Héctor Peña Manterola.
Vive en Reino Unido, donde disfruta de paseos por el bosque y de las historias que habitan en él. Ganó su primer certamen literario en el colegio con un cuento sobre fantasmas; cuando lo premiaron con varios libros, supo que la lectura y la escritura estarían siempre en su vida. Estudió Periodismo y, mientras ejercía en la radio o colaboraba en prensa escrita, los personajes de sus relatos se enfrentaban a incontables penurias. En 2022 se convirtió en uno de los ganadores de los Premios Rickman de fantasía y ciencia ficción con su relato La cuna ancestral, en el que la protagonista protege a su pueblo de unas criaturas letales mientras sufre una crisis de fe. El relato formó parte de la antología Guerra y Paz. En tus manos tienes ahora El hechicero de Karzóin, su primera novela, publicada con Entre Libros Editorial.

- HÉCTOR PEÑA.- Buenos días, Gonzalo. Tras el éxito de tu relato La cuna ancestral en los Premios Rickman, El hechicero de Karzóin supone un paso adelante en asuntos como extensión, complejidad argumental… ¿Cómo fue ese salto del relato breve a la complejidad de una novela completa?
RESPUESTA.- Buenos días, Héctor. En realidad, el salto fue a la inversa, porque ya tenía prácticamente terminado el manuscrito de El hechicero de Karzóin cuando me presenté a los Premios Rickman, allá por 2022. Y, en cierto modo, el relato corto me resultó más difícil. Escribir un libro conlleva enfrentarse a una serie de quebraderos de cabeza, desde luego, pero en este caso se añadía el desafío adicional de concentrarlo todo en apenas unas páginas.
Uno quiere construir una trama sólida, unos personajes complejos y una resolución satisfactoria del conflicto, pero ¿cómo hacerlo cuando solo te permiten rellenar unas pocas páginas? Prefiero la complejidad de escribir una novela completa, donde al menos tienes mayor margen de maniobra para solucionar los problemas que presenta la historia.
- HP.- Tu biografía menciona que disfrutas de paseos por los bosques británicos. ¿Cuánto de esa atmósfera de Reino Unido se ha filtrado en los paisajes de El hechicero de Karzóin?
RESPUESTA.- Mucho. En estos tiempos de estrés, de prisas y de estar hiperconectados, pasear para disfrutar de la naturaleza es casi un acto revolucionario. Los árboles no solo me han servido de inspiración directa para crear escenas concretas de la novela, sino que me han dado la paz y la calma necesarias para mantenerme creativo. No hay nada como un buen paseo, lejos de las pantallas y con la brisa en la cara, para despejarse y volver al trabajo con ganas.
- HP.- Como periodista de radio y prensa, estás acostumbrado a contar la realidad. ¿Crees que la fantasía permite relatarla sin los filtros propios de cada época? Mucho se habló sobre Tolkien…
RESPUESTA.- Creo que depende. Es cierto que a través del género fantástico podemos representar cualquier conflicto humano con una libertad enorme, sin los límites lógicos de, por ejemplo, la novela realista. Ahora bien, las circunstancias de cada época tienen una influencia innegable en el tipo de fantasía que se publica. Ahora que mencionas a Tolkien, recordemos que él era un veterano de la Primera Guerra Mundial, y muchos especialistas consideran que la relación de Frodo y Sam es un reflejo de la camaradería que el escritor vivió en las trincheras. El autor se permitió explorar esa relación con la libertad propia del género fantástico, pero la influencia de su época en su obra era inevitable.
Con El hechicero de Karzóin pasa algo parecido. He explorado temas humanos y realidades con toda la libertad que la fantasía concede, pero me he centrado en una realidad específica, muy de nuestro tiempo. Hablo de un protagonista que sufre acoso escolar, de cómo esa experiencia impacta en su autoestima y de cómo se fortalece a lo largo de una aventura. A pesar de la libertad formal propia del género, la novela la codifican los parámetros de la época que me ha tocado vivir.
- HP.- ¿Cómo ha sido el proceso de worldbuilding y la creación de la magia de la novela?
RESPUESTA.- Fue la parte más divertida. Imaginé un pasado remotísimo en donde seres fantásticos, venidos de otro orbe, lograron contactar con nuestros antepasados lejanos. Aquella humanidad prehistórica supo de la existencia de los elfos, de las hadas y hasta de los dragones. Sin embargo, la conexión entre ambos mundos se cerró, y los descendientes de aquellos humanos empezaron a creer que todos esos seres no eran más que el producto de cuentos y leyendas. Todo eso cambia al inicio de esta historia, claro, cuando los elfos vuelven a contactarnos para pedir ayuda.
