Óscar de los Reyes.

Eduardo Villanueva (León, 1985) es un curioso caso de un autor novel implicado en la integración social de inmigrantes, adolescentes y personas mayores, no obstante es Técnico Superior en Integración Social con formación en Sociología. Además, desde hace años, su labor se centra en trabajar con personas que presentan problemas de salud mental. Apasionado de la literatura, el cine y la música, formó parte de varios grupos de rock durante más de una década, siendo su vocalista y letrista, con influencias de Roberto Iniesta (Extremoduro) y poetas como Gil de Biedma, Alejandra Pizarnik o Nicanor Parra.

Su inquietud también lo ha llevado, incluso, a formar parte en la producción de varios cortometrajes como ayudante de dirección y coguionista, aunque escribir es lo que más le ha entusiasmado siempre. Así, en 2005 ganó el Gabino Teira de relato corto con Comerse el mundo de un bocado, incluido en una antología junto a otros autores como Juan Gómez Bárcena. Ahora, de la mano del incipiente sello Editorial Veintinueve (en la fotografía el autor, en el medio de sus editores, Marianna Cardenio y Hector Peña) ha publicado Edificios en llamas y ventanas abiertas. Veamos qué nos tiene que contar:

  • ¿Cuándo empezaste a escribir?

Escribo desde los doce o trece años. Lo primero que hice fueron poemas y relatos cortos.

  • ¿En qué genero incluirías tu obra?

Me interesan todos los géneros, pero me seducen especialmente cuando se combinan unos con otros. Como lector siento debilidad, en general, por lo experimental y extraño. Me gustan mucho las novelas posmodernistas, poliédricas o híbridas. Me apasionan, en definitiva, los libros que resultan, en relación a su género, inclasificables. Edificios en llamas y ventanas abiertas se podría englobar, con cierta resistencia por mi parte, dentro de la novela intimista.

  • ¿Sinopsis?

Un hombre encuentra en su casa por accidente unas viejas cartas familiares. En ellas es citado varias veces. Pero, a pesar de recordar los hechos a los que hace mención, no se reconoce a sí mismo. Sospecha que ha sido, de una forma que no puede comprender, suplantado por otro.

  • ¿Cómo te has documentado o en qué te inspiras?

Si pienso en influencias se me ocurren tres vertientes.

Por una parte, están mis lecturas. Ellas lo condicionan todo. Me atrae mucho más la forma que el fondo. Examinar las estructuras de otras obras me ayuda a imaginar caminos por recorrer y maneras diferentes de narrar. El nivel de literatura más alto que conozco, en base a mis filias y fobias, está en Kafka y en Borges. Como lector me he nutrido, sobre todo, de sus herederos, de los autores que han querido seguir ahondando en ese mundo cotidiano en el que, de repente, alguien detecta una grieta.

Por otra parte, está mi vida y la vida de la gente que me rodea. Todo lo que ha ocurrido, y lo que no, a mi alrededor ha sido un interesante material que se cuela en lo que escribo.

Y por otra, están los sueños, las pesadillas y todo ese espacio de sombras más intuitivo que racional, que me motiva mucho utilizar en el germen de las historias o en algún punto de su desarrollo.

Con Edificios en llamas y ventanas abiertas, por ejemplo, elaboré, antes de empezar a escribir, una extensa escaleta por capítulos de lo que quería contar, la biografía de cada personaje, los escenarios por los que pasaban, las diversas tramas… Pero lo que más disfruté fue cuando, más adelante y ya bien metido en harina, tuve que romper buena parte de los esquemas y caminar a ciegas guiado por un instinto.

  • ¿Con qué se van a encontrar tus lectores?

En Edificios en llamas y ventanas abiertas se van a encontrar con una historia que cuestiona el terreno en el que están clavados los pilares de nuestra vida. Me refiero a todo aquello que nos define. Estoy hablando de los vínculos emocionales, la familia, la memoria, la identidad.

Aunque en última instancia de lo que habla la novela es de la soledad.

Para hablar de estos temas se van a encontrar a personajes perdidos buscando su lugar, adentrándose en pequeños laberintos, cruzando túneles, mirándose en espejos rotos, participando, de forma activa o no, en la fabulación perpetua que es la construcción de lo que somos.

  • ¿Editorial y promoción?

Editorial Veintinueve, desde el primer momento, me ha transmitido que cree en la novela. Caminamos juntos y toda la labor de promoción es un trabajo coordinado que se basa en el principio de que la unión hace la fuerza.

Los que escribimos normalmente estamos más seguros a solas, encerrados en un cuarto, buscando la palabra apropiada que dé forma a esa idea que te taladra el cerebro. Pero la promoción es importantísima, claro. Trato de aprender todo cuanto puedo y aportar lo máximo que esté en mi mano aportar para el bien de la obra.

  • ¿Algún nuevo proyecto literario o artístico?

Tengo varios proyectos literarios entre manos. Uno es pequeño, pero travieso y lisérgico, que se encuentra en una fase bastante avanzada, en esa en la que empiezas a ser consciente del material del que está hecho. El otro, en cambio, todavía está verde, aunque posee elementos que le hacen estar vivo y llevar un tiempo merodeando por mi cabeza, molestando incluso, como gusta que hagan las historias aún sin rostro que llaman a tu puerta.

  • Sea pues, lo que los lectores digan… ¿Dejamos las ventanas abiertas?