Horacio Otheguy Riveira.

La leyenda artúrica recibe una nueva mirada, desde la literatura española. una voz muy atractiva que brota de su propia investigación histórica para enlazar fantasías y realismo mágico en torno a personajes de gran calado. Una edición espléndida desde el diseño de la portada que invita a recorrer páginas de afinado estilo. Si mucho se ha escrito de la leyenda del rey Arturo, esta novela se presta a profundizar en un personaje que nunca ha tenido la dimensión que se merece. Una belleza carismática la de Morgana Le Fay, tan adorada como temida: Hada, Sanadora, Astrónoma, Hechicera, Reina de Ávalon. Y bruja.

En el castillo encantado de Tintagel nació una niña marcada por el mar y por la magia antigua. Hija del duque de Cornualles y de la enigmática lady Igraine, Morgana crece entre murallas que desaparecen, susurros de hadas y sueños inquietos. Cuando el ambicioso rey Úter Pendragón y el misterioso mago Merlín trazan un plan que termina en traición y muerte, la vida de Morgana queda quebrada para siempre… y la leyenda artúrica, condenada a nacer de una mentira.

Desterrada a un convento para silenciar su poder, Morgana descubre la magia de la curación y del conocimiento, se convierte en una sanadora temida y respetada, y, tras ser acusada de brujería, es arrancada de ese mundo para ser conducida a Ávalon, un lugar mágico, donde su destino queda ligado al del joven Arturo, el rey nacido de la usurpación que mató a su padre.

Entre juramentos de fidelidad, amores prohibidos y traiciones de sangre, Morgana deberá decidir quién es en realidad: la bruja resentida que los bardos contarán o la mujer que intenta salvar a los suyos, aunque el precio sea la caída del reino más hermoso jamás soñado. Su historia siempre la pintó como villana pero, al final, la que vela el sueño del rey en Ávalon no es una bruja malvada, sino la única que conoce toda la verdad.

NOTA DE LA AUTORA: Morgana le Fay es un personaje esencial de la leyenda artúrica. Su nombre aparece por primera vez en un texto del siglo xii. Su autor la presenta como un hada bella, poderosa, benefactora, con conocimientos en astronomía y medicina. Es a partir de los escritos del siglo xiii cuando su figura se deforma hasta convertirse en una horrible bruja, la ancestral antagonista de su hermano Arturo. Sigo la pista de las apariciones de Morgana en los textos clásicos. Sirviéndome de la imaginación, relleno los huecos que los escritores dejaron vacíos, destacando aspectos de su vida que pasaron por alto, los que nos permitirían comprender la complejidad de un personaje fascinante.

1.- NACIDA DEL MAR

Llegué al mundo uno de esos días en los que el castillo de mi padre se torna invisible. Habréis escuchado hablar de ello en los versos y canciones que los bardos lanzan al viento, pero, aunque no podáis creerlo, quienes habitaban dentro de los límites de la fortificación desconocían aquella singularidad. Todos, incluidos los animales, desaparecían junto a la fortaleza, sin que sus cuerpos o sus mentes sufrieran daño alguno. Podían verse y tocarse entre ellos, de manera que seguían con sus vidas como si tal cosa, ajenos a la magia que los envolvía y de la que formaban parte. Y se hubieran mantenido ignorantes de no ser por el mensajero que Aurelio Ambrosio y Úter, los hijos del antiguo rey Constantino, enviaron para solicitar la ayuda de mi padre. Los jóvenes caballeros desembarcaron en la isla unas semanas antes para enfrentarse al usurpador Vortigern, dispuestos a recuperar el reino que por derecho les pertenecía. Para una empresa de semejante magnitud necesitaban todos los brazos armados que pudieran movilizar.

Al mensajero le indicaron que encontraría el castillo del duque Gorlois de Cornualles caminando hacia poniente, dejando el mar a su izquierda. Pero al aproximarse al lugar en el que la fortaleza debía surgir majestuosa sobre la roca, el hombre, asomado al acantilado, tan solo intuyó su perfil difuso; sinuoso, titilante, similar a como se ve el mundo cuando estás al borde del llanto. Según iba acercándose, el castillo perdía presencia. Se diluía acuoso, dejando traslucir lo que quedaba tras él, hasta que terminó por desaparecer en su totalidad. Ni la for­tificación de piedra y madera, ni las cabañas de los campesinos y los artesanos, ni las huertas, ni los establos, ni los jardines… nada. No quedó nada. Ni siquiera el poderoso muro que en el pasado levantaron los gigantes para defender el puerto. La fortaleza al completo había desaparecido.

El mensajero, contrariado, observó el fenómeno y chascó la lengua. Antes de partir le advirtieron que Tintagel rozaba el fin del mundo, que se trataba de un lugar prodigioso en el que cualquier extravagancia era posible. La eventualidad de su desa­parición resultaba de lo más inconveniente (habéis de saber que el mensajero era un hombre meticuloso al que sacaba de quicio el disloque de sus planes), más aún cuando estaba en juego el futuro de Britania.

La aldea estaba compuesta de un grupo de casitas iguales las unas a las otras, hechas con madera de roble y techo de paja, junto a lo que parecían graneros o establos. Rodeaban una pequeña iglesia de piedra que, con el tiempo, había acabado forrada de musgo. Al sur se intuía un sendero ascendente. Sobre la leve loma, una construcción más grande de lo habitual, con un cobertizo adosado, despedía el olor áspero de la fermentación de levadura de cebada. Allí sin duda elaboraban cerveza, lo que parecía indicar que se trataba de una taberna. Con suerte tendrían espacio para acoger a un viajero y su montura.

Desde fuera, el mensajero escuchó un clamor de voces y risas, pero al atravesar la puerta se hizo el silencio. El interior estaba oscuro y el ambiente era denso. De las vigas pendían cuatro faroles con los cristales velados por el humo. Había mesas, sillas, banquetas y arcones situados en torno a un cuadrado de piedras que acogía el fuego. Sobre él, un armazón de hierro de forma piramidal sujetaba un puchero en el que borboteaba un estofado de cerdo, cebolla y zanahorias. Desprendía un delicioso aroma. Las tripas del mensajero rugieron, haciéndole consciente en ese mismo momento del hambre que tenía…

Morgana. Booktrailer.

Nerea Riesco. Doctora en Comunicación. Licenciada en Periodismo. En 2002 publicó el libro de relatos Ladrona de almas. Ganó el IX Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla con El país de las mariposas en 2004. Ars Magica (2007) resultó finalista del Premio Espartaco. En 2010 salió al mercado su novela El elefante de marfil y el poemario Desnuda y en lo oscuro. Continuó su carrera con las novelas: Tempus (2014), Las puertas del paraíso (2015) y Los lunes en el Ritz (2018). En el año 2022, su novela La ciudad bajo la luna resultó galardonada con el I Premio Fernando Marías. Ese mismo año publicó el ensayo Mitología de Harry Potter. Las obras de Nerea Riesco están traducidas a 12 idiomas. Para más información: www.nereariesco.com