Óscar de los Reyes.
Ana María Castillo Moreno (Berlanga, Badajoz), es una maestra ahora jubilada que reside en Mérida, ciudad Patrimonio de la Humanidad. Nos cuenta que desde muy pequeña afloró en ella la afición por la escritura, tanto es así que recuerda cómo a su padre le encantaba leer novelas del Oeste, que adquirían y cambiaban en una barbería. Es más, afirma que lo primero que escribió, siendo una niña, fue precisamente una novela de ese género usando el papel de estraza que su padre utilizaba para envolver el pescado que vendía.

Siempre le gustó leer y escribir. Durante muchos años se centró en la poesía, ganando diversos premios como “José de Espronceda” 1998 en Barcelona o “Cilanco” 1999 en Albacete. Después quiso adentrarse en otros géneros literarios, escribiendo cuentos, relatos y novela. Y es precisamente aquí donde nos encontramos con Tiempos Convulsos (Ediciones HOAC). Una novela ambientada en una etapa de nuestra historia reciente (1959-1980), donde nos ofrece una mirada distinta del tardofranquismo y de la transición española a través del hilo argumental de una serie de historias entrelazadas en la que se van entreverando, a decir de la propia autora. Historias de amor, amistad, lucha obrera, reivindicaciones sindicales, activismo ideológico-político, religión… y que protagonizada por vascos, emigrantes, obreros, guardias civiles, policías nacionales, activistas sindicales, curas y militantes cristianos, desarrollándose toda la trama a lo largo de tres generaciones. Veamos qué más nos tiene que contar Ana María acerca de su obra:
- ¿Como nace la idea de escribir una novela sobre unos tiempos tan convulsos, como tú misma titulas el libro?
La idea surgió a raíz de unas conversaciones con amigos que vivieron en el País Vasco en los tiempos más duros de la violencia terrorista. Me di cuenta de que sobre la guerra civil y sobre la década de los 80 en España había bastante literatura. No así sobre los 60 y 70.
Las décadas de los 60 y los 70 fueron muy importantes en la historia de nuestro país: la migración desde el sur al norte, la llegada del turismo con la incipiente apertura de España al mundo, la formación de la clase media, los numerosos conflictos sociales, culturales, políticos, religiosos. Años en los que despertó el dragón del terrorismo, pero que fueron capaces de desembocar en la democracia.
- ¿Como te has documentado?
Un amigo vasco me organizó una serie de entrevistas de acuerdo con los requisitos que yo le solicité en cuanto a que fueran personas de diferentes edades en aquellas décadas, diferentes ideologías y profesiones. Otro tanto ocurrió en Extremadura. Así pues, tuve la gran oportunidad de conocer cómo vivieron aquellos años: niños, jóvenes, curas obreros, emigrantes, vascos, estudiantes, maestros, obreros, profesores, guardias civiles, policías nacionales, pescadores, sindicalistas, exiliados, nacionalistas, no nacionalistas y militantes de los movimientos apostólicos, como la Hoac, la Joc y la Jec.
También necesité documentarme bastante por escrito en temas muy diversos (política, sindicalismo, marxismo, Concilio Vaticano II, etc) y tuve acceso a documentos bastante interesantes que me facilitaron, como por ejemplo la carta de Pla i Daniel, Arzobispo de Toledo, a D. José Solís Ruíz, ministro secretario general del Movimiento y Delegado Nacional de Sindicatos, exigiendo representatividad sindical para la Hoac o la Se Cristo Vedesse (si Cristo viera), carta enviada al nuncio en París en 1968 para que a remitiese a Pablo VI, en la que se incluyen miles de firmas de cristianos de base de muchas partes del mundo. Pretendían hacer llegar al Papa el deseo de que la Iglesia regresara a los orígenes, como Jesús la fundó, una Iglesia preocupada por sus hijos, especialmente los más necesitados, capaz de hacer frente a los poderosos del mundo.
- ¿Has conocido personalmente a quien te inspirara dichos personajes?
Sí, por supuesto. En las entrevistas orales conocí a la mayoría de las personas que inspiraron los personajes de esta novela. Son personajes basados en personas reales, personas corrientes, los pequeños grandes héroes de cada día en aquellas décadas difíciles.
- ¿Qué pudiste investigar sobre los movimientos obreros cristianos de la época? ¿Siguen hoy en día su actividad?
Investigué a fondo, tanto con entrevistas orales como a través de documentación escrita, sobre los movimientos apostólicos, como la HOAC, la JOC y la JEC.
