Por Eduardo Suárez Fernández-Miranda.

El escritor y ensayista Jordi Amat (Barcelona, 1978) es el autor de Vencer el miedo. Vida de Gabriel Ferrater. Se trata de una biografía que, a partir de materiales desconocidos, traza la semblanza de uno de los personajes más atractivos de la cultura europea de la segunda mitad del siglo XX. Ferrater fue “un mito para quienes le conocían. Seducía hablando de libros y bebía para brillar en reuniones con los más prestigiosos editores de su tiempo, pero también en cualquier bar con estudiantes o inesperados compañeros de tertulia”. Tuvimos la oportunidad de conversar con Jordi Amat sobre la gestación de su biografía y su visión del poeta Gabriel Ferrater.

1.- En el año 2022 se cumplió el centenario del nacimiento de uno de los grandes intelectuales catalanes de la segunda mitad del siglo XX, el poeta Gabriel Ferrater. ¿Qué le impulsó a escribir un libro sobre su figura y su obra?

A finales de la década de los noventa del siglo pasado empecé a investigar para escribir mi primera biografía. Entre los papeles personales del protagonista apareció el nombre de Juan Ferraté, el hermano de Gabriel. Lo llamé, lo entrevisté y mantuve una cierta relación de amistad y fascinación intelectual por él. Quedé atrapado en los misterios de esa familia. Después estuve estudiando durante años la reconstrucción de la cultura en la Cataluña de postguerra. Y en 2018 Jordi Cornudella y Edicions 62 me propusieron escribir la biografía. Imposible decir que no

2.- En la Nota del autor usted reconoce su deuda con los libros de Ramon Gomis y Eduard Bonet, o con el Àlbum Ferrater, de Jordi Cornudella y Núria Perpinyà. ¿Qué aporta su nuevo libro al conocimiento de Ferrater?

Aporta, de entrada, documentación. Alguna poco conocida y mucha inédita. Correspondencia no publicada con su madre, algunas cartas cruzadas con Helena Valentí y toda la intercambiada entre él y Jill Jarell, su única esposa. Muchísimas más cartas inéditas con escritores y editoriales. E información biográfica que va desde los diseños de maquinaria que hizo su familia (y la arruinó) hasta el listado de compras de libros de información que hizo durante la segunda mitad de los sesenta (y lo arruinó). O datos que estaban enterrados en la prensa y que las hemerotecas digitales permitan rescatar: entrevistas, crónicas o artículos. Cruzando información creo haber podida aclarar el episodio de su detención o de la relación con Helena Valentí o cuál fueron sus tratos con Gombrowicz. Y también doy noticia de la segunda novela -en este caso inacabada- que escribió con su amigo pintor José María de Martín.

Esa información nueva, junto a la ya conocida, esta al servicio del intento de construir la “identidad narrativa” del poeta Ferrater. Dicho con otras palabras, construir una “ilusión biográfica” para imaginar quién fue ese hombre. Por eso me interesa tanto explicar cómo se formó la burguesía de Reus, por ejemplo, o explorar las implicaciones éticas de su poesía confrontada con la moral de la época y, en especial, fijar su interpretación de la literatura que estudió antes de escribir poesía: Ausiàs March, Shakespeare y Carner. Al trabajar con documentos inéditos o desconocidos sobre estos tres autores, que leyó a fondo a mediados de la década de los cincuenta, creo que se aclara por qué apareció esa voz tan conectada con la lírica inglesa y tan enraizada con la poesía catalana y que cambió la dicción de la poesía catalana y propuso una moral digamos contemporánea para fundamentar una cultura que así pudo ser de su tiempo.

Y me gustaría pensar que mi práctica del género -esta es la séptima biografía que escribo- me ha dado un oficio que permite aportar conocimiento biográfico (la expresión de Anna Caballé) a través de Ferrater. Pero eso debería decidirlo el lector de buena fe.

3.- Vencer el miedo ha salido de forma simultánea en castellano (Tusquets) y catalán (Edicions 62). ¿Cree que la biografía tiene un interés adicional para el lector en castellano, quizás más desconocedor de la obra de Gabriel Ferrater?

No es fácil que una biografía encuentre lectores si el biografiado no forma parte del sistema de referencias de una cultura. ¿Forma parte Gabriel Ferrater del sistema de referencias de la cultura española? Diría que para muy poca gente. Y creo que es una lástima porque la obra de Ferrater es inmensa -la poesía, la crítica-, pero además su personalidad es fascinante. Es él como personaje, como gran intelectual y al mismo tiempo como ser radicalmente frágil, que me gustaría lograr interesar a lectores que nunca habían oído hablar de él.

