Pilar Martínez Manzanares.
Anthony Hopkins, uno de los actores más emblemáticos de nuestro tiempo, abre las puertas de su vida en Lo hicimos bien, chico, unas memorias que se leen con la intensidad de una novela y la sinceridad de una confesión íntima. Desde las primeras páginas, el lector se sumerge en la atmósfera áspera de Port Talbot, la ciudad industrial que lo vio crecer entre hombres endurecidos por la violencia y el alcohol. Ese entorno parecía condenarlo al fracaso, pero la revelación de Hamlet en una noche decisiva marcó el inicio de un camino que lo llevaría a convertirse en un intérprete universal.

El libro destaca por la honestidad brutal con la que Hopkins relata sus experiencias. No se limita a enumerar logros profesionales, sino que desnuda sus miedos, sus inseguridades y los demonios que lo han acompañado durante décadas. Esa vulnerabilidad, lejos de restarle grandeza, lo humaniza y lo convierte en un narrador cercano, capaz de tender puentes entre su historia personal y las emociones del lector.
Las memorias recorren episodios fundamentales de su carrera: su formación en la Royal Academy bajo la mirada exigente de Laurence Olivier, la influencia de Richard Burton, y por supuesto, el papel que lo inmortalizó como Hannibal Lecter. Cada capítulo está impregnado de anécdotas que revelan tanto la disciplina del actor como la fragilidad del hombre que se esconde detrás de los personajes. Hopkins no teme mostrar sus contradicciones, y esa valentía narrativa es uno de los mayores aciertos del libro.
Más allá de la trayectoria artística, Lo hicimos bien, chico es un viaje interior. Hopkins reflexiona sobre la oscuridad que lo ha acompañado y sobre la manera en que ha aprendido a mirarla con compasión y claridad. Sus palabras transmiten la idea de que el arte no solo es una profesión, sino una forma de redención y de búsqueda de sentido. El volumen se enriquece con fotografías personales que aportan una dimensión íntima y visual, reforzando la sensación de estar ante un testimonio auténtico y poderoso.
En definitiva, estas memorias son mucho más que la historia de un actor extraordinario: son la crónica de un hombre que ha sabido transformar el dolor en arte y la vulnerabilidad en fuerza. Hopkins nos recuerda que la vida, con sus sombras y luces, merece ser vivida con intensidad y gratitud. Un libro conmovedor, inspirador y profundamente humano.

