos atreveríamos a decir que Belmonte indaga en el alma para buscar los puntos que tienen en común, esos que nos espolean a las rebeldías diarias, esos que nos incitan a no aceptar lo común, lo vulgar, lo que nos lleva a dar chillidos tipo «¡Vivan las cadenas!». Las expresiones que utiliza para referirse a ellos a lo largo del libro son bastante significativas y hacen referencia a ignorar las convenciones, hacer enemigos con sutileza, la dificultad del camino por muy brillante que sea tu talento, o la expresión con que se refiere a Nietzche: «Es un pirata que ha venido a sacudir la somnolencia, para que creemos, al fin, un mundo nuevo de valores». Ese pirata que pretendía fundar escuelas al servicio de los espíritus libres, inventando nuevas posibilidades de existencia, como las protagonizadas por sus compañeros de volumen. «¿Cómo vivir una vida propia en un mundo que quiere que seas como los demás?». Partiendo de esa pregunta Belmonte se adentra en unos perfiles que traza con mucho magnetismo, con un pulso sereno y sin demoras innecesarias. Va siguiendo las vidas de aquellos a los que a medida que conocemos iremos considerando modelos, maestros en la voluntad de vivir, de modo que lo que nos presenta es aquello que más tarde podríamos rastrear en su obra.
Los perfiles terminan con un detalle autobiográfico, con un viaje de la propia autora hacia alguno de los lugares que fueron más significativos en la vida de las personas señaladas. Decimos personas y no personajes, porque la complicidad que conseguimos al leer sobre ellos nos acerca más a querer entablar relación con ellos como amigos que como ideales. Belmonte ha escrito, en definitiva, un libro de perfiles que nos lleva a considerar que este género, tan poco divulgado, debería comenzar a considerarse como una de las mejores posibles aportaciones a la literatura en un mundo que precisa de ser explicado, no de ser organizado, porque la organización excesiva acaba con la libertad y la jovialidad del mundo.