- HP.- ¿Podrías hablarnos del trío protagonista?
RESPUESTA.- Los protagonistas son dos estudiantes de instituto, Marco y Leo, y su profesor de Historia, don Fernando. Marco es tímido e inseguro; Leo, su mejor amigo, tiene un corazón enorme pero es bastante impulsivo; y el profesor, aunque tiene su lado sensible, es un cascarrabias que no duda en echar broncas cuando hace falta.
Los alumnos, que son unos frikis de los juegos de rol en una época en la que serlo no era especialmente popular, descubren lo que parece un juego de mesa prometedor… Y hasta ahí puedo decir. Para no desvelar mucho más, solo contaré que algunos lectores han descrito la novela como una mezcla entre Las crónicas de Narnia y Jumanji.
- HP.- En El hechicero de Karzóin encontramos numerosas criaturas fantásticas. En lo personal, me encantaron los escarabajos. ¿De qué imaginario bebiste para diseñarlas?
RESPUESTA.- ¡Gracias! Me inspiré sobre todo en el folclore. No quería que este mundo de fantasía fuese el típico de elfos guapos, esbeltos y solemnes, o de humanos brujos y guerreros. Es decir, no quería inspirarme en mis escritores favoritos del género, sino en la tradición popular. Por eso mis hadas no son seres de luz, sino criaturas poco fiables con sirvientes que quieren raptarte; mis elfos son muy bajitos y de orejas enormes, y los gnomos, que viven al amparo de los enanos, son bastante comunes.
La idea de que los escarabajos fuesen un medio de transporte se me ocurrió leyendo sobre folclore galés. ¿Sabías que el corgi, ese perro tan mono y pequeñito, es el corcel de batalla de las hadas de Gales? Cuando leí eso, enseguida pensé en cómo sería cabalgar un escarabajo, que son tan fuertes en proporción a su tamaño. Me fascinan esos bichos.
- HP.- El género fantástico vive un momento de enorme expansión en España. ¿Cómo ves este panorama en comparación con Reino Unido?
RESPUESTA.- España ha dado saltos de gigante en los últimos años, y ahora hay una variedad de subgéneros enorme. La serie de televisión de Juego de Tronos hizo que mucha gente se acercara a los libros de Canción de Hielo y Fuego, y ahora gracias a TikTok y a Instagram vemos que el romantasy lleva un tiempo atrayendo a lectores a la sección de fantasía. Todo esto me pone muy contento. Solo desearía que los libros en España fueran tan baratos como en Reino Unido; ¡aquí puedes comprarte libros de Brandon Sanderson por diez o doce libras!
- HP.- Una de las preguntas clásicas, ¿en qué estás trabajando ahora?
RESPUESTA.- Llevo un tiempo trabajando en una novela de fantasía ambientada en Londres. La protagonista es una bruja que lucha contra un magnate que, además de corrupto e inmoral hasta la médula, es un nigromante peligroso. Estoy disfrutando mucho del proceso creativo.
- HP.- Crucemos el espejo de vuelta a esta realidad. Gracias por tu tiempo, Gonzalo. Querría terminar con un alegato final. A ese lector indeciso acosado por cientos de novedades mensuales, ¿qué le dirías para convencerlo de que El hechicero de Karzóin es la correcta?
RESPUESTA Y CIERRE.- Las reseñas de quienes han leído el libro destacan la humanidad y la evolución de los personajes, el tono cercano y los toques de humor en medio de una aventura enorme. Es curioso, pero escribí esta novela pensando en un público juvenil, y al final resulta que hay cantidad de adultos (algunos peinando canas) que la han disfrutado mucho. Recuerdo con cariño a un lector adulto que la compró una mañana en la Feria del Libro de Madrid. Esa misma noche, publicó una reseña contando que se había bebido el libro durante el día y que le había encantado.
Supongo que se lo recomendaría a cualquiera que le entusiasme la idea de leer una novela de fantasía clásica, pero escrita desde un prisma actual. El hechicero de Karzóin es la historia de un viaje y una misión, y entre sus ingredientes principales figuran la magia, la amistad y… ¡un desatascador de váter!

