Por Concha Fernández.

Cuando nos sentamos, por vez primera, para hablar de la creación de esa fascinante revista Estación Poesía, ya Antonio Rivero Taravillo formaba parte de la familia del CICUS, cuyos espacios singulares transitaba, con paso discreto pero certero, a través de los interesantes proyectos que íbamos poniendo en marcha. Fue él, nuestro querido Antonio, quien inauguró nuestros Encuentros Críticos, un espacio de debate literario contemporáneo, plural y periférico que, de la mano del blog EC (Estado Crítico) se incorporó a una recién creada sección cultural del Centro, que muy pronto habría de consolidarse con el afortunado nombre de Escritorio que nos propuso Juan Diego, mientras lo iba llenando de contenido. Para esa inauguración Rivero Taravillo, nuestro Antonio, eligió homenajear a Cernuda, desde su privilegiada posición de autor de su biografía definitiva (Tusquets, 2011), con una perspectiva a la vez clásica y vanguardista.

Estábamos entonces en plena efervescencia cultural y creativa: unos proyectos llamaban a otros y cualquier frase insignificante nos inspiraba un nuevo lema, un nuevo camino, el título de un nuevo proyecto, que Javi (F. Javier Martínez Navarro) dibujaba y convertía en cartel, en logo, en imagen dinámica; el mismo Javi que también se sentó con Rivero Taravillo, nuestro Antonio, para darle forma y formato a ese proyecto de revista que estábamos gestando.

Y así fue como Antonio, nuestro Antonio, envuelto entre papeles y aromas literarios que le había proporcionado su vida de librero, de escritor, de poeta, de ensayista, articulista y cuidadoso traductor de autores y lenguas complejos, pensó en el CICUS como lugar ideal para desarrollar su proyecto estrella. Y no solo por razones de financiación, sino sobre todo por las afinidades culturales y artísticas que compartíamos y que eran realmente las que asegurarían, como así fue, la continuidad del proyecto. Nos habló entonces de su idea, ya muy estructurada y madura, sobre la creación de una revista literaria abierta; abierta en su formato, porque habría de ser digital y de libre acceso, a la vez que impresa; y abierta porque incluiría autores de distintas edades, de diversas tendencias, y siempre con una mirada especial y atenta a la producción poética iberoamericana.

No quisimos hablar de duración ni de fecha de caducidad, conscientes como éramos del carácter efímero de estas publicaciones, pero confiados en que abordábamos un proyecto con perspectivas de futuro. El eclecticismo de Antonio, nuestro Antonio, asomaba en cada nuevo número, en esa difícil y cuidadosa selección de los centenares de colaboradores que han desfilado por sus casi 2000 páginas y que siempre compartían, a través de ellas, sus poemas inéditos.

Y buscó para la revista un diseño sobrio a la vez que elegante, que Javi supo entender logrando ese formato artístico y pulcro, a base de colores pastel -uno distinto para cada número- sobre los que reposaba el título, por sí solo logo o marca, su seña de identidad, sin estridencias porque no podía desmerecer el equilibrado y sutil contenido.

Aprovechando la fuerza literaria de las estaciones del año, que simbolizan el paso del tiempo y el avance incesante, a la vez que evocan la imagen circular de la inmortalidad, ideó también Antonio, nuestro Antonio, el afortunado título de Estación Poesía, para que en cada una de las estaciones floreciese un nuevo número; sin olvidar nunca el calendario académico de la Universidad que la cobijaba, dejándola descansar durante el verano. Un descanso solo a medias, porque el 16 de junio de 2015 nos trajo al patio del CICUS, también con vocación de continuidad, la celebración del Bloomsday, a modo de homenaje literario, con lecturas en voz alta de fragmentos del Ulises que dedicábamos a Leopold Bloom.

Sucede con las revistas literarias lo mismo que con el amor: hay que cuidarlas, acompañarlas, tocarlas, atenderlas… De manera que celebrábamos cada número, cada nueva Estación, convocados por Antonio, nuestro Antonio, para disfrutar de su continuidad en tardes literarias, sencillas y apacibles, en las que muchos de sus autores iban saliendo a recitar sus respectivos poemas. Y nos marchábamos con el nuevo volumen entre las manos, hojeándolo con avidez y esperando ya la llegada de la siguiente Estación.

Y así hemos llegado a completar diez años de revista desde aquella primavera fundacional de 2014; más de 2000 páginas de poesía, aforismos, reseñas, traducciones; un espacio de creación que quiso crear Antonio, nuestro Antonio, para que pudieran dialogar voces ya maduras con otras más nuevas.

Nos reunimos el miércoles 29 de enero de 2025, entre luces y sombras, para despedir la revista en su última Estación. Antonio no pudo ya venir, pero estuvo con nosotros y sus palabras de siempre, esta vez las últimas, nos las trajo su amigo y poeta Juan Lamillar. “Se cierra la aventura en lo más alto”, y se cerraba precisamente con el número 27, de tantas y tan hermosas evocaciones literarias.

Ahora, en el hueco que me deja la siguiente Estación que ya no llegará, quiero volver a ella y evocarla, nombrarla (Estación Poesía), recrearla, para evitar que caiga en esa secunda mors que es el olvido.

Sevilla, marzo de 2026