ESPAÑA EN SORDINA
LOS TRENES ERAN EL ORGULLO DE ESPAÑA

Los trenes eran un orgullo para España.
¿Qué han hecho con ellos?
Recuerdo cuando en los años noventa pregunté en la estación de Atocha cuánto costaba un billete en el AVE. Esta maravillado con que se pudiera llegar a Sevilla en poco más de dos horas, pero mi economía era precaria. Más tarde fui en el AVE con Consuelo, comimos en un restaurante tan atmosférico de Triana y visitamos el monumento a Bécquer en el Parque de María Luisa.
Otra vez fuimos en el AVE a Córdoba y visitamos la calle del Pañuelo, y otra vez fuimos a Valencia y comimos horchata de verdad cerca de la Lonja gótica.
Y también fuimos a Barcelona y vimos otra vez mi calle Joaquín Costa y El bosque de las hadas, un pub que es un laberinto de árboles al final de las Ramblas.
Estaba encantado con el AVE, aunque ponían el AVE caro a la fuerza y suprimían los trenes normales más asequibles. Los trenes españoles se contrataban en Arabia, sabe Dios dónde.
Cuando tenía quince años fui en el tren Shangai de Monforte de Lemos a Barcelona. Era un viaje larguísimo pero uno veía un montón de cosas y tenía un montón de experiencias. España entera se le mostraba en intimidades o grandiosidades.
Pasé por tantas ciudades españolas de manera esquinada al amanecer o en mitad de la noche. En Astorga siempre se subía un tipo a ofrecer los famosos mantecados de Astorga. Había una ruta de la Plata que llevaba desde Salamanca a Sevilla. En tren se iba muy bien desde Madrid a Galicia, pasando 17 túneles después de Zamora. Y también las Cercanías funcionaban muy bien, acercaban las ciudades y los ambientes.
Luego empezaron a eliminar trenes. Y empezaron a construir estaciones galácticas muy lejos de las ciudades como aeropuertos. Recuerdo alguna totalmente desolada, donde ni salía agua de los grifos. Solo había máquinas expendedoras que tragaban el dinero y no funcionaban.
Pero la red era completa y bifurcada. Y las averías eran una excepción y te pagaban si el tren tenía retraso. Y ya no digo más: en el tren te daban una revista muy bien editada y veías películas.
La verdad es que hicieron después trenes herméticamente cerrados, totalmente aislados de la naturaleza, donde no entraba el aire. Y el aire acondicionado o la calefacción funcionaban con exageración y te apartaban totalmente del mundo.
Pero al menos veías pasar paisajes y niños despidiendo a sus abuelas en las estaciones. El tren fue una cultura y una época en España, como en aquel poema fascinante de Dámaso Alonso, “Mujer con alcuza”, sobre una mujer que recorría un tren infinito y ya no distinguía ni las estaciones ni las épocas.
Los trenes conectaban España, unían España. E incluso dentro de ellos los españoles se transformaban y se enriquecían. Desde la época en que campesinos compartían su comida hasta las épocas más estiradas con gente pija que ni te hablaba y a lo sumo sacaba un sándwich de diseño.
Mi tía Luisa cuando iba de Monforte a Barcelona llevaba sacos enteros de provisiones, jamones y chorizos para mi hermano. Y molestaba a los taxistas y a los viajeros del vagón. Pero eran trenes humanos, por los cuales los lugares más remotos de España se comunicaban, igual que los trenes de Yugoslavia conectaban las montañas y los mares, el sur montenegrino con el norte esloveno, la zona del Danubio y los acantilados del Adriático. También en España andaluces comiendo eses conectaban con gallegos muertos de saudade.
Los trenes eran un orgullo para España. ¿Qué han hecho con ellos?
ANTONIO COSTA GÓMEZ
CONSUELO DE ARCO: ESTACIÓN DE TRENES DE JEREZ

