Soledad Falero.
Cuando uno escribe una reseña literaria, suelen marcarle el libro a reseñar. De lo contrario, el primer problema al que se enfrenta es elegir el texto. En este caso, yo lo tenía claro. El libro me gustó al leerlo y, al releerlo y me ha gustado todavía más. Por si esto no bastara, el autor tiene una trayectoria impecable, es extremeño y, aunque él no lo recordará, fuimos compañeros de facultad en el pasado, y ahora compartimos profesión.

Wendy, de Eugenio Fuentes, es publicada en octubre de 2025 por su editorial de cabecera, la editorial Tusquets y, desde ese instante, no ha hecho otra cosa que seducir a sus lectores y cosechar premios como el Ciudad de Santa Cruz de Novela Negra Criminal, El Abasolo de la Feria del Libro de Bilbao o el prestigioso Dashiel Hammett de la Semana Negra de Gijón.
El autor no es, ni mucho menos, un novato en esto del género negro. Ya con su primera novela de suspense, Tantas mentiras, ganó el Premio de Novela a la Creación de Extremadura.
Pero su gran acierto llegará de la mano del detective Ricardo Cupido. Con El nacimiento de Cupido obtiene el Premio Internacional de Novela Ciudad de San Fernando Luis Berenguer, en 1993 y el segundo texto de la serie, El interior del bosque se lleva el IX Premo Alba de la Prensa Canaria en 2001.
No quiero acabar este breve repaso por su trayectoria literaria sin citar su importante labor como articulista en periódicos como el Diario Hoy, El País o Clarín, ni sus maravillosos ensayos. Valgan como buenos ejemplos “La hoguera de los inocentes, donde analiza la resistencia de la literatura frente a las numerosas barbaridades históricas o Los bajos fondos del corazón, donde se acerca a los secretos del género negro.
El libro que hoy nos ocupa, Wendy, es el décimo en la serie protagonizada por el detective Cupido, un antihéroe perspicaz, honesto, enamorado de las cosas sencillas, que lo mismo practica ciclismo por la reserva del Paternóster que resuelve casos de manera brillante, sin buscar jamás el reconocimiento.
Ricardo Cupido, nacido en 1994, aparece aquí asentado, como un cuarentón enamorado que estrena paternidad y se muestra más humano y frágil que nunca.
He de confesar que sigo a Eugenio desde sus inicios y que, con cierta frecuencia, he utilizado sus lecturas en mis clases de bachillerato. Tras leer y releer este último texto, corroboro lo acertado de sus premios.
Porque Wendy es una novela negra en cuanto a su concepción. En efecto, presenta un misterio y un daño, los pilares esenciales en toda ficción policíaca, pero la novela no es solo eso. Es cierto que en ella toca resolver un misterio, que aparecen pistas, crítica social, intriga…
Pero el texto va más lejos y trasciende de lo social a lo personal. Indaga en el daño íntimo y, sin olvidarse de mostrar la violencia de las calles y de señalar como nos erosionan las nuevas tecnologías, se acerca también a la violencia más íntima, a esa que nace en el corazón de sus gentes.
El maestro, con el certero bisturí de su estilo, desmonta los tópicos del noir y se aproxima a los miedos, la psicología y las zonas veladas de esos personajes que deambulan por el universo ficticio de Breda.
Como en el resto de sus creaciones, Fuentes desarrolla la trama con un control espléndido de los ritmos narrativos y dosifica la intriga con tanta maestría, que nos resulta difícil abandonar el texto y nos mantiene atados a él, capítulo tras capítulo.
Entre sus protagonistas, junto la inexistente Wendy que, pese al título, solo pervive a través de las referencias del resto, aparecen secundarios de gran hondura como los abuelos de Paula, Trino y Berta; el oportunista Brais o la pareja de sicarios mejicanos, depredadores sin alma de lacerante realismo.
Destaca aquí, sin duda, como uno de sus grandes aciertos la presencia del Alkalino, un personaje honesto, cordial y profundamente humano que aquí pagará un caro tributo por sus virtudes, nueva prueba de que, en el mundo, como nos recuerda el personaje quijotesco, no abunda la justicia.
Con todos ellos, el autor entreteje una tela de araña compleja en la que se entremezclan, con tino, un buen número de personajes en diferentes espacios y tiempos. Por el camino, con su habitual savoir faire, Fuentes nos deja hilos sueltos de intriga que, en el final, retoma para atar todos los cabos de manera brillante.
Sin lugar a dudas, esta es, hasta ahora, la mejor novela de la serie. Y no solo por su virtuosismo a la hora de dosificar las pistas, los tempos y los giros de la trama. Hay otros elementos diferenciadores de su novela. Destacaré, en primer lugar, el uso impoluto de los diálogos. Sea cual sea la condición, el origen o la cultura del personaje, resultan acertados y creíbles. En esta novela, además, se acerca al español de Méjico más turbio y sale airoso de la prueba.
Pero no es solo su conocimiento semántico lo que hace sobresalir las novelas de Eugenio. Como buen filólogo y conocedor de la literatura, no se conforma con los clichés de la novela negra. No concibe un texto literario, sea del género que sea, sin calidad y por ello, busca la corrección, la delicadeza, la belleza en sus textos y su mayor triunfo es conseguirlo sin sacrificar el ritmo ni la trama.
Si en sus ensayos ensalza la búsqueda de una novela negra literaria, sus novelas son, sin duda, el mejor ejemplo de ello.
¡Larga vida a Cupido!

