Eduardo Suárez Fernández-Miranda.
Joseph Conrad es un novelista genial, una de las más altas cumbres de la literatura inglesa, y al mismo tiempo un escritor incómodo en aquel privilegiado Olimpo. Es distinto a sus contemporáneos, y también a sus antecesores, por la opulencia tonal de su lenguaje, por el tratamiento de sus temas, por la mirada con que contempla al mundo y a los hombres. Sergio Pitol.

Józef Teodor Konrad Korzeniowski, Joseph Conrad para el mundo de las letras, nació en Berdiczew (Ucrania) en 1857. En su extraordinaria obra literaria se sirvió del mar como escenario para plantear los insolubles problemas morales y de conciencia de sus personajes. Nacido polaco, se hizo escritor en el inglés más sublime de su época.
Más de la mitad de su vida la pasó el autor de El corazón de las tinieblas vinculado al mar. Desde su primera experiencia en la marina mercante francesa, o como aprendiz en un buque británico, llegando a alcanzar el título de patrón. Abandonó sus aventuras marítimas para continuarlas en la ficción. Su primera novela, La locura de Almayer se publica en 1895 y ya se perfila su gusto por el mar. Luego vendrían Lord Jim (1900), Juventud (1902), El agente secreto (1907) o Entre tierra y mar (1912), que publica la editorial Alba en su colección Alba Minus.
Entre tierra y mar reúne tres relatos que Joseph Conrad había escrito y publicado con anterioridad. Juntos forman una trilogía que tienen como escenario los mares del Índico. Como el propio autor reconoce, reflejan “el carácter, la visión y el sentimiento de los primeros veinte años que fui independiente en mi vida”. Las tres historias gozaron, en su momento, de un gran éxito de público y crítica, siendo continuamente reeditadas.
‘Una sonrisa de la fortuna’, ‘Quien compartió el secreto’ y ‘Freya, la de las Siete Islas’ son los títulos de tres historias que demuestran el gran conocimiento que poseía Conrad del espíritu humano: “El hombre, e incluso el hombre de mar, es un animal caprichoso, criatura y víctima de las oportunidades perdidas”. En otro de los relatos trata el tema del doble con gran amplitud de interpretaciones. Con el último relato, nos adentramos en una de las historias más desoladoras que ha surgido de la mente de Joseph Conrad.
Leerle es “poner los pies sobre una infirme tierra de portentos, perderse en las varias capas de significación que esas páginas proponen, postrarse ante un lenguaje construido por una retórica soberbia, agitada por ráfagas de ironía corrosiva”.

