ESPAÑA EN SORDINA

EN UN PALACIO, CON LUIS ALBERTO DE CUENCA

Estábamos en el palacio de Fernán Nuéz, en la calle Santa Isabel en Madrid, donde está la Fundación de los Ferrocarriles españoles. Me dieron un accésit en los premios del Tren Antonio Machado, especialidad de cuento, y me lo entregó Luis Alberto de Cuenca.

Muchos aparecieron por allí porque querían hablar con él, les interesaba mucho hablar con él. Mucho más que con el inefable Ministro de Transportes.

Luis Alberto de Cuenca fue director de la Biblioteca Nacional de España. Y ministro de Cultura, con verdadera cultura. Nadie en España es más erudito que él. Pero mucho más que erudito es un verdadero hombre culto. Y un gran poeta.

No sabía qué decirle, no quería que pensara que lo saludaba por saludar. Como si fuera un turista. Y le recordé su versión del poema clásico “Collige, virgo, rosas”.

Entonces él me recitó los versos con contundencia:

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana,

Córtalas a destajo, desaforadamete,

Sin pararte a pensar si son malas o buenas

Que no quede ni una, púlete los rosales

Que encuentres a tu paso y deja las espinas

Para tus compañeras de colegio. Disfruta

De la luz y del oro mientras puedas y rinde

Tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico

Que va por los jardines destilando veneno

Goza labios y lengua, achácate de gusto

Con quien se deje y no permitas que el otoño

Te pille con la piel reseca y sin un hombre

(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.

Y que la negra muerte te quite lo bailado.

Y entonces capté que España puede ser sensualidad y pasión, más allá de puritanismos y cursilerías. Que entre las erudiciones deliciosas de Luis Alberto de Cuenca pueden saltar rosas españolas salvajes y sofisticadas.

 

ANTONIO COSTA GÓMEZ

FOTO DE CONSUELO DE ARCO