Alejandro Castaño.

Estamos ante un libro que se presenta como un ejercicio deliberado de recuperación del ensayo humanista. El volumen —evocación literaria, meditación filosófica, crítica cultural, entrevista— bajo una misma preocupación axial: la erosión contemporánea de la palabra como instrumento de verdad y de vínculo civilizatorio.

Ya desde su título, el autor remite conscientemente a la tradición renacentista de la varia lectio: una forma abierta de pensamiento que encuentra unidad no en la sistematicidad doctrinal, sino en la convergencia temática de materiales heterogéneos. Martínez-Conde recupera ese modelo para reflexionar sobre el tiempo, el lenguaje, la cultura europea y la crisis de la experiencia moderna.

Uno de los núcleos conceptuales más consistentes del volumen es la reflexión acerca del lenguaje público y su degradación contemporánea. En el apartado “Decir y representación”, el autor plantea una genealogía moral de la palabra, entendida originalmente como mediación comunitaria y forma de esclarecimiento simbólico. A partir de referencias al Wen Tzu, a Bowra y a los primeros códigos mesopotámicos se establece una relación entre lenguaje, responsabilidad y cohesión social. El desplazamiento posterior hacia un discurso político vaciado de verdad ejemplifica, para el autor, una de las patologías de la modernidad. Resulta especialmente significativa su afirmación de que vivimos rodeados de “un discurso sin palabras verdaderas”. Este diagnóstico entronca claramente con ciertas corrientes críticas del pensamiento europeo contemporáneo; no obstante, Martínez-Conde evita el tecnicismo filosófico y opta por un registro ensayístico de raíz literaria, más cercano a la especulación moral que al tratado académico.

El ensayo “Virtualidad y cultura” constituye el ejemplo más logrado de esta operación discursiva. A partir de Baudrillard y Rosset, el autor desarrolla una crítica de la virtualización de la experiencia contemporánea y de la progresiva sustitución de la realidad por simulacros culturales. La preocupación de fondo no es exclusivamente tecnológica, sino antropológica: la pérdida de una relación sensible y emocional con el mundo. Cuando se pregunta “¿Qué hacer con la libertad, cuyo corazón sigue latiendo débilmente en un rincón?”, el texto abandona momentáneamente la especulación abstracta para ingresar en un territorio de evidente densidad existencial.

El bloque dedicado a Claudio Magris constituye probablemente el centro emocional e intelectual del libro. La extensa entrevista al escritor italiano no funciona solo como diálogo cultural, sino como espejo de las preocupaciones del propio autor: Europa, la identidad, la memoria, la fragilidad de la civilización humanista. Cuando Magris habla de la necesidad de una “unidad superior” capaz de trascender los nacionalismos, parece que entrevistador y entrevistado estuvieran pensando exactamente la misma herida histórica.

Pero quizá las páginas más hermosas sean las dedicadas a Álvaro Cunqueiro. Ahí el ensayo se transforma casi en celebración afectiva. Martínez-Conde entiende que Cunqueiro no fue únicamente un gran estilista, sino un escritor capaz de devolverle a la realidad su dimensión mágica sin romper nunca el vínculo con lo cotidiano. El autor selecciona fragmentos donde la prosa del gallego conserva intacta su capacidad de encantamiento: “Pongo en la abertura del mundo agua que corre, pies de doncellas, arboledas…”.

Martínez-Conde privilegia en estas páginas una prosa cadenciosa, de sintaxis amplia: las enumeraciones conceptuales y el uso recurrente de interrogaciones retóricas contribuyen a construir un tono elegíaco que atraviesa prácticamente todo el texto. Recupera una idea exigente de la escritura: la palabra como espacio de conciencia, duda y permanencia. Quizá por eso el libro transmite la sensación de haber sido pensado y escrito desde una convicción profunda: la creencia de que la literatura puede ayudarnos a entender algo esencial de nuestra intemperie contemporánea.