Horacio Otheguy Riveira.

Una enemistad furiosa, por parte de uno de los amigos, mientras el paisaje asturiano insiste en aportar alguna clase de paz, al tiempo que un grupo de turistas recorre senderos con afán de ver, lo más cerca posible, a los osos pardos, magníficos ejemplares que nunca deben mirarse a los ojos…

Según algunas mitologías, los ojos no soportan mirar los ojos de los humanos porque ven el reflejo de su propia alma. Un oso que cruza la mirada con un ser humano intentará siempre borrar lo que ha visto. Por eso es inevitable que ataque si te ve los ojos (Víctor Luna, “Entre el mito y la realidad, convivir con el oso pardo cantábrico”, Salvaje, primavera de 2023).

Esta cita –cuyo contenido tiene gran importancia en una situación clave–  aparece intercalada en las primeras páginas, como un susurro cuando empieza a desplegarse la trama de una novela breve (95 páginas), bien nutrida de acción e interesantes sugerencias.

 

 

Yago, el guardabosque ayuda a Víctor a hacer un reportaje sobre el oso pardo cantábrico. El éxito del artículo sobrepasa cualquier expectativa y la televisión desembarca en el valle para rodar un documental. Pero mientras el foco ilumina a Víctor, la sombra de Yago se vuelve más densa, portador de una rabia incontenible…

«La pedagoga del centro le explica el contenido de la charla que tuvo con la niña sumado al detonante que la hizo estallar en llanto: su madre, es decir, su ausencia. Víctor replica que Lisa era muy pequeña cuando perdió a su madre, que ya lo han trabajado en terapia. La mirada de la pedagoga mezcla la incredulidad con la compasión.

–La pérdida de una madre no se supera nunca, y menos a estas edades.

A Víctor le cuesta aceptar la evidencia de que hay que retinar la terapia, En esos tres días encerrado en casa, su cuerpo repite la tensión que tuvo mientras atendía la llamada. Traga horas y horas de pantalla concentrado en su trabajo y vuelve a sentirse irritable. Tiene que hacer verdaderos esfuerzos para no transmitirle a Lisa su estado de crispación. Apenas han salido para hacer algunas compras, no quiere quedarse sola en casa, y al tercer día van los dos juntos a los columpios del parque. Es por la tarde, y aunque las temperaturas todavía son cálidas se nota que mengua la luz.

–¡Gilipollas!

El exabrupto le llega desde atrás como un ladrido o la explosión del tubo de escape de una moto truncada. Gira el cuello y ahí está, con su zancada larga, su lata de cerveza en una mano y el cigarro en la otra.

–¿Que te pida disculpas? ¡Que te follen!

Lisa está distraída. Los pocos transeúntes tampoco reparan en Yago ebrio y rabioso escupiendo espuma por la boca…»

«El protocolo ante un encuentro exige modular el lenguaje corporal propio para no parecer ni agresor ni víctima. Recomienda no buscar el contacto visual, sino mirar al oso de reojo, y no correr jamás, pero eso es un estímulo que en el etograma del animal llama a la persecución».

 

Óscar Sotillos (Barcelona, 1973) es escritor. Como narrador ha publicado varios libros de relatos (María Triste y el cuentacuentos, 1999 y La fruta del tiempo, 2008), así como novelas (La orilla de las palabras) o novela juvenil (Medianoche en el campanario) y también libros de viajes (Esquina de mundo, 2018). Como poeta ha publicado El púgil sin sombra (2014), Quiromancias (2016) o Efímero fósil (2018).