4.- Su ensayo se inicia con estas palabras: “El día que Carles Riba murió, Gabriel Ferrater tenía treinta y siete años y casi dos meses”. ¿Cómo influyó el gran poeta barcelonés en la poética de Ferrater?

No tengo el conocimiento para decirte si influyó en su poética. Hay paralelos entre poesías del uno y del otro que han sido estudiados. Pienso en artículos de Jordi Malé, la persona que mejor podría responder a tu pregunta. Pero hay otra dimensión que sí me interesa más. No solo la de Ferrater como lector de Riba, como uno de sus mejores lectores y que conocemos gracias al Curs de literatura catalana contemporània. Lo que me impresiona es el ejemplo de exigencia que, a partir de 1955 más o menos, Ferrater aprendió en Riba: la radicalidad de la literatura como experiencia vital, la conciencia que las verdades de la vida pueden buscarse a través de la forma literaria. No hay mejor concreción de ello que una lectura que compartieron en los últimos años de la vida de Riba: Kavafis.

5.- Jaime Salinas recuerda en «Evocación de Gabriel Ferrater», recogido en el libro editado por Dolors Oller y Jaume Subirana en memoria del poeta de Reus, que “el reducido número de escritores catalanes que habían seguido fieles a su lengua formaban un mundo aparte y tenían pocos deseos de relacionarse con los castellanos escribientes”. ¿Qué idea tenía Ferrater del catalanismo? Usted ha tratado este tema en uno de sus anteriores trabajos: Largo proceso, amargo sueño.

El núcleo de la literatura de Ferrater es su poesía y Ferrater fue un poeta que decidió escribir en catalán en plena franquismo. ¿Fue una decisión política? No podía dejar de serlo, pero fundamentalmente era una decisión coherente con la tradición literaria que sentía como propia. Que esa pertinencia le llevase a un compromiso con el catalanismo me parece más dudoso. El principal compromiso de Ferrater era con la lucidez y la libertad individual. Por eso no estoy cómodo caracterizándolo como un intelectual. En su tiempo muchos asumieron ese papel y arriesgaron al comprometerse como intelectuales del catalanismo. No es su caso. O lo fue tangencialmente, al participar en plataformas del antifranquismo al final de sus días -el Festival del Price, el encierro de Montserrat, la Universitat Catalana d’Estiu-. En cualquier caso su idea del catalanismo, cuando la expuso, y lo hizo en esos cursos que antes le comentaba, fue muy crítica. Pero era una crítica que debe explicarse: era crítico con el catalanismo histórico de derechas porque consideraba que había sido “una máquina de tortura” para los escritores, una palanca de políticos para limar la libertad y lucidez de los intelectuales. Lo ejemplificó con Verdaguer, Maragall, Carner y Riba. Y lo hizo en un momento en que el catalanismo de postguerra elaboraba una crítica muy fuerte a ese catalanismo.

6.- En una entrevista recogida en el libro Opinions a la carta, Joan Ferraté se muestra muy crítico con algunos artículos que hablan de su hermano: “Les animalades que he vist escrites sobre en Gabriel, com que jo les contrasto amb el que sé (…)”. Y califica de “repugnant” un artículo de Benet i Jornet. ¿La figura de Gabriel Ferrater ha sido tratada injustamente por algunos críticos?

Ya en vida Ferrater era un personaje digamos legendario, mitificado, porque era un seductor y, al mismo tiempo, porque era un alcohólico. Era inevitable que, con los años, las anécdotas sobre ese mito se multiplicasen. Anécdotas ciertas, exageradas o falaces. Pero esa no es la crítica sobre Ferrater. La crítica es otra cosa. Desde los textos pioneros de Arthur Terry o Segimon Serrallonga hasta los análisis de Dolors Oller o Salvador Oliva o Cornudella pasando por monografías académicas como las de Laureano Bonet, Núria Perpinyà, Jordi Julià o Carlota Casas (y podría citar muchos más nombres), la realidad es que Ferrater ha sido uno de los autores de la literatura catalana del siglo XX más bien estudiado.

7.- De Vencer el miedo se desprende que Gabriel Ferrater estuvo rodeado de  personas que intentaron ayudarle, si no económicamente, sí ofreciéndole trabajos que pudieran dar estabilidad a su vida. Sin embargo, siempre pareció vivir a salto de mata. ¿Cuál era el verdadero interés de Ferrater, por el que hubiera podido encontrar una estabilidad laboral?