Estos movimientos de la Iglesia obrera fueron en aquellas décadas muy importantes, sobre todo, en las zonas de aluvión migratorio. Subrayo lo de Iglesia obrera, porque nada o casi nada tenía que ver con esa otra que comía de las manos del Caudillo.
Esta Iglesia obrera con sus movimientos y militantes llevó a cabo en toda España una labor de gran importancia (debido a su formación, capacidad de compromiso y sentido de la justicia), en la representación de las comisiones obreras de empresa, para conseguir mejoras en el trabajo. Promovieron manifestaciones pacíficas en favor de la paz social y la justicia. Formaron culturalmente a las clases más desfavorecidas. Fueron el germen creativo de partidos y sindicatos. Muchos de sus militantes se pasaron a la política, otros a la CNT o a la ORT.
Siguen existiendo, continúan desarrollando una labor pastoral importantísima y siguen extendidos a lo largo y ancho del planeta.
- ¿Qué pudiste investigar sobre ETA y cómo lo hiciste?
Algunas de las personas a las que entrevisté estuvieron relacionados con los principios de ETA en los que nada tenía que ver con la lucha armada, sino con un movimiento en defensa de “lo vasco”, de la lengua, la cultura y la expresión política vasca bajo la dictadura de Franco.
Para las etapas siguientes por las que atravesó ETA, me documenté a conciencia a través de estudios publicados sobre ese tema y de entrevistas orales a guardias civiles y policías nacionales que prestaron servicio en el País Vasco.
Algunas familias me contaron, con lujo de detalles, el miedo y la angustia que vivieron cuando sus hijos se unían a los grupos violentos para participar en las revueltas y fueron perseguidos y detenidos.
La novela también profundiza en las motivaciones que condujeron a tantos militantes cristianos desde los espacios eclesiales a otras plataformas de acción política. Las motivaciones de aquellos cristianos que, en un momento de su trayectoria, se incorporaron a las filas de espacios como el Partido Comunista; también las de aquellos que acabaron truncando la reivindicación por la violencia, adentrándose por el camino que desembocaba en ETA.
- ¿Como definirías la emigración que se vivía en esas fechas dentro del propio país? ¿Qué te han contado al respecto?
Los que emigraron hicieron frente a momentos muy duros: al principio la mayoría vivía en chabolas en barrios marginales, sin luz ni agua corriente; no conocían ni recibían la formación adecuada para el trabajo que les encomendaban en las diferentes empresas; eran criticados y marginados por muchos de los trabajadores vascos, que se referían a ellos, en tono despectivo, como “los cacereños”; trabajaban hasta doce horas diarias.
Aun así, estaban contentos por tener un trabajo aceptable, remunerado, que les permitía plantearse un futuro mejor.
Aunque, por supuesto, habría excepciones, lo tuvieron difícil. Los hijos de los emigrantes, con el tiempo, se integraron más.
- ¿Qué destacarías en la lucha obrera en astilleros y hornos vascos? ¿Y el papel de la Iglesia?
Las entrevistas con algunos sacerdotes confirmaron la importancia que tuvieron los movimientos apostólicos en una sociedad donde se congregaban tantos emigrantes; donde, tanto los que venían de fuera como los autóctonos, necesitaban mejorar bastante su nivel cultural si querían desenvolverse en las continuas huelgas para reclamar unas condiciones de trabajo más justas. También era muy importante que supieran expresar y defender sus opiniones, para no dejarse convencer sin más por orientaciones ideológicas que, a lo mejor, no les convenían. De ofrecerles esa formación se ocupaba la parte de la Iglesia relacionada con los movimientos obreros apostólicos.
A lo largo de la novela, la JOC, la HOAC y la JEC constituyen el marco donde los obreros y los estudiantes vascos y de otras regiones se mezclan, debaten, aprenden a escribir y todos comprenden la profundidad del sentido de la justicia social.
La génesis de Comisiones Obreras y de otras tantas plataformas antifranquistas se efectuó en el seno de estas asociaciones eclesiales, en las que se sembró una de las críticas más profundas al nacionalcatolicismo. Fue este, también, el espacio en torno al cual se congregaron aquellos sacerdotes que habían ido adquiriendo una “nueva conciencia cristiana”, centrada en el Reino de Dios y su Justicia.
- ¿Nuevos proyectos literarios?
Estoy escribiendo una novela de temática diferente. También sigo escribiendo poesía.

