Josep Masanés.

Francesca Albanese, autora de Cuando el mundo duerme, un libro sobre la situación que viven los palestinos en los territorios ocupados por Israel, no es una observadora externa cualquiera, es la relatora especial de la ONU para los territorios palestinos ocupados, jurista y docente. Desde la autoridad que le confiere su cargo, Albanese nos entrega un libro que describe un continuo de horrores que no remite.

La tesis central de Albanese es tajante: no puede hablarse de conflicto palestino-israelí. Para la autora, este término sugiere una paridad que no existe. Estamos ante una desigualdad estructural e histórica donde una parte ocupa, saquea y oprime, mientras la otra es ocupada, saqueada y oprimida. Albanese define la situación en Gaza y Cisjordania como un ejercicio de colonialismo en pleno siglo XXI, comparando la apropiación de tierras con los procesos del antiguo Oeste americano o la colonización de territorios africanos.

El libro se estructura a través de los testimonios de diez protagonistas que humanizan las cifras. Al poner nombre y voz a las víctimas, Albanese logra que el lector empatice con seres humanos que simplemente desearían hacer lo que más les gusta en la vida, algo que el sistema de opresión en que viven les ha arrebatado.

Uno de los puntos más desgarradores del libro se encuentra en el análisis de la infancia. Albanese relata casos como el de Hind Rajab, de seis años, asesinada en un vehículo con más de 300 orificios de bala mientras esperaba un rescate que las autoridades israelíes demoraron fatalmente. Con más de 17.000 niños muertos contabilizados hasta la primavera de 2025 como consecuencia de la guerra en Gaza y otros 13.000 menores detenidos y encarcelados entre 2000 y 2023, la autora denuncia una voluntad delictiva descomunal.

La autora insiste en que el régimen impuesto por Israel a los palestinos es un sistema administrativo con todas las características del apartheid sudafricano. Destaca la paradoja de que los descendientes de quienes sufrieron actos atroces en el pasado sean hoy quienes los ejecutan. En este sentido, reflexiona sobre la necesidad de memoria para salvarnos del mal obviando que la memoria puede ser utilizada por los malvados para repetir lo que deseamos que no vuelva a ocurrir.

Un detalle inquietante a subrayar es el borrado digital de aquello que no se desea que sea visto. Al intentar localizar en Google Street View edificios mencionados por Albanese, el usuario se encuentra con zonas bloqueadas. No es por seguridad, sino para ocultar propiedades palestinas bajo disputa legal mediante leyes ad hoc creadas para el despojo.

El libro también es una crónica de la persecución a la propia Albanese. En febrero de 2025, sufrió la cancelación de actos en Alemania y amenazas de detención bajo acusaciones de antisemitismo, lo que obligó a la ONU a recordar su inmunidad diplomática. Albanese denuncia la indiferencia de los estados y la necesidad de sanciones, criticando incluso la ineficacia de la propia ONU en Jerusalén, que como indican algunos ciudadanos locales solo ha servido para encarecer la vida en la ciudad.

Aunque se le puede achacar una falta de neutralidad diplomática —la propia Albanese reconoce que su voz es de denuncia y no de mediación—, la obra sostiene que, ante un genocidio manifiesto, la neutralidad es complicidad. A través de la lente de un cirujano británico-palestino al que se quiso inhabilitar por sus opiniones o el trauma de refugiados que no encuentran hogar, el libro nos recuerda que, en un conflicto así, la razón siempre está del lado del más débil.

Cuando el mundo duerme no es solo un registro de crueldades, es un llamado al boicot y a la acción internacional, subrayando que el daño que Israel se inflige a sí mismo ante la historia tardará décadas en limpiarse. Una lectura imprescindible para comprender por qué el proceso que viven los palestinos supera cualquier pesadilla imaginable por Kafka.