Cristina Osuna

De un manuscrito apenas esbozado a una película que enlaza tres épocas: el recorrido de La bola negra plantea una pregunta que va más allá del cine: cómo dialogar con una obra que su autor no pudo desarrollar sin confundir la imaginación con la historia.

Una obra de la que apenas queda el comienzo invita a imaginar, pero también obliga a detenerse: ¿cómo contar lo que pudo ser sin presentar como real algo que nunca llegó a existir?

Esa pregunta acompaña La bola negra, la película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, conocidos como Los Javis, que toma como punto de partida el proyecto teatral homónimo de Federico García Lorca. De aquel texto se conservan cuatro páginas manuscritas. Lo que queda es un esbozo: una lista de personajes y el inicio de una escena.

Las cuatro páginas se custodian en el Centro Federico García Lorca de Granada. Los dos primeros folios contienen una relación de personajes; los siguientes dan comienzo al primer acto, con un diálogo entre Carlos y su hermana. El subtítulo del proyecto lo describe como un «drama de costumbres actuales». Los documentos permiten entrever una obra que el autor apenas empezaba a construir, pero no conocer su desarrollo ni su desenlace.

En enero de 2026, La Vanguardia publicó imágenes de los documentos en un reportaje sobre los proyectos que Lorca dejó sin terminar. Las páginas conservadas ofrecen algunas pistas, pero no permiten reconstruir por sí solas la trama completa.

Parte de lo que se sabe sobre el argumento procede de otra fuente. Cipriano Rivas Cherif, director teatral y amigo de Lorca, recordó en un artículo publicado en Excélsior en enero de 1957 que el poeta le había contado una escena de la pieza: Carlos explica a su padre que lo han rechazado como socio de un casino por ser homosexual. La votación se resolvía mediante bolas blancas y negras; la negra suponía el rechazo. El episodio ayuda a entender el título, pero no aparece desarrollado en las páginas conservadas. Conviene distinguir entre el manuscrito de Lorca y el testimonio posterior de Rivas Cherif.

El camino hacia la película no empezó con el hallazgo de esas cuatro páginas. Los Javis ya conocían La piedra oscura, la obra teatral de Alberto Conejero estrenada en 2015 por el Centro Dramático Nacional con dirección de Pablo Messiez. La pieza imagina un encuentro entre Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y figura estrechamente vinculada a Lorca, y Sebastián, un personaje ficticio que lo custodia durante la Guerra Civil. Ese encuentro forma parte de la ficción teatral, no de los hechos históricos documentados.

Años después de conocer la obra, Javier Calvo volvió a leerla durante un viaje y encontró en ella el impulso para una película. En una entrevista con Infobae publicada el 30 de septiembre de 2026, los directores explicaron que la referencia a La bola negra dentro de La piedra oscura les llevó a investigar el manuscrito de Lorca.

Hay otro detalle que ilumina esa relación. En una hoja de proyectos de 1936, Lorca tachó el título La bola negra y escribió a su lado La piedra oscura. Alberto Conejero explicó este hallazgo en una entrevista publicada por La Voz de Galicia el 23 de octubre de 2026. Según el dramaturgo, el primer título aludía al sistema de bolas negras utilizado para rechazar solicitudes de ingreso en el casino de Granada; el cambio, en su opinión, apuntaba hacia una formulación más poética. La coincidencia enlaza ambos títulos, pero no convierte las dos obras en un mismo texto.

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