Cada año, cuando luce la séptima luna en la séptima noche del séptimo mes, un encuentro mágico se produce en el firmamento. Las grullas despliegan sus alas formando con ellas un puente sobre la Vía Láctea para que la Dama Tejedora Orihime pueda cruzar el Río Celestial y reunirse por fin con su amado Hikoboshi.
El romance de la Vía Láctea y otros estudios e historias nos traslada a un universo que parece sostenido entre la realidad y la fantasía. Lafcadio Hearn, el cronista inolvidable del Japón mágico, nos guía por paisajes, tradiciones y leyendas que hunden sus raíces en lo más profundo de la esencia nipona. Un compendio de narraciones extraordinarias, poemas espectrales y reflexiones profundamente humanas escrito con la maestría literaria y el ojo observador del mejor Lafcadio.
Publicado en 1905, muerto ya su autor con 54 años en 1904, a causa de un ataque al corazón, un ya casi ciego Hearn, que trabajaba noches enteras bajo una lámpara de mesa, escribiendo con la nariz pegada al papel, dejó preparada esta recopilación de escritos de diversa índole, un recorrido a salto de mata por un exótico jardín de flores raras, que reúne desde estudios literarios, lingüísticos y mitográficos, como el que da título al propio libro o el extenso «Poesía de espectros», hasta un pequeño ensayo filosófico, «Preguntas fundamentales», que refleja el profundo impacto que la filosofía de Herbert Spencer ejerció en el pensamiento e idiosincrasia del autor. Como una especie de involuntario testamento literario, encontramos en estas páginas todas las obsesiones e ideas de Hearn, además de algunos de sus párrafos más brillantes y visionarios, como el que cierra tanto el volumen como su último texto, el fascinante «Una carta desde Japón», donde aborda la descripción sociológica y cabría decir antropológica del impacto en la cultura y el arte populares de la guerra ruso-japonesa, entonces en pleno apogeo.
LAFCADIO HEARN (1850-1904), nacido en Grecia de padre irlandés y madre griega, fue uno de los primeros europeos en dar a conocer la cultura japonesa al lector occidental.
A los diecinueve años se trasladó a los Estados Unidos para iniciar su carrera de periodismo y posteriormente a Japón en 1890, donde pasaría el resto de su vida como profesor y escritor. Su larga estancia en Japón, sumada a su profundo conocimiento de la cultura y tradiciones niponas y a su imaginación poética y estilo narrativo le han asegurado un lugar privilegiado en la comunidad lectora occidental, pero su especial sensibilidad y su completa comprensión del temperamento japonés le han asegurado un lugar más privilegiado aún en el corazón de los japoneses, que aún le consideran el occidental que mejor les ha comprendido.
De su obra, de sus clases y conferencias en la Universidad de Tokio y de su obsesión por el pasado nipón nació la primera generación de mitólogos y estudiosos japoneses del folclore, que seguiría su ejemplo, salvando del olvido fábulas, leyendas, mitos y tradiciones que se habrían desvanecido entre el fragor de la modernidad con sus guerras y conflictos.
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«Incluso las naciones extranjeras que han mantenido un contacto estrecho
con el país han sido incapaces de comprender a cabalidad las capacidades de Japón.
Quizás su verdadera fortaleza no esté en oponerse a la agresión,
sino en su determinación para soportarla».
«Una carta desde Japón», Lafcadio Hearn
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