JOSÉ LUIS MUÑOZ

Todos sabemos el final de esta película. La niña Hind Rajab fue una de las más de veinte mil víctimas inocentes (algunas fuentes lo multiplican por cinco y nunca sabremos las cifras reales de ese espantoso infanticidio) del ejército israelí en la masacre de Gaza.  Todos sabemos cómo acabó la historia de esa pequeña niña de solo cinco años de la que conocemos su nombre y no es una víctima anónima.

La tunecina Kaouther Ben Hania (Túnez, 1977), utilizando la voz de la niña y las comunicaciones de esta con los rescatistas de La Media Luna Roja, reconstruye milimétricamente lo que fueron esas ocho horas de angustia del personal por hacer lo imposible por salvar la vida de la pequeña y prestarle ayuda psicológica mientras estaba en un coche acribillado nada menos que por trescientos cincuenta impactos de bala, con sus tíos y primos  muertos a su lado (Están durmiendo, le dice a la operadora que no pierde el contacto con ella) y a merced de los tanques israelíes. La película incide en el dilema moral de los rescatistas que se debaten entre enviar una ambulancia sin la autorización del ejército israelí, con el riesgo que esto conlleva, o seguir la larguísima burocracia, muchas veces inútil, que rige para esos casos: ponerse en contacto con la Cruz Roja, que esta se comunique con el ejército israelí y que las FDI, finalmente, den luz verde, lo que no es garantía de que los rescatistas no sean asesinados, como así fue.

La voz de Hind, una ficción montada sobre una grabación real, trasciende lo meramente cinematográfico para golpear nuestras conciencias. La película nos muestra la vertiente humana de quienes están al otro lado de los teléfonos de emergencias de la Media Luna Roja, los teleoperadores Rana Hassan Faqih (Saja Kilani) y Omar A. Alqa, (Motaz Malhees), que no pierden nunca contacto con la pequeña Hind Rajab; la psicóloga Nisreen Jeries Qawas (Clara Khoury), que intenta paliar el estrés y el dolor de sus compañeros cuando se derrumban; y Mahdi M. Aljamal (Amer Hlehel), el responsable del grupo, que se ciñe estrictamente a las normas de actuación porque ya ha perdido a muchos rescatistas en el empeño de salvar vidas. La película de la directora tunecina tiene un único escenario, la sala de operaciones de la Media Luna Roja en Cisjordania que luchó hasta el último segundo por salvar la vida de la pequeña y no lo consiguió.

Los hechos se produjeron en 2024. La foto de la niña se hizo viral. La película fue producida, entre otros, por Brad Pitt y Joaquim Phoenix, y cosechó el mayor récord de aplausos en el festival de Venecia en donde se exhibió y recibió el Gran Premio del Jurado, y en el festival de San Sebastián, en donde recibió el Premio del Público, y es una de las finalistas de los Oscar. La película de la directora tunecina Kaouther Ben Hania, que es reconocida por su película El hombre que vendió su piel y una filmografía de denuncia social, es tan dolorosa como necesaria. Muchos alertamos, y no nos equivocamos, de que el genocidio de Gaza fue simplemente el globo sonda de lo que estaba por llegar. ¿Servirá de algo este film aparte de ser un claro alegato contra la barbarie? Pues me temo que no. A la pregunta de un tertuliano en la televisión pública española de si Europa era el faro de Occidente, Josep Borrell, que envejece muy bien y no cómo les sucede a otros, ironizó sobre esa pregunta: Europa ya no es faro de nada después de lo sucedido en Gaza.