Antonio Jorge Meroño Campillo.
Bueno, ya está, me voy, dejo la carta a Leonard en su despacho, en nuestro despacho, cómo va a reaccionar?. Mal, han sido tantos años de sufrimientos y alegrías compartidos, su mesa, nuestra mesa, con el pisapapeles que le regalé por su cuarenta cumpleaños, y libros, por todos lados, los míos, de los que siempre ha sido el mejor critico, mejor que Lytton, libros de tantas promesas dex nuestras letras, pero nunca el Ulysses del jesuita de Joyce, un sermón intragable. Me he dejado el chal, hace frío, aún tengo el sabor del té y el cigarrillo, estas anémonas están preciosas en esta época del año, y el canto matutino de estos estorninos, que ayer, de nuevo, escuché hablarme en griego, antes de desmayarme, y Leonard llevándome a la cama, y luego el doctor Jones, y el vaso de leche de Leonard, y las promesas de que me pondré bien y podré escribir, y caminar por el campo, e ir a Londres a ver a Vita o a Nessa, pero no, no puedo más, todo el rato esas voces, esos gritos, y mamá que se aparece en mis sueños, y me despierto agitada, con palpitaciones, sudorosa, y me echo un trago de agua de albaricoque al gaznate y me levanto y lío un cigarro y me tomo una de esas pastillas y me vulevo dormir, para despertarme a mediodía, con el cuerpo como si me hubieran dado una paliza, y el dolor de cabeza y los espasmos y el temblor de pulso.

No, ya no puedo más, esto no es vida, yo sólo quería ser feliz con Leonard, con Vita, con Nessa, con Maynard, con Lytton, con mis paseos, el té, la empanada de liebre, el cigarrillo, el canto de los pajarillos, pero es que este lamentable estado me acompaña desde niña, hace más de cincuenta años, y médicos, y medicinas, y curas, e insomnio e inapetencia y más medicinas y los cuidados de papá y de Nessa y luego de Leonard, y las restriccones, nada de viajes, nada de Londres ni tearo ni cine ni conciertos, aquí recluida, sometida a un régimen conventual, y mi vientre estéril, y mis pasiones dormidas, soy una prisionera, basta ya.
Hace frío para esta época del año, pero el campo está precioso, buena compañía para mi último paseo, tengo ganas de llorar, voy a echar tanto de menos a Nessa, a Leonard, ellos, sin duda, me añorarán, quizás no quiera de veras morir, sea otro de los deseos de mi mente enferma. He dedicado todas mis energías a una obra que, espero, quede en los anales de las letras inglesas de este siglo, la gente que me quiere así lo cree. Tengo frío, cómo me cuesta respirar, voy a aminorar el paso, qué lejos está este río. ¿Será verdad que antes de morir pasan por tu mente las mejores imágenes de tu vida, como si estuvieras en el cine?…Podría ver a mamá, a papá, a tanta gente que me abandonó.
Leonard, Leonard, aparece, sálvame otra vez, aunque sea la última: «Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de estas espantosas temporadas. Este vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme, así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido, en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más, sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que…Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me que nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo. No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros….».
De todos modos, aunque con miedo, me voy tranquila, sé que Leonard saldrá adelante sin mí. Quizás entre definitivamente en política, al Parlamento, por qué no, cuando termine esta horrible guerra. El mundo libre debe derrotar a ese psicópata de Hitler, y emerger algo nuevo, con paz y prosperidad, donde todo el mundo pueda vivir dignamente y en paz.
Sí, Leonard ha sido un marido ideal, fiel, comprensivo. Jamás le he escuchado una alusión a mi relación con Vita, relación que ni siquiera para nosotras dos ha estado nunca clara. Quizá nos hemos querido, pero ella es tan posesiva, y yo tan egoísta.
Pero en mis relaciones creo haber sido feliz, constante, y haber aprovechado lo que la vida me ha ofrecido. Espero que Vita tenga un buen recuerdo de mí, que me eche de menos y me añore, que haya sido feliz conmigo, que me siga leyendo, siempre le gustaron mis escritos.
¿Dejo una obra perdurable, me sobrevivirá?. He dedicado tantas de mis escasas fuerzas a mi proyecto literario. Quizás «Las olas» sea la obra de la que más satisfecha estoy. Experimental, flujo de conciencia, me inspiré en mi propia mente, en mi diálogo conmigo misma, y la escribí durante una de mis peores crisis. También Orlando tiene mucho de mí, de mis fantasías, de mi vientre estéril. Otra cosa es mi ensayo «Un cuarto propio», que tanto éxito ha tenido. Muchos quisieron ver en mí a una adalid del feminismo: no sé, nunca me ha gustado portar ninguna bandera, aunque la causa de la liberación de la mujer me es muy querida, claro.
Ya puedo ver el río, el agua debe estar helada. Tengo miedo, en el fondo sé que no merezco morir, he sido buena, justa, me quedan muchas cosas por hacer…ay, sí, este escalón, ya está, qué frío, con estas piedras no tardaré en hundirme, se acabó….

