ESPAÑA EN SORDINA

MUJERES QUE HABLAN CON EL MAR

En un acantilado en las afueras de Gijón hay una estatua de una mujer loca de dolor que llora a alguien que perdió en el mar. En Gijón una bellísima diosa esculpida mira con nostalgia al mar.

Tantas mujeres en España hablaron con el mar, se quejaron al mar de lo que perdieron. En infinidad de costas, calas secretas, puertos callados, ensenadas sin discursos, senderos peligrosos.

En la Costa de la Muerte, en las cercanías de Alicante o en Santoña. O en un pueblecito vasco o en Tosaa de Mar, en la Costa Brava donde una pintora rusa cuyo nombre olvidé también hablaba con el mar.

Rivadulla Corcón publicó hace poco “Amor de náufrago”. Para mí es su libro más intenso, el que he leído con más absorción. Tiene un dramatismo que se mezcla con lirismo, un estupor de atención a la vida, y un montón de contradicciones vivas.

Una mujer habla con el mar y le reprocha que se tragara a su amado. Ama al mar pero también ama a su amado y en su cama nota la ausencia ardiente. Como el aguardiente que los dos tomaban juntos cuando el marino amante llegaba.

Y después habla el náufrago desde el lugar desconocido donde naufragó, desde su añoranza de esa cama en el pueblo de la Costa de la Muerte, donde esa mujer lo ama con amargura y ausencia. El náufrago todavía sobrevive en ese amor, en ese pensar en la amada, en esas palabras privilegiadas. Solo en la poesía las palabras alumbran de verdad, no en los discursos simplistas llenos de tópicos y mentiras.

Antonio Costa