JOSÉ LUIS MUÑOZ

Empieza fuerte Saeed Roustayi (Teherán, 1989) en este su segundo largometraje y avisa de por dónde irá, porque la primera secuencia de La ley de Teherán (la persecución de un policía de calle a un pequeño camello que acaba cayendo al foso de una obra y sepultado por las toneladas de tierra que vierte un camión que no lo ha visto) marca el tono crispado y violento que va a tener la película.

No estamos acostumbrados a los thrillers iraníes, y cuando se cita ese cine notable del país que en estos momentos está siendo bombardeado se piensa en películas costumbristas que se centran en problemas familiares y matrimoniales, en un cine muy próximo al neorrealismo,  y esta película de acción, con factura impecable, canónico y duro, rompe con esa imagen y nos muestra a un grupo de policías antinarcóticos, tan expeditivos como violentos, que combaten el tráfico de drogas que tiene atrapado en sus redes a nada menos que a siete millones de toxicómanos iraníes, lo que da una idea de los feliz que se sienten los habitantes de Irán bajo el régimen espiritual de los ayatolás, y eso sucede en un país que presume de tener las leyes más duras del planeta: la horca tanto si te pillan con diez gramos como con cincuenta kilos, y la película acaba con una escena terrible: el ahorcamiento múltiple de traficantes de drogas.

Sorprende el realismo de la película (la redada masiva de toxicómanos en un barrio marginal de Teherán es sencillamente espectacular; el hacinamiento y el maltrato en las cárceles, sencillamente espantoso y si ha pasado la censura del país persa imagino que es por atemorizar a los posibles delincuentes), la adrenalina que imprime en la cinta el realizador Saeed Roustayi con persecuciones a pie (los actores corren más que Dustin Hoffmann en Marathon Man por las callejuelas de los barrios pobres de la capital de Irán) y la nada velada crítica social que tiene el film contra los poderes fácticos corruptos de una sociedad que en teoría parece muy controlada por el poder teocrático de los ayatolás pero que tiene innumerables fallas.

Hay mucha violencia en sus imágenes, acción, desencanto en el personaje principal, el estricto policía Samad (Payman Maadi) cuya obsesión es atrapar al capo de la droga Naser Khakzad (Navid Mohammadzadeh), y una crítica de profundidad a un régimen que solo sabe responder al problema colgando a los que infringen su código de conducta. No tiene nada que envidiar La ley de Teherán a los grandes thrillers de Hollywood. De hecho, se ha comparado a su director Saeed Roustayi con Michael Mann. Dicho queda. Y la pueden ver en la plataforma Filmin.