Gaspar Jover Polo.
“A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El primero se deja leer en la forma corriente, y termina en el capítulo 56, al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra Fin. Por consiguiente el lector prescindirá sin remordimiento de lo que sigue”. Mientras que el segundo libro, según la terminología del autor, o la segunda manera de leer Rayuela, presenta 155 capítulos, es decir, más del doble, y propone una lectura en la que se alternan los capítulos “prescindibles” (del 57 al 155) con los primeros 56 o “imprescindibles”.

Pero lo que el propio autor de la novela considera capítulos de los que se puede prescindir sin remordimiento presentan también mucho interés y, por tanto, yo los incluiría siempre, en cualquier lectura que se haga de Rayuela, aunque tal vez se podrían dejar para el final, para después del 56, en vez de intercalar los capítulos “prescindibles” con los “no prescindibles”. En los capítulos “prescindibles”, es decir, del 57 al 155, hay más teoría literaria y más filosofía pues alcanza protagonismo un escritor, un tal Morelli, un personaje al que el protagonista Oliveria y sus amigos del Club de la Serpiente siguen como a un maestro, e interrumpen en cierto modo el desarrollo de la parte más narrativa del libro, las historias de amor y de amistad que se suceden primero en París y luego en Buenos Aires.
Y los incluiría siempre, en todas las posibles lecturas, porque alcanzan un nivel de calidad literaria muy parecido al de los primeros 56 y porque aportan algunos datos, algunas explicaciones y desarrollos del argumento que nos sirven para sacar mayor partido a la primera y más normal propuesta de lectura. Los capítulos “prescindibles” sirven por ejemplo para dar relieve al personaje de Pola, a la otra amante del protagonista Oliveira, a la que, en la primera propuesta de libro, Cortázar dedica muy poco espacio y queda por tanto un poco imprecisa, desdibujada; y sirven también porque desde el 57 al 155 el autor insiste en explicar en qué consiste la búsqueda obsesiva y sin fin del Horacio Oliveira, aparece el grueso del análisis filosófico sobre su inconformismo, que es posiblemente el asunto más complicado; y, además, en dos o tres capítulos de los “prescindibles” (75, 80), se atisba el inicio del proceso por el que la obsesión metafísica de Oliveira le acerca peligrosamente a la locura.
Al proponer dos lecturas posibles y dos libros en uno, resulta además que, gracias a este artilugio literario, la novela nos ofrece también dos finales, el que aparece en el capítulo 56, el último de la propuesta convencional de lectura, y el del 131, ambos muy emocionantes. Un logro que se puede considerar un hecho insólito en el género de la narración, o puede que en cualquier género literario, una auténtica proeza intelectual pues lo que resulta más difícil a la hora de escribir un texto suele ser acertar con el último paso, con el único cierre apropiado.

