ESPAÑA EN SORDINA
SOÑADORA EN OVIEDO

Es una escultura que está en mitad de una plaza, no recuerdo quién es el escultor. No es una de las plazas más turísticas, no está hecha para turistas. Pero tampoco está muy escondida.
Está refugiada en su introspección, con su mirada tan sugerente.
Parece escaparse de la vulgaridad del mundo actual, o de tantos simplones que no se esteran de nada. O tal vez escapa de los ruidos y los discursos.
Lo mejor, dice ella, está metido en sus recuerdos, o en sus ilusiones. Para lo que hay que mirar a veces es mejor mirar hacia dentro.
Pero a mí me gusta mirarla a ella. Y sobre todo me gusta verla. Que no es lo mismo, ya lo saben algunos.
Me gusta su pelo en curvas, sus labios tan sensuales, sus ojos con el óvalo de otro mundo. O de los mundos más hondos que están en éste.
Me gusta su elegancia y su indiferencia a la vulgaridad. Y su disfrutar hondamente de aquello que recuerda. Tal vez de unas palabras que le dijeron, de unos pájaros que se acercaron.
Oviedo está llena de elegancia, y no solo es la estatua de Ana Ozores delante de la catedral. Se ha propuesto atacar la vulgaridad suavemente en muchas esquinas.
Cuando no está agobiada por tinglados y eventos, pone demasiados eventos y ferias que no dejan mirarla. Apenas se pueden ver plenamente alguna vez sus plazas o su catedral. Todo son ruidos y casetas. Aunque a mí me gustan los tiovivos.
ANTONIO COSTA

