JOSÉ LUIS MUÑOZ.
Primera y muy ambiciosa novela La noche de las flores de la burgalesa María Estébanez Espinosa, licenciada en periodismo por la Universidad de Navarra. Novela de intriga policial que tiene como investigadores a dos periodistas, Julia Galván y Jaime Bonet, que relacionan el asesinato de Juan de Benavides en un pequeño Valle de Cantabria — La entrada al Valle resultaba fantasmagórica Una carretera estrecha y llena de curvas conducía al corazón de las montañas. La niebla, baja y densa, escondía bajo su manto la mayor parte del paisaje —y la desaparición de la joven Carla Blanch en Bilbao — El cuerpo flotaba entre los barcos que, amarrados, parecían descansar al calor de los primeros rayos de sol tras una fría noche de viento y marejada —con un crimen mucho más antiguo: Han pasado veinte años entre el crimen del juez Urbieta y los asesinatos de Carla y Juan.

Nada que objetar a la calidad literaria de este primer libro de la escritora en el que encontramos numerosas muestras de su talento: Agarré la taza mientras con la manta extendida trataba de cubrirte las piernas. El ruido de la calle vaticinaba el peor de los finales. Asustado, me tumbé a tu lado. Besé tu mano y dejamos de hablar. Pasamos horas acurrucados. Sin hablar. El frío de tu cuerpo impregnó cada uno de mis huesos. Y dejé de notar tu calor. Para siempre. Y la autora describe bien y no se corta con la violencia: Disparé de nuevo. La sangre comenzó a empapar las sábanas mientras Juan agonizaba sobre la cama. Aún consciente, sonreí sabiendo que esa imagen jamás podría borrarla de mi mente.
Abundan en la novela las reflexiones sobre el amor: El amor es peligroso, nubla a las personas. Y el desamor nos termina por demoniza; el miedo: El miedo mata. Lo hace de una forma lenta y sigilosa. Te aprieta el cuello con sus manos, rudas y sudorosas, hasta dejarte sin aliento; y el dolor: Nadie te prepara para lo peor. Y nadie te enseña a sobrevivir a ese dolor que se adueña de tu cuerpo y de tu mente lanzándote al fondo del mar. Y te ahoga.
¿Qué falla en la novela? En mi opinión el exceso de voces narrativas, hasta siete, que se entremezclan de forma un tanto desordenada, la cronología de los textos (fechas, lugares, días, horas…) y los materiales que se insertan, los recortes de periódico, por ejemplo — Diecisiete días después, se desconocen los motivos que tiñeron de sangre el Valle de Guriezo —, todo lo cual hace que se pierda muchas veces el hilo narrativo y abunden las digresiones: Le oía como chillaba a mamá y me lo imaginaba como a las gárgolas de la Catedral. Demoniaco, deforme. Me costó años entender que papá estaba enfermo y su adicción al alcohol estaba acabando con él. Y con toda la familia.
Nunca te enfrentes a un lobo si no sabes rematar. Juegan un papel importante, alegórico, los lobos en la novela de María Estébanez Espinosa: Siempre había admirado el comportamiento de las manadas de lobos, su lealtad al grupo, su temperamento animal. Y los tulipanes explosivos de la portada: ¿Qué papel juegan los tulipanes? Una portada con claras referencias lynchianas cuyo caos impregna lo narrado. Es esa arquitectura narrativa pretendidamente atrevida, con tantos puntos de vista dispersos temporalmente, la que lejos de ayudar a la trama la dificultan y la oscurecen. Pero, dicho esto, la prosa exquisita de la escritora burgalesa atrapa y te hace seguir adelante, aunque no siempre vislumbres el final del laberinto.
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