Foto de José Luis Trullo

He aquí otro lema para el estandarte que nunca portaré: «Nada está hecho, todo por hacer».

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Soy como el árbol, que sólo crece, florece y fructifica para poder volver a nacer.

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¿El elixir de la eterna juventud? No escarmentar.

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Los que renacemos todas las mañanas llegamos a la noche un poco menos viejos.

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Un corazón sólo se apolilla cuando recuerda más que proyecta.

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Fénix ejemplar: tú nunca vengativo, siempre prospectivo.

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Hay que imaginarse, como Camus, a Sísifo contento… y a Lot, reconcomiéndose por dentro.

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La humanidad, caída desde el principio de los tiempos, es la única, en el mundo entero, capaz de resucitar a la vida en plena vida: ¿no es eso, acaso, la poesía?

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Existe poca diferencia -aunque esencial- entre ser inmortal y renacer todos los días.

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Aprende de la vida, que vence a la muerte creciendo y multiplicándose.

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En ocasiones, me siento como aquel Lázaro que volvió de la tumba sólo para contar lo que no había visto.

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Si Cristo murió por nosotros fue para que nosotros pudiéramos resucitar con Él (ahora y en la hora de nuestra muerte).

 

Cristo de Santa Marina, procesionando por las calles de Sevilla durante el Domingo de Resurrección de 2017. Foto de José Luis Trullo