ESPAÑA EN SORDINA
BARCO DE MADRID A LISBOA

Acabo de leer “Cuentos de los días raros” de José María Merino. En el cuento “La impaciencia del soñador” habla de un ingeniero actual que se remite a otro ingeniero de la época de Felipe II.
Los dos pretenden que toda España sea navegable merced a una red muy densa de canales y ríos.
Lo del italiano que asesoró a Felipe II fue el sueño de una España que era más que España. El sueño de un rey adusto que según dicen prohibió la risa, y desde luego dio poderes a la Inquisición, pero también al Bosco y los estudios alquímicos. Puso una rigidez absoluta en El Escorial pero soñaba con pasear por Lisboa que era todo lo contrario. Y que me perdone Unamuno, en esto no estoy de acuerdo en su admiración por la austeridad y la rigidez.
A través del Tajo, luego el Jarama, luego el Manzanares se llegaría en barco cada día al atardecer desde Lisboa a Madrid. Y en Madrid, cerca de san Antonio de la Florida, se instalaría un puerto con muelles e instalaciones.
Uno podría apreciar los frescos de Goya y a continuación subirse en un barco con dirección a Lisboa. En la época de Felipe II Portugal estuvo unido a España durante 80 años. Después, como es natural, los portugueses siguieron su rumbo. Pero aún se puede soñar con Iberia como soñaron algunos y que Lisboa aporte un poco de saudade a la vibrante Madrid. Y que lleve algunas algas y sueños del océano Atlántico.
Siempre me enterneció como los madrileños preparan el Manzanares con esclusas y compuertas para que parezca de verdad un río potente. Y pusieron puentes como el puente de Toledo que parecen dignos del Amazonas. Igual que el elevador de Santa Justa no importa a dónde nos lleve, es una fascinación en sí mismo.
Esos sueños podrían llegar cada atardecer, según el sueño de Merino, a Madrid. Y alguna sirena de Lisboa, como aquella que soñó xx podrían pasearse por Madrid en algún día de niebla y tomarse una tortilla en el mercado de La Paz.
Pero también es verdad: tu tal vez sueltas un pañuelo arrugado y triste en el Manzanares y acaba recogiéndolo en Lisboa una dama nostálgica. España y Portugal serán diferentes, pero siguen aportándose cosas.
ANTONIO COSTA GÓMEZ
FOTO DE CONSUELO DE ARCO

