Eva Fraile. (Reina lectora).

Aldonza González se siente cómoda dentro del género de la ficción especulativa, al menos, esta es la etiqueta que prefiere para su reciente novela publicada, Vástagos. Esta obra nos plantea una premisa que por momentos puede ser terrorífica: todos los adultos están muriendo y solo quedan los niños. Aldonza es madre y nos confiesa que cree en la resiliencia de los más pequeños. Pero sea como fuere, nosotros no podemos dejar ya de preguntarnos por esta escritora que se ha atrevido a traer una épica historia dentro de un género donde a veces no es fácil navegar.

  • ¿Quiénes dirías, Aldonza, que son tus referentes literarios y cómo afecta esto en tu propia escritura?

Siempre he sido una lectora ecléctica. Empecé con los clásicos porque mi hermana, dos años mayor que yo, me pasaba los libros que le dejaban en Literatura Universal en el Instituto. Mi primer crush literario fue Alejandro Dumas, aunque más tarde llegaría Cumbres Borrascosas, el libro que más veces he leído en mi vida.

De la literatura latinoamericana siempre he tenido especial predilección hacia los autores de realismo mágico: Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, José Donoso.

En cuanto al género de la ficción especulativa, admiro mucho el trabajo de Margaret Atwood. De autores como Kazuo Ishiguro, Haruki Murakami e incluso Michel Houellebecq.

Cuando comencé a escribir no pensaba en un género concreto; la ciencia ficción fue una derivación natural, me daba cuenta de que mis relatos iban hacia ese terreno. Es un género que me permite crear escenarios fantasiosos que llevan al extremo a los personajes.

  • Mencionas que la ciencia ficción te permite explorar temas humanos a través de mundos fantásticos. ¿Podrías dar un ejemplo de cómo lo haces en Vástagos?

Vástagos es una distopía en un mundo arrasado por la desgracia. No es un mundo fantástico en sentido estricto, ni tampoco plenamente postapocalíptico, pero sí hipotético. Un escenario así, tan radical, me permitió explorar temas como la pérdida, el duelo y el abandono de manera directa, sin amortiguadores. Creo que en el mundo en el que vivimos a veces no damos espacio a ciertos sentimientos porque siempre hay algo de lo que podemos valernos para atenuarlos o taparlos. Incluso la felicidad está sofocada por el ritmo frenético en el que vivimos. Con un escenario como el de Vástagos los personajes no tienen nada que les permita escapar de esa realidad, por más que lo intenten. El amor de los dos hermanos protagonistas, sus dudas, sus emociones, todo eso el lector los experimenta de forma muy real, sin filtros.

  • Cuando empiezas una novela, ¿prefieres planificar la trama o dejar que los personajes marquen el rumbo?

Depende de cada proyecto, aunque en general me gusta definir previamente el rumbo que voy a tomar y tener claros los acontecimientos principales. A partir de ahí, dejo que los personajes me guíen en la manera de recorrer ese camino.

Vástagos tenía una escaleta muy definida al inicio, pero se fue transformando conforme personajes como Via, Robby o Sam fueron adquiriendo personalidad propia.

  • ¿Cómo definirías tu voz como escritora? ¿Qué crees que caracteriza a tus novelas?

Tengo un estilo de escritura muy directo y ágil. No me gusta abusar de las florituras. Lo esencial para mí es la idea que quiero plasmar y encontrar la forma de hacerlo a través de personajes no estereotipados. Me gusta adentrarme mucho en su psicología, comprender las motivaciones de todos y cada uno de mis personajes para que sus acciones sean coherentes.

  • Siempre he pensado, sobre todo en género de terror, que cuando el tema gira en torno a niños o ancianos, da mucho más miedo. Como si la vejez y la infancia fueran territorios un poco confusos… En Vástagos, la enfermedad ha arrasado con todos los adultos y solo sobreviven los niños. A esta infancia se le une, además, la soledad….

Creo que Vástagos aborda algunos de nuestros miedos más básicos y por eso, sin necesidad de recurrir al terror, al susto o a la violencia, te remueve por dentro. La soledad da más miedo que litros y litros de sangre escurriendo entre las páginas de un libro.

  • Háblame de Oliver y Vía.

A pesar de la premisa alrededor de la cual se construye la novela, Vástagos también narra una gran historia de amor: la de Oliver y Via. Dos hermanos que estaban destinados a no hacerse mucho caso entre ellos por la diferencia de edad. Sin embargo, la desgracia les une y dota a Via de una fuerza de la que no se creía capaz, que la transforma para sobrevivir, aunque no necesariamente en la dirección deseada.

Los niños poseen una capacidad prodigiosa para no perder la esperanza y tienen una chispa interior que los empuja a seguir adelante incluso cuando todo parece derrumbarse. Ese contraste entre fragilidad y determinación es el corazón de la relación entre Óliver y Via.

  • Se me cruzan muchos géneros también en Vástagos: el género post apocalíptico, ciencia ficción, ficción especulativa, historia de supervivencia, distopía, …  Si tuviéramos que quedarnos con uno, ¿cuál elegirías?

Me siento cómoda definiendo mis obras como ficción especulativa ya que es un género que engloba todas las historias ambientadas en escenarios opuestos a la realidad conocida o en el futuro, porque, al  menos a día de hoy, no podemos conocer el futuro.

Tal vez sería más fácil decir que Vástagos es ciencia ficción distópica, pero la etiqueta de “ciencia ficción” suele generar rechazo en lectores que la asocian con ciertas narrativas estereotipadas. Sin embargo, cuando esos lectores se atreven con estas obras suelen sorprenderse y disfrutarlas mucho.

  • Has dejado el listón muy alto con Vástagos, la verdad. ¿Cuáles son tus planes futuros?

Eso espero, aunque siempre es una responsabilidad enorme estar a la altura de los lectores. Recientemente he empezado un nuevo proyecto, aunque en esta ocasión se trata de una historia familiar con un estilo muy diferente y tintes de autoficción. Es un reto nuevo y también una oportunidad para explorar otras facetas de mi voz narrativa.