Horacio Otheguy Riveira.

La escenografía de Alfonso Barajas desnuda y viste la voz precisa de Benavente para que, aquí y ahora, se nos cuente la trágica historia de dos que mal se aman en el contexto brutal de un desgarrado ambiente de rezo diario y represiones continuadas.

Un prólogo fantástico cuando el tío Basilio y Esteban pasan por los raros espacios de una casona a punto de romperse, pasan riendo los hombres que ya festejan la gran fiesta de pedida del hijo del primero y la hijastra del segundo: pero uno de los dos miente.

Su risa entusiasta arrastra una angustia legendaria en su impotente imaginación, en su ferviente deseo de tocar, acariciar, poseer… el bello cuerpo de una joven encantadora y rebelde como una felina disposición que rabia con garras y lame en silencio la piel que ansía besar…

Discurre la historia rural estrenada en 1913 con una fluidez contemporánea y la densidad preclara del objetivo minucioso de su autor. Jacinto Benavente, despreciado por diferentes motivos (por el ímpetu reaccionario de su postura política con diversas dictaduras, por el estilo premiado con el Nobel de 1922, hoy considerado melodramático y discursivo), y sin embargo digno representante de una dramaturgia audaz bajo la apariencia de modos y manera propios del más rancio teatro burgués.

Así como Los intereses creados (1907) parodiaba elegantemente la hipocresía burguesa, La Malquerida rompe amarras con un valiente panorama de ocultas pasiones.

La adaptación de Natalia Menéndez y Juan Carlos Rubio es un muy estimulante ejercicio de creación escénica en el que lo arcaico del original deviene en una escritura audiovisual cercana. Los largos parlamentos y el lenguaje rural de hace cien años -pasado por la mesa camilla del consagrado escritor- se simplifican y dinamizan para que la tragedia de ayer (repuesta hace 38 años por el gran Miguel Narros con vocación verista, caballo en escena incluido) llegue a nosotros con la energía de emociones que reclaman nuestra capacidad de comprensión frente al oscuro mundo rutinario del bien y del mal, de lo que puede amarse y lo que no, de aquello que ha recibido la bendición de un dios absolutista y la necesidad imperiosa de destruir tabúes.

Entre los muchos aciertos de la dirección de Natalia Menéndez hay uno que blinda la función: el clímax tan certero en el sorprendente final que logra que el público lance una espontánea exclamación a segundos del telón final. Situación que coloca al espectáculo en la dimensión deseada, en la justa medida de una pieza impresionante en su tiempo, cuya carcasa hoy no nos interesaría, de allí la actual riqueza de matices, con un lenguaje formidable que oscila entre el aroma del tiempo pasado y la rotunda necesidad de hoy: verbo y maneras de un gran teatro testimonial muy bien interpretado por un reparto emocionante en su calidad actoral, y en la medida en que todos se entregan a una fuerte solidez coral.

 

Juan Carlos Vellido y Dani Pérez Prada: el marido desesperado y el sirviente que ejecutará la orden de su amo. Aitana Sánchez-Gijón: esposa y madre con una venda munida de fervor religioso. José Luis Alcobendas, el conmovedor tío Eusebio, padre del casadero asesinado.

 

Luçía Juárez, Aitana Sánchez-Gijón, Goizalde Núñez: un trío de personajes que empiezan en la cima de una inminente fiesta, y acaban en el desgarro de pasiones desbocadas.

Comienza a escucharse una copla por las calles:

“El que quiera a la del Soto… tiene pena de la vida.

Por quererla quien la quiere le dicen… la Malquerida”

 

De: Jacinto Benavente

Dirección y adaptación: Natalia Menéndez

Adaptación: Juan Carlos Rubio

Reparto:

Raimunda: Aitana Sánchez-Gijón 

Esteban: Juan Carlos Vellido 

Acacia: Lucía Juárez 

Juliana: Goizalde Núñez 

Eusebio: José Luis Alcobendas 

El Rubio: Dani Pérez Prada 

Norberto: Alex Mola 

Faustino: Antonio Hernández Fimia

Escenografía: Alfonso Barajas 

Vestuario: Rafael Garrigós

Iluminación: Juan Gómez Cornejo

Música y espacio sonoro: Mariano Marín

Cante: Marcos León

Violoncello: Clara Rivière

Dirección de producción: Ana Guarnizo

Producción ejecutiva: Mónica Regueiro

Ayudante de dirección: Majo Moreno

Ayudante de escenografía: Andrea Merchán

Producción: Producciones Off

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Otras creaciones de Natalia Menéndez:

Uz, el pueblo

Las dos en punto

El vergonzoso en palacio

Mi niña, niña mía

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