Horacio Otheguy Riveira.

El humor está siempre presente en Jet a sus 27 años en una situación límite que le permitirá la creación de algo genial, al fin algo genial. Una búsqueda frenética para buscar al invisible tipo que intentó matarla una noche de Halloween. Un suspense con páginas divertidas lindantes con el humor negro y el auténtico terror.

Tras un colorido comienzo en el que todas las mascaradas de Halloween existen para reír entre sobresaltos, comienza una travesía por el miedo más arraigado entre la gente rica de Estados Unidos, y de cualquier otro lugar del mundo donde se ultraprotegen con sofisticados sistemas de seguridad.

Pero la familia de Jet, los Mason, no gastan un duro en proteger su hermoso caserón con piscina, de manera que la más joven de la familia vuelve primero de la fiesta y, mientras festeja las alegrías de su perro, la asalta alguien que no ve, le da tres golpes que la dejan al borde de la muerte.

Con una enfermedad renal crónica, ya en el hospital, Margaret Jet Mason descubre que muy poca vida le queda, incluso si se opera la dolencia del cerebro no le deja más que un mínimo porcentaje de esperanza. Ella se niega, quiere aprovechar la semana que -aparentemente- le queda de vida para descubrir a su asesino.

Bromea lo justo y se enfrenta con entereza a su obsesiva madre, opérate, aprovecha esta ocasión, no nos hagas esto, y avanza a ciegas -nada se sabe de quien la atacó ni por qué alguien podría querer matarla, imposible, si soy un encanto, pero tras varias derrotas, abandono de la carrera de Derecho, sin trabajo y con una pesada insatisfacción sentimental… la apuesta por demostrar que es alguien superior que no teme a nada ni a nadie que se le interponga en el camino, deja el hogar (demasiado disfuncional con madre posesiva y padre blandengue), se aparta del borde matrimonio de su hermano Luke y su antigua amiga Sophie -ahora con un bebé que la tiene dominada a más no poder-, y se va al apartamento de Billy, su amigo de infancia que la salvó del desastre total echando la puerta abajo y llamando a la policía…

Jet Mason es un personaje intenso, formidable, sobre el que pesa la mayor riqueza de esta novela que avanza con muchos hallazgos y reiteraciones innecesarias, todo hay que decirlo, mas resulta difícil abandonarla, pendientes de tres preguntas fundamentales: ¿Cómo lo hará? ¿Hasta dónde será capaz de llegar? ¿Quién y por qué intentó matarla? Un auténtico festín para seguirla en su gran aventura hasta dar con un final que no defrauda, lo que ya es decir mucho, pues abundantes son los ríos de conflictos por los que navega.

 

UNO

Piel muerta gris, podrida hasta mostrar los tendones fibrosos de los músculos. Unas cuencas hundidas y gomosas rodeando unos ojos brillantes color avellana. Aunque estos eran suyos, en realidad; se movían mientras se estudiaba a sí misma. Unos dientes como mazorcas de maíz rancias, con sangre y restos de comida entre los huecos.

¿Qué decían que comían los zombis? ¿Solo cerebros, o tampoco les hacían ascos a las demás vísceras? Seguro que no les gustaba la manzana de caramelo que acababa de comerse. Jet contempló la imagen que le devolvía el espejo deformado de la atracción de feria: su cara de muerta… Perdón, su cara de no muerta. Vale, llevaba tres minutos enteros con la máscara puesta, así que su madre ya no podía quejarse y ella ya no podía respirar; el aire era de tofe caliente que se humedecía contra la goma y se le pegaba a la piel.

Se quitó la máscara. Seguía pálida, aunque algo menos gris; sin embargo, el espejo le alargaba la cara, redonda, y le distorsionaba las cejas gruesas y la nariz respingona. El pelo corto y rubio se le había puesto de punta; notó un zumbido de electricidad estática en la mano al aplastárselo.

—¿Jet? —¡Ostras! Dio un respingo. Detrás de ella, el espejo deformaba el rostro del chico, le aplastaba el cuerpo musculoso formando ondas de acordeón, pero Jet reconoció la voz. Joder, cómo no. JJ Lim. Pero no con su habitual pelo negro peinado hacia atrás y su piel morena clara. Llevaba una peluca de un rojo llamativo y un mono vaquero sobre una camiseta de rayas, además de unas cuchilladas del tamaño de las vías del tren dibujadas en la cara. Chucky. Habían visto aquella película juntos durante su tercera cita.

—No quería asustarte —resolló, incómodo.

—Es Halloween, de eso se trata.

Más incomodidad. Jet se alejó sin mirar hacia la visión no deformada de JJ y dejó atrás un puesto de tartas de calabaza y pan de manzana.

—Es que… —JJ se quitó la peluca y echó a andar tras ella, tropezó con un grupo de niños que llevaban la cara recién pintada. ¿Por qué la seguía? ¡Si le había puesto en bandeja una forma fácil de escapar de la situación! Otra vez—.

Perdona —continuó él—, me estaba preguntando… Es que… Bueno, muy divertido todo. Ahora Jet sí que estaba supercontenta de haber venido a la feria de Halloween. Todo Woodstock, Vermont, pululando por The Green, en el centro de la ciudad, y ella se las había ingeniado para encontrarse con la única persona a la que no quería ver. —¡Truco o trato! —le gritó un pequeño vampiro a Jet.

La chica esperaba que se atragantara con los colmillos babosos. ¿Los niños eran siempre así de pesados, o el subidón de azúcar se lo sacaba de dentro? Eran más de las diez; ¿a qué hora acostaban los padres a los niños? Desde luego, no lo bastante pronto, no me jodas. Aceleró el paso, pero JJ no se rindió.

—Jet, por favor. —La agarró del brazo—. Necesito hablar contigo de una cosa. Se detuvo, suspiró. Con «una cosa» se refería a «ellos», ¿no? Y ya no eran ellos, hacía meses que no lo eran. —Ahora no puedo. —Mentira—. Estoy ayudando a mis padres en el puesto de recaudación de fondos. —Mentira aún más gorda—.

¿Esas cicatrices te las ha dibujado Henry? Cambio de tema. JJ entornó los ojos perspicaces. —Por favor, Jet, es importante.

—Ah, «importante» —resopló Jet—, como cuando me dijiste que era lo mejor a lo que podías aspirar… en Woodstock. Menudo poeta, J.

—Sabes que no lo decía en ese sentido. Y no quiero hablar de nosotros, es…

—Eh, colega, creo que se te ha caído esto. La voz que habló por encima del hombro de JJ la salvó. Era el hermano de Jet, Luke, que se había agachado para recoger de la hierba la peluca roja y arrugada. Los alfilerazos de las guirnaldas de luces se le reflejaron en los ojos de color avellana, a juego con los de su hermana, cuando se irguió y se cuadró para pasarle la peluca a JJ. Este la cogió y, por fin, cogió también la indirecta y se perdió entre la multitud.

Holly Jackson es la autora de la serie «Asesinato para principiantes», que ocupó el número uno en la lista de superventas de The New York Times y fue un éxito internacional que vendió miles de ejemplares en todo el mundo. Asimismo, es autora de Five Survive, un clásico instantáneo que también alcanzó el número uno en la lista de superventas de The New York Times, y de El retorno de Rachel Price. Se graduó en la Universidad de Nottingham, donde estudio lingüística literaria y escritura creativa, y tiene un máster en Inglés. Le gustan los videojuegos y ver documentales de crímenes reales para poder fingir que es detective. Vive en Londres. (Invito a visitarla en Instagram donde se la ve más cercana, al margen de esta pose con aire fantasmal).