Horacio Otheguy Riveira.

Una novela ágil, compacta, que recorre un minucioso estado de costumbres familiares, que facilita la muy temeraria adicción sexual de una mujer de 35 años, casada con un hijo. Periodista de muy buen trayecto en reportajes internacionales, tiene un aburrimiento crónico ante la rutina, la hipocresía general, y las obligaciones familiares. La minuciosidad descriptiva también alcanza a las obsesiones carnales de Adèle con desconocidos.

Importante: el título es una metáfora que, en ningún momento se plantea en las aventuras vertiginosas de Adèle, un ser hermoso -sin descripción alguna- que puede encantar a cualquier lector / lectora abiertos a instintos y fantasías.

Parte del final y el título en sí -además de la contraportada del libro- invitan a una concepción moralista que no se percibe en un texto que se explaya dichosamente en una serie de encuentros con hombres diversos, ninguno de los cuales maltrata ni intenta una posesión degradante…

 

Página tras página padecemos con ella costumbres arcaicas, un marido indiferente al sexo, una madre castradora y un padre amantísimo, a la par que indiferente… Pero cuando Adèle empieza el juego fluye el placer de ser deseada, amada por cualquiera. De frustración en frustración también encuentra numerosos éxitos de diversa tonalidad, con un auto-regalo en la posesión de dos desconocidos al mismo tiempo…

Es cierto que, igual que el personaje, tememos lo peor, la caída en el desorden social, el humillante descubrimiento, y cuando algo de esto llega, la novela crece, a punto de naufragar se recompone en dos finales simultáneos, ambos abiertos, confiando en la mirada de cada lector.

 

Pasiones en cuerpo y alma

 

«Lucien es una carga, una imposición a la que le cuesta adaptarse. Adèle no consigue saber dónde anida el amor por su hijo en medio de tantos sentimientos confusos: pánico de entregárselo a otras personas que lo cuiden, molestia de vestirlo, agotamiento al subir una cuesta empujando la sillita que se resiste. El amor está presente, de ello no tiene duda. Un amor sin pulir, víctima de la rutina cotidiana. Un amor sin tiempo para sí mismo.

Tuvo un hijo por el mismo motivo por el que se casó. Para pertenecer al mundo y apartarse de cualquier diferencia con los demás».

*** *** ***

«La acompaña a la parada de taxis, aplasta sus labios contra su cuello. Adèle se mete precipitadamente en el coche, con el cuerpo aún repleto de amor, despeinada. Saturada de olores, de caricias y saliva, su piel ha adquirido un tono nuevo. Cada uno de sus poros la delata. Tiene la mirada mojada. Con aire de gata, indolente y maliciosa. Contrae su sexo y un escalofrío la recorre de abajo arriba, como si el placer no se hubiera consumido por completo y su cuerpo guardara recuerdos tan vivos que podría en cualquier momento convocarlos y gozar».

*** *** ***

«Ella fue la que lo pidió. No puede reprocharles nada. Ella fue la que pidió a Mehdi, después de una hora de preliminares, de una hora de él dentro de ella, de Antoine en ella, de juegos, de intercambios. Ella fue la que no pudo más. Ella la que dijo: «No es suficiente». Ella la que quiso sentir, la que creyó poder soportarlo. Cinco veces, quizás diez, él levantó la pierna y su rodilla puntiaguda, huesuda, reventó su sexo. Al principio lo hizo con cuidado. Lanzó a Antoine una mirada desconcertada, pícara. Levantó la pierna y se encogió de hombros. No entendía nada. Pero luego le tomó el gusto al verla retorcerse, al oír sus gritos que ya no eran humanos».

*** *** ***

«Da igual, está todo perdido. Desear ya es ceder. Se han levantado las barreras. No serviría de nada contenerse. ¿Para qué? Da igual. Ahora piensa como los opiómanos, los ludópatas. Está tan orgullosa de haber mantenido a raya la tentación unos cuantos días que se ha olvidado del peligro.»

 

(Photo by Leonardo Cendamo/Getty Images)

 

Leila Slimani nace en Rabat (Marruecos) en 1981. Escritora de padre marroquí y madre franco-argelina, al terminar su formación en el liceo francés de Rabat, se matricula en el Instituto de Estudios Políticos de París y, posteriormente, en la Escuela Superior de Comercio. Después de ejercer varios años como periodista en L’Express y Jeune Afrique, decide dedicarse por completo a la literatura. Con su primera novela, En el jardín del ogro (2014), recibe el reconocimiento unánime de la crítica. Canción dulce, su segunda novela, consolida su carrera literaria al obtener el Premio Goncourt 2016. En 2017 se edita su polémico ensayo Sexo y mentiras y en 2020 El país de los otros (Guerra, guerra, guerra), primera parte de una trilogía autobiográfica novelada inspirada en su familia. En El perfume de las flores de noche (2021) nos habla del proceso creativo de su escritura. En febrero de 2022 ha publicado en Francia Míranos bailar, segunda parte de la trilogía El país de los otros. En la actualidad es la representante francesa en el Consejo de la Francofonía, colaboradora habitual del diario Le Monde y comprometida activista en temas de dere­chos humanos.