Horacio Otheguy Riveira.
Desde un comienzo impactante, Olga Osorio -con gran dominio del lenguaje cinematográfico- permite que entremos en un complejo universo que va del terror psicológico a la ciencia ficción.
«1.- Su primer pensamiento al despertar es «quién soy», seguido, por supuesto, de «dónde estoy». Y es todo tan tópico que incluso le hace gracia. O se la haría si no fuera porque la confusión no deja espacio para nada más, como si regresara del más profundo de los sueños y se abriera paso hacia la realidad arrancando a duras penas y a jirones la niebla de su mente.
Pero no es un despertar normal. Para empezar, no está en su cama, sino en un callejón cochambroso, a pleno día. Los contenedores abarrotados y las manchas de las paredes delatan la pobreza y abandono de esa calle flanqueada por puertas de almacenes y las partes traseras de algún establecimiento de origen asiático.
Nunca ha estado allí antes y no tiene ni idea de cómo ha llegado. Siente miedo y frío.
Se toca los brazos desnudos y se estremece. La luz le hace daño y la obliga a cerrar los ojos mientras lucha por ubicarse y reconstruir qué ha sucedido.
Su último recuerdo es que iba caminando por la calle de Alcalá, tras una reunión en Interior para la que se había preparado con su equipo durante semanas. Pensar en eso la reconforta: salió de allí con la promesa de que, en adelante, su empresa se encargaría de la seguridad informática de todo el ministerio. Estaba contándoselo por teléfono a Marcos, su asistente. El semáforo se puso en rojo, ella se detuvo y… ¿y después qué? ¿Qué pasó a continuación? En su memoria hay un fundido a negro y luego nada.
Marcos. Sí, él sabrá qué ha ocurrido o, al menos, podrá ayudarla; es la eficacia hecha ser humano. Busca su móvil para llamarlo, pero, al moverse, la vista se le nubla. Un intenso pitido le taladra el cerebro y el dolor se vuelve tan insoportable que se desmaya.
***
Cuando recobra el conocimiento sigue en la misma posición. De nuevo se toca la cabeza y se examina la mano con precaución. Por suerte, no hay rastro de sangre. Entonces… ¿qué le ha ocurrido? Se fuerza a contener el torrente de especulaciones, los alaridos de su cerebro que no ayudan lo más mínimo. Alguien vendrá enseguida, se dice. Solo debe tranquilizarse y esperar. Aunque es extraño que nadie haya aparecido aún. Es una ciudad de más de tres millones de habitantes: hay gente por todas partes, joder, incluso demasiada. ¿Dónde está la puta gente cuando de verdad se la necesita?
¿Y si está atrapada en una pesadilla, como en una mala serie televisiva? Menuda estupidez. David, su marido, asegura que a menudo es consciente de que está dormido y que eso le permite manipular sus sueños. Ella cree que se lo inventa o lo imagina, pero ahora mismo daría lo que fuera por que tuviese razón. Lo duda, pero ojalá.
La ropa que lleva puesta tampoco le resulta familiar. Alguien la ha desnudado y luego la ha vestido con… un pantalón negro ajustado y barato con un cinturón de leopardo, unas botas viejas de tacón, un plumífero fino del Decathlon y, debajo, una camiseta también negra, con una rosa bordada. Rehúye pensar en las implicaciones obvias. Pero hay algo que no cuadra. Si la han violado cuando estaba inconsciente, ¿por qué vestirla de nuevo con esa facha? ¿Por qué no limitarse a dejarla allí tirada con la ropa desgarrada? Cuanto más piensa más se asusta. Tal vez le hayan hecho algo monstruoso… ¿Qué exactamente? ¿Por qué? ¿Qué demonios está pasando?
Su móvil y su portátil han desaparecido. Desde ellos es de lo más sencillo acceder a sus contraseñas, correo e incluso muchos datos sensibles de su empresa. Necesita avisar a Marcos de inmediato para que los bloquee. Frenética , vuelve a buscar su teléfono con un ademán tan mecánico como absurdo, como si no acabara de enterarse de que se lo han robado.
Aunque es una solemne tontería, una especie de pudor le impide alzar la voz pidiendo auxilio. Abre la boca y la vuelve a cerrar. Imagina que el grito debería ser instintivo, pero así, tan consciente y calculado, como que no le sale. Se fuerza a hacerlo. «Ayuda», verbaliza mentalmente. Al abrir la boca para pronunciarlo, algo le oprime la garganta, una presión densa, casi física, como si no fuera capaz de dar forma a su propia voz. Finalmente , consigue emitir un sonido estrangulado.
—¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¡Necesito ayuda!…»
Afán de posesión
Tras el comienzo que acabamos de leer, un torrente de conflictos invita a dejarnos llevar por un circuito de montaña rusa de atractivo clímax narrativo donde un proyecto científico se da de bruces con la angustia de la protagonista.
Desde luego -como es propio en el género más o menos fantástico- tiene zonas, en la recta final, donde todo se le complica, pero, tras superar la pesadez de ciertas explicaciones, logra un final con doble ración de interés: por un lado, el desenlace de la valiente protagonista, y por otro, grata sorpresa, un epílogo en el que el afán de posesión de ciertos personajes alcanza cotas de mórbida perversión, y esto ya en el ámbito de lo dado por normal, en la avidez por controlar exhaustivamente el presente y futuro de los hijos…
—Piensas que tuve un accidente grave y que al salir del coma se han activado áreas de mi cerebro que me hacen creer que soy Bárbara. Pero que, según tú, yo siempre he sigo Juliana —enuncia despacio, mientras ella misma trata de digerir qué implica lo que está diciendo.
—Creo que estás experimentando una fuga disociativa, probablemente vinculada con un daño cerebral. Y sí, el resumen vendría a ser eso que has dicho.
Olga Osorio (Lugo, 1972) es directora y guionista audiovisual. Sus trabajos han recibido numerosos premios y han sido seleccionados en festivales como Sitges, Fantasia, Seattle International Film Festival, New York Children International Film Festival, Rhode Island, Palm Springs, Leed, River Run y un largo etcétera. Su último largometraje es El secreto del orfebre, una adaptación de la novela de Elia Barceló del mismo título. Durante más de veinte años, ha sido también profesora de cine en la Escola de Imaxe e Son de A Coruña y en la Facultad de Comunicación Audiovisual de la misma ciudad. Es catedrática de Secundaria en Procesos y Medios de Comunicación, doctora en Humanidades y licenciada en Periodismo. ‘Extraña’ es su primera novela.