El título del libro que reúne su poesía establece los intereses vitales de Ferrater: las mujeres, los días. Las mujeres son el deseo como la posibilidad de una vida en constante plenitud. ¿Los días? Los días son la realidad y, por tanto, lo son todo, es decir, Ferrater era un hombre que se sabía vivió amando y apasionado por saber. Podía saber más que nadie -sobre literatura, en parte sobre lingüística o matemáticas-, pero ese saber extraordinario no encontró el modo de profesionalizarlo o de hacerlo compatible con el tipo de vida que quería vivir. Y que se parecía a la vida de un adolescente eterno, es decir, de un adulto irresponsable.

8.- En este sentido Joan Ferraté, al recordar su adolescencia y la de su hermano, señalaba que “en les nostres relacions fora de casa tampoc no hi va haver mai cap vigilancia. La llibertat vol dir també que no teníem guía, ni consell ni ajut”. ¿Cree que la vida que llevó Gabriel Ferrater, tan poco convencional, pudo haberse visto influida por este hecho?

Cuando la biografía adquiere valor literario, hace ahora un siglo, una de las claves del cambio es la consideración de la infancia y juventud de los biografiados como una etapa que nos determina. Los hermanos Ferrater crecieron en un ambiente liberal, sin disciplina, pero con mucha cultura. Crecieron en un hogar burgués de una ciudad burguesa de tamaño medio. Pero que había entrado ya en una cierta decadencia. Y esa suma de factores creo que sí, que explican o ayudan a explicar su libertad radical, tan extrema que integró la autodestrucción para poder vivirla. O para poder soportarla.

9.- En las deliberaciones del Prix Formentor, donde defendía a Witold Gombrowicz, o en sus conversaciones sobre literatura, se mostraba muy brillante. Sin embargo, no existen entrevistas, ni documentos sonoros, o audiovisuales que permitan recordarlo. Solo conozco su aclamada intervención en el Primer Festival Popular de Poesía Catalana, que se celebró el 25 de abril de 1970. ¿Ha podido consultar otros materiales de este tipo?

¿Te refieres a materiales audiovisuales? Es bastante sorprendente que se haya conservado documentación de ese tipo. No visual, pero sí sonora. Una lectura del Poema inacabat, una breve conferencia en la radio francesa, otra sobre Pompeu Fabra, algunas sobre literatura y en especial ese diamante en bruto que son algunas de las lecciones del curso de literatura catalana. Ese patrimonio sonoro puedes escucharlo ahora mismo: Càtedra Màrius Torres (udl.cat). Y aquí también, como bola extra, este ejemplar lleno de claves de interpretación escritas por Ferrater: Càtedra Màrius Torres (udl.cat)

10.- Mario Vargas Llosa, que le conoció a mediados de los años sesenta, le recuerda como “un cosmopolita, para mí muy representativo de la mejor tradición catalana, de sus grandes cosmopolitas, un poco enloquecidos en sus visiones, en sus entusiasmos, en sus pasiones y en su creatividad. Y la poesía de Gabriel es eso también, es una poesía muy poco condicionada por lo local, por la provincia. (…) Era una persona tremendamente vulnerable, muy poco preparado para eso que se llama la lucha por la vida”. ¿Qué visión tiene usted de Gabriel Ferrater después de haber escrito Vencer el miedo?

Para responder a esta pregunta he escrito casi cuatrocientas páginas y no sabía concentrarlo en una fórmula sencilla. Ferrater es una inteligencia privilegiada y un hombre marcado por la vulnerabilidad, pocas personas conocían mejor la mecánica de la vida y, al mismo tiempo, ese saber no sabía aplicarlo a su vida concreta. Él era perfectamente consciente de esas tensiones que atravesaban su vida y las resolvía, cuando podía, estudiando, escribiendo o amando. O bebiendo. Pero esas tensiones no siempre podía resolverlas y entonces se sentía asediado por el medio. Esa es la falla íntima a la que se refirió en su día Helena Valentí. Ella, que fue el eje moral de su reflexión sobre la moral, dijo que necesitaría pensar más para concretar qué era esa falla. Yo he intentado comprenderla. Y mi sensación es que, después del fin de la relación con Jarrell, aunque tuvo instantes de felicidad, empezó un hundimiento que él ni supo ni quiso evitar